En la Argentina, el consumo per cápita se duplicó en los últimos 25 años, mientras que la demanda residencial incrementó aún más: 5 por ciento anual. Afinando números, de acuerdo a datos oficiales del ex Ministerio de Planificación Federal, de 2003 al 2014 el segmento de generación aumentó de 14.000 MW a 24.000 MW de potencia instalada, producto del crecimiento desmedido en el consumo eléctrico.

Si bien durante la administración kirchnerista los clásicos cortes de luz se daban por la precariedad en las redes de distribución, la falta de oferta en la generación empezaba a ser un problema y es por eso que, poco antes del traspaso de gobierno, directivos de la estatal ENARSA tenían prácticamente lista la redacción del pliego licitatorio de la etapa número VIII de Generación de Energía Eléctrica Distribuida (GEED).

La propuesta apunta a 1.000 MW de generadores móviles diésel, capaces de suplir la demanda eléctrica en determinados nodos del país durante horas pico. Sin embargo, los costos de esta tecnología son altísimos: entre 600 y 620 dólares el MWh, 3 veces más cara que la generada en centrales térmicas.

Es por ello que la actual gestión de Gobierno decidió dar freno a esta nueva licitación apenas asumió, pero ante la falta de oferta y la necesidad de estabilizar las redes, reflota la idea de su lanzamiento. Se estima que de salir prontamente los pliegos licitatorios, para el mes de julio los generadores podrían estar en marcha.

En diálogo con energiaestrategica.com, Gustavo Gil, coordinador del Área de Energías Renovables del INTI y experto en la materia, teniendo en cuenta la situación expresa: “Cuando existen serios tipos de demanda y problemas de distribución, lo más sencillo que existe son estos equipos móviles diésel, eso es inevitable”.

No obstante, señala que será necesario en adelante “ser inteligente a la hora de planificar y tomar decisiones en materia energética”. Una de las propuestas que Gil considera como la que más rápidamente podría tomarse es la de instalar en las zonas críticas equipos gasificadores a partir de biomasa.

Éstos, explica el miembro del INTI, “operan de la misma forma que los generadores diésel”. Es decir, los equipos de biomasa distribuida se pueden poner en marcha sólo cuando los picos de demanda lo requieran y trasladarse a zonas críticas.

Según Gil, los costos de esta tecnología están por debajo inclusive que el de las centrales térmicas, rondando los 150 dólares el MWh. A saber, la biomasa distribuida logra, como combustible, un costo por MMBtu muy competitivo frente al Gasoil: mientras que el costo de la biomasa es del orden de los 4 USD/MMBtu, el Gasoil es de 26 USD/MMBtu sin impuestos (723 USD/m3). Aproximadamente, de estos 4 USD/MMBtu, 1,5 USD/MMBtu representa el costo de la biomasa; 1,5 USD/MMBtu, la mano de obra para convertirla en un combustible disponible y 1 USD/MMBtu, el transporte.

El especialista resalta que los motores diésel también podrían ser reemplazados por fuentes eólicas o solares, siempre y cuando éstas cuenten con un banco de baterías que permita entregar cuando la demanda lo requiera.

En otras partes del mundo se está pensando en la acumulación (baterías) de la energía eléctrica a partir de vehículos eléctricos. Es decir, cargo mi vehículo en las horas valle y en las horas pico de consumo despacho la energía que le sobra a mi vehículo”, destaca Gil.

Actualmente hay alrededor de 1400 MW de motores eléctricos diésel en diferentes puntos del país. Durante 2014 el gasoil importado para estos equipos demandó 1.240 millones de dólares.