Durante el martes de la semana pasada, el Parlamento Europeo definió que para 2017 se reducirá de 8,6 por ciento a un 7 por ciento los volúmenes de mezcla tanto para naftas como gasoil por biocombustibles de 1ra generación, es decir, aquellos derivados de cultivos que compitan con los alimentos, reemplazando el porcentaje restante (1,6 por ciento) por biocombustibles provenientes de vegetales como algas, residuos o paja.

La idea que proponen es llegar para 2020 a un corte del 10 por ciento, dentro del cual el 3 por ciento provenga de estos biocombustibles de ‘segunda generación’, es decir, materia orgánica no comestible.

Vale destacar que en un principio se propuso una mezcla de solo el 5 por ciento de biocombustibles derivados de productos comestibles, argumentando que los países exportadores están tomando medidas irresponsables dedicadas al monocultivo, multiplicado la deforestación y degradación de los suelos y, al menos parcialmente, de la subida del precio del alimento mundial, pero finalmente el organismo de Europa resolvió que fuera de un 7 por ciento el corte.

Este escenario pareciera empeorar la realidad de la producción de biodiesel local a base de soja para la exportación de cara a futuro. A saber, actualmente Argentina está acusada arbitrariamente de haber tomado medidas de dumping y tiene cerrado el mercado europeo. Mediante litigio internacional, para fines del 2016, se pronostica que la justicia fallará a favor de Argentina y se reabrirán las negociaciones, meses antes que se determine la reducción de corte para biocombustibles de primera generación.

No obstante, Gustavo Idigoras, especialista en Relaciones Internacionales y asesor de la Cámara Argentina de Biocombustibles (CARBIO), le cuenta a energiaestrategica.com que al ser Europa el mercado más importante a nivel mundial en el consumo de biodiesel, importando cerca de 12 millones de toneladas anuales, el pequeño porcentaje de reducción no significa un problema sino más bien “termina siendo una consolidación del mercado” fijando pautas concretas.

Argentina, como uno de los máximos productores de biodiesel a nivel mundial, tiene la capacidad de producir aproximadamente 4 millones de toneladas al año. El año pasado, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), se elaboraron 2.548.290 toneladas y se exportaron 1.597.624 toneladas, volumen que fácilmente podrá ser absorbido por el mercado europeo.

Por otra parte, Idigoras observa que según el Protocolo de Kyoto, después del año 2020, el Parlamento Europeo tendrá que decidir si aumentará los cortes, pronosticados entre un 15 o 20 por ciento en la mezcla de combustibles, lo que favorecerá al sector tanto de biocombustibles de primera como de segunda generación.

Lo que también prevemos es que si la ‘segunda generación’ tiene inconvenientes, lo que hará la Unión Europea será trasladar el corte creciente para la ‘primera generación’, por lo que es probable que se tenga que arribar al ‘20-20’ –nomenclatura definida en el Protocolo de Kyoto que determina: a partir del 2020: 20 por ciento de reducción de las emisiones de CO2 respecto a 1.990, 20 por ciento de incremento de energías renovables y 20 por ciento de reducción del consumo de energía primaria- utilizando proporciones mayores” del biocombustible convencional, resume el especialista sobre lo que se vendrá.