La docente e investigadora del CONICET, Vanina Cravero, se encuentra trabajando junto a la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario en la obtención tanto de bioetanol como de biodiesel a partir de Cardo Silvestre.

En lo que respecta puramente a la producción de biocombustibles, se trata de la obtención de bioetanol a partir del material endocelulósico (hojas de la planta) y, a través de sus semillas, las cuales poseen un alto contenido de aceite, la generación de biodiesel.

Los estudios cuentan con más de 3 años en el país, pero no se trata de una novedad ya que en Europa hace más de 15 años que se aprovecha esta maleza para lograr biocombustibles.

Cravero, en diálogo con energiaestrategica.com, explica que aún se encuentran en instancias preliminares pero que por las diferencias climáticas y de suelo se presume que el Cardo Silvestre arrojará mejores rendimientos en nuestro país que los presentados en Europa, sin embargo aún esperan por las evaluaciones de las pruebas. “Los primeros resultados los vamos a obtener para mitad de este año”, sentencia la investigadora.

Fallo europeo

Durante el mes pasado el Parlamento Europeo definió limitar para 2017 el consumo de biocombustibles que provengan de productos alimenticios a un 7 por ciento, el consumo viene siendo de un 8,6 por ciento.

La intención de Europa es que para el 2020 un 10 por ciento del combustible usado para el transporte proceda de fuentes renovables. En un principio, la propuesta era reducir a un 5 por ciento el uso de biocombustibles de primera generación y complementarlos por otro 5 por ciento con aquellos de segunda y tercera generación, o sea, aquellos que provengan de residuos vegetales y cultivos no comestibles, como es el caso del Cardo Silvestre. Finalmente la sentencia quedó fijada en un 7 por ciento.

Consultada Cravero sobre la decisión del fallo, opina que “es bueno buscar alternativas”, al tiempo que aclara: “No estoy totalmente en contra – de los biocombustibles de primera generación-, pero complementarlos – con biocombustibles de segunda y tercera generación- puede resultar sumamente interesante”.

La miembro del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas se muestra de acuerdo con los pretextos europeos para la determinación, como los que alegan el desmonte de terrenos para el uso de siembra en el afán de ampliar los cultivos para luego destinarlos a otros fines que no tienen que ver con la alimentación, como es el caso de la producción de combustibles, entre otras cuestiones.

Cuenta que las ventajas de aprovechar el Cardo Silvestre para la producción de biocombustibles, a diferencia de los cultivos, son múltiples. Al tratarse de una maleza, no necesita prácticamente de agroquímicos, lo que permite su aprovechamiento en zonas periurbanas, es perenne, lo que posibilita una única siembra que puede ser mantenida por entre 10 y 15 años, consume menos agua que cultivos tradicionales y presenta más resistencia a climas. Según la especialista, se puede cultivar en zonas que van “desde el norte de Santa fe hasta más de la mitad de la Patagonia”.

Para finalizar, detalla que luego de los resultados de la prueba piloto, emprenderán evaluaciones a escalas mayores para ver cómo se desarrollan los cultivos en diferentes zonas. “Veremos qué calidad podemos obtener del producto: una cosa es ver cómo el cultivo se desarrolla y otra es ver cómo se comporta, es decir, si realmente tiene las mismas características en todas las áreas”, explica.

En comparación con el cultivo clásico de Argentina: la soja, y anticipando resultados, la investigadora compara: “posiblemente la soja tenga mayor rendimiento que el Cardo Silvestre, pero ese es un cultivo en donde tenés que invertir todos los años; podrá tener menor rendimiento, algo que aún nos falta comprobar, pero lo ciento es que los costos de plantación y mantenimiento serán mucho menores