En gran parte del mundo la clase política se está posicionando respecto de la explotación de hidrocarburos no convencionales, presionada por los cuestionamientos de organismos medioambientales. Argentina, apremiada por la necesidad de reducir las importaciones de combustibles, decidió imitar el modelo norteamericano. Tal es así que ya lleva perforados aproximadamente 300 pozos, en su gran mayoría realizados por la estatal YPF.

A modo de balance, Fernando Halperín, relaciones institucionales y coordinador del Grupo de Comunicación sobre Hidrocarburos No Convencionales del Instituto Argentino del Petróleo y del Gas (IAPG) destacó en diálogo para Energía Estratégica: “no tenemos información de ninguna clase respecto de incidentes contra el medio ambiente producto del fracking”.

La técnica de fractura fue desarrollada para mejorar la permeabilidad de los reservorios convencionales, hace más de 70 años. No obstante, en las últimas décadas fue adaptada para poder extraer los hidrocarburos a gran escala de las formaciones shale. Por eso se aplica en Vaca Muerta, sobre la cuenca neuquina, el reservorio que promete recuperar el autoabastecimiento.

Ahora bien ¿Por qué entonces concentra tantas críticas? Halperín analiza que “hay una sociedad que se ha vuelto más celosa con las cuestiones ambientales y hay mucha desinformación sobre el tema; es cierto que hay gente preocupada por la protección de los recursos naturales, pero también observamos actores que utilizan esta idea sólo para cuestionar el sistema”.

Por otra parte, Halperín reconoce que “el petróleo tiene una historia no muy santa”, por accidentes ocurridos durante el siglo XX, cuando las normas de seguridad no alcanzaban o eran limitadas para garantizar la prevención.

Frente a estos antecedentes compara que en la actualidad “la normativa es mucho más exigente y las empresas realizan grandes inversiones para cuidar el medio ambiente”. A modo de ejemplo, grafica que “en las locaciones ya no se ven fluidos en los yacimientos”.

Para entender las acusaciones contra la actividad el ejecutivo se enfocó en los intereses económicos que hay en juego. Hace referencia a las disputas entre actores del sector energético que pujan por ganar peso en la matriz a nivel global, tanto entre países productores y exportadores de crudo y gas, como entre las distintas fuentes de energía.