Salvador Gil, analista del sector energético y director de la Carrera de Ingeniería en energía de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), experto que cursó estudios en destacadas casas académicas del exterior; evaluó el futuro de la energía en nuestro país, haciendo foco en el gas natural, una de sus tantas especialidades, en una entrevista exclusiva con Energía Estratégica.

¿Cómo evalúa las perspectivas del Gas Natural en Argentina?

En general los cambios en la matriz  energética de cualquier país, son muy lentos, aquí las escalas de tiempos son las décadas. Una vez que tenemos una determinada infraestructura, es muy  difícil y costoso modificarla. Por lo tanto en Argentina, al menos para las próximas décadas, el gas seguirá teniendo un rol protagónico en el país.

Por otro lado, con el desarrollo de las potencialidades de shale gas en Argentina, es previsible que su participación en la matriz energética se acentúe aún más.  De este modo, me parece que la participación del gas en la matriz energética nacional,  se mantendrá en su estado actual, que ya es muy importante,  o crecerá. Esto es visto desde una perspectiva puramente tendencial. 

Personalmente creo que sería deseable diversificar la matriz energética nacional, incorporando una fracción mayor de fuentes renovables y sobre todo haciendo un uso más racional y eficiente de la energía en general. En ese sentido, creo que la eficiencia energética, es quizás la fuente más barata y que menos impacto medio ambiental tiene, y en Argentina sus posibilidades son enormes. 

¿Qué medidas propone para reducir el consumo de gas natural?

Hay muchos modos de eficientizar el consumo de energía y gas en particular.  En el sector residencial y comercial, un recambio de equipos de calentamiento de agua, por los más eficientes, es decir los categoría A en etiquetado energético,  combinado con sistemas economizadores de agua, aireadores y limitadores de flujo, que son de muy bajo costo (entre 10 a 20 U$S por vivienda), podrían generar ahorros de consumo entre 7 y 10 millones de  m3/día, equivalente a una fracción importante de las importaciones de gas actual. Si a este menú agregamos un 30% de colectores  solares planos para el calentamiento de agua, los ahorros podrían ser aun superiores. 

Por otra parte, en calefacción, regulando las temperaturas de calefacción con termostatos, a no más de 200C, se reduciría el consumo de gas de calefacción en un 10 a 15%.  Si a esto agregamos mejoras en las evolventes térmicas  de las viviendas y edificios, los consumos  de calefacción y refrigeración podrían disminuirse a la mitad, con las tecnologías actuales en el mercado local. 

A este respecto, surge la necesidad de reglamentar y hacer mandatorio el etiquetado en eficiencia energética de viviendas, tal como ocurre en la Unión Europea. Esto posibilita que los usuarios a la hora de comprar o alquilar una vivienda sepan cuál será su costo de calefacción y refrigeración.  Por otra parte, estimula a los constructores y desarrolladores a construir viviendas más eficientes energéticamente.  En Argentina, el consumo por calefacción genera picos de consumo de unos 70 a 80 millones de m3/día. Una reducción de 10% ya es muy significativa, imaginemos una reducción del 50%.

De manera análoga, haciendo uso de la cogeneración,  la eficiencia de generación eléctrica en centrales a gas, se podría  incrementar considerablemente. Igualmente, las posibilidades de mejorar la eficiencia en la industria son muy importantes.  La implementación de la norma ISO 50001 contribuiría a mejorar la eficiencia de las industrias y mejorar su competitividad.

Por otra parte, en el transporte, que consume casi un tercio de la energía total del país, las posibilidades de mejorar las eficiencias y disminuir las emisiones de gases de efecto de invernadero (GEI) son muy importantes. Pasando la flota de vehículos convencionales a GNC implica un aumento de la eficiencia global en un 25% al 30% y una disminución de un factor 2 en las emisiones de GEI. Esta mejora en eficiencia proviene del hecho que 1 m3 de gas tiene un 13% más energía que 1 litro de nafta. Además, el proceso de transporte,  refinación y distribución de combustibles líquidos hace uso de un 25% más de energía que para el caso del gas.

Por otra parte, si usásemos el gas para generar electricidad, y empleásemos vehículos eléctricos, alimentados con esta electricidad, el ahorro en energía primaria sería de por lo menos otro 50%. 

Como vemos, las posibilidades de la eficiencia  Argentina son enormes.

¿Cómo pueden colaborar las energías renovables en este objetivo? 

Personalmente creo que la eficiencia y las energías renovables son dos caras de una misma moneda. Si deseamos iluminar una vivienda con lámparas incandescentes,  necesitaríamos de una superficie de paneles fotovoltaicos y acumuladores que serían costosísimos. Si en cambio usásemos lámparas LED, las  superficies necesarias y los costos serían mucho más razonables. Lo mismo ocurre para acondicionamiento de ambientes y muchos otros usos. El primer paso es racionalizar,  qué requiere de mejoras en el uso (evitar derroches, usar modernamente la energía),  luego eficientizar, introduciendo tecnologías (por ejemplo lámparas led, calefones sin pilotos, etc.)  y seguidamente  ir sustituyendo las fuentes de energías convencionales por las renovables.

¿Cómo se podría estimular en la matriz la incorporación de dispositivos economizadores de agua?

Los economizadores de agua, podrían ahorrar un 25% de agua que usamos en lavado.  Este 25% significa un ahorro aún mayor en energía, ya que no solo ahorramos un 25% de energía en calentar agua,  sino que además ahorramos la energía necesaria para purificar, transportar, distribuir y bombear esa agua.  Finalmente, liberamos en un 25% la red cloacal. Cuánto costaría aumentar la infraestructura de provisión, distribución  de agua y la red cloacal en un 25%?  Si pensamos que los dispositivos que pueden lograrlo, solo cuestan unos 10 a 20U$S, invertir esta suma en unas 15 millones de viviendas, solo significaría una inversión de unos 200 millones de U$S, solo el ahorro de gas en un año la pagaría con creces, y el ahorro perduraría muchos años. El aumento en la disponibilidad de la infraestructura sería un bonus extra de esta medida.

A futuro se hace imprescindible generar una normativa mandataria sobre grifería  eficiente que  debería incorporar estos dispositivos de ahorro de agua en todos los equipos que se vendan en el país junto a un sistema de etiquetado de eficiencia.

¿Cuáles son las tecnologías que deberían fomentarse por el lado de la demanda para reducir el consumo de gas?

Lo primero sería completar el sistema de etiquetado en eficiencia de todos los artefactos a gas. Actualmente están vigentes para cocinas, hornos y calefones. Luego, promover un plan de recambio de sistemas de calentamiento de agua caliente, por los más eficientes del mercado, junto a sistemas economizadores de agua (aireadores). Promover mejoras en la aislación térmica de edificios y viviendas e incorporar termostatos inteligentes, que mantengan la calefacción a no más de 200C  y la refrigeración a no menos de 250C, en particular en edificios públicos. Para las industrias, promover la incorporación de la norma ISO 50001.

¿Son para los usuarios residenciales las tecnologías de calentamiento de agua a partir de energía solar convenientes desde el punto de vista económico? 

Actualmente, al precio que  pagan los usuarios por el gas natural, los equipos solares de calentamiento de agua no llegan a amortizarse ni en 20 años. O sea,  no hay un incentivo económico para estos usuarios. Sin embargo, si tomamos como referencia el precio de gas importado por barco, la situación es diferente, y un equipo de calentamiento de agua se amortiza en unos 8 a 10 años.  Para el caso de usuarios de GLP (gas licuado), los equipos se amortizan en unos 5 a 10 años