Los bancos centrales del mundo saben que las finanzas sustentables ganarán cada vez más lugar en el mercado. Por tal motivo, en 2017 se lanzó la red de bancos centrales y reguladores para hacer más ecológico el sistema financiero (NGFS, por su nombre en inglés).

Los 8 miembros fundadores de dicha alianza fueron los reguladores de México, Inglaterra, Francia, Países Bajos, Alemania, Suecia, Singapur y China pero desde entonces la red sumó integrantes.

En la actualidad, tiene 24 miembros y 5 observadores, aunque el único banco central latinoamericano continúa siendo el de México. El objetivo de la NGFS es mejorar el rol del sistema financiero para gestionar los riesgos y movilizar capital para inversiones verdes y bajas en carbono en el contexto más amplio del desarrollo ambientalmente sostenible. Sus miembros participan trabajan en las áreas de supervisión, macrofinanciación e integración de las finanzas verdes.

En su primer documento de trabajo, publicado en octubre pasado, la NGFS advirtió que los riesgos climáticos se traducen en riesgos financieros. Asimismo, dijo que los reguladores deben desarrollar nuevas herramientas y enfoques analíticos para asegurar que el sistema financiero sea resiliente a estos factores, así como incentivar las inversiones verdes.

Pablo Cortínez, coordinador de negocios y ambiente de Fundación Vida Silvestre Argentina, se refirió a la creación de la NGFS.

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«El común denominador en varios de los países donde el tema ha sido tratado por los bancos, es que éstos desarrollan en primera instancia iniciativas voluntarias, a través de las cuales analizan y se capacitan en la incorporación de criterios ambientales, sociales y de gobernanza, pero han sido pocos los casos (Brasil y Perú en nuestra región) en los cuales los supervisores bancarios han establecido normativa al respecto.

La formación de la NGFS confirma la importancia de la temática al darle una mirada sistémica a la transición hacia una economía baja en carbono alineada con el Acuerdo de París (sobre cambio climático, firmado en 2015)», analizó.

Según Cortínez, una de las cuestiones básicas que se discuten en los encuentros sobre finanzas sustentables tiene que ver con la taxonomía respecto de qué es un bono verde y qué no. A grandes rasgos, un título de estas características es un instrumento que sirve para financiar alguna inversión ecológica. Para comprobar que un bono es efectivamente verde, en muchos casos es necesaria una instancia de auditoría.

Primeros pasos en el país

Si bien el Banco Central argentino no integra la NGFS, sí hay en marcha algunas iniciativas locales en materia de finanzas sustentables. Una de ellas corresponde a la Comisión Nacional de Valores (CNV) que puso a consulta pública y lanzará un marco conceptual para instrumentos financieros como obligaciones negociables, fideicomisos y fondos comunes de inversión que apunten a mitigar el cambio climático o generen impacto social o ambiental.

También desde el mercado de capitales, Bolsas y Mercados Argentinos (BYMA) lanzó recientemente un índice de sustentabilidad, que evalúa la información presentada por las compañías bajo 4 ejes: ambiental, social, gobierno corporativo y desarrollo sostenible.

Pese a la falta de un marco regulatorio específico, ya hubo en Argentina algunas emisiones de bonos verdes. En febrero de 2017, La Rioja colocó u$s 200 millones para la construcción de un parque eólico.

En abril de 2018, se sumó Banco Galicia con un título por u$s 100 millones que fue suscripto en su totalidad por la Corporación Financiera Internacional, dependiente del Banco Mundial. La próxima emisión será la del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), que en 2018 emitió en forma privada un bono «sostenible» -que combina impacto social y ambiental-, y este año planea salir al mercado con un instrumento similar.

Fuente: Cronista.