Desde hace más de una década se habla de necesidad de una segunda transición energética. La actual civilización es ávida de consumos energéticos, los cuales hasta el momento se han basado en la utilización de combustibles fósiles.

Esta modalidad de consumo ha demostrado ser insostenible, no sólo porque los recursos son finitos, sino que además existe evidencia científica que indica que no debemos seguir emitiendo Anhídrido Carbónico (CO2) a la atmósfera, ya que es el principal gas de efecto invernadero.

En este marco la única solución es ir hacia una transición energética que se basa en las energías renovables no convencionales y la eficiencia energética, considerando a esta última como una fuente de energía virtual.

Por otra parte, los actuales acontecimientos geopolíticos ponen de manifiesto el riesgo de que las naciones basen su consumo energético sin considerar sus energías autóctonas. Las energías renovables no convencionales, si bien no se encuentran concentradas y tienen una naturaleza difusa, tienen un enorme potencial y están distribuidas sobre toda la faz de la tierra.

Por lo tanto, podemos afirmar que, con la utilización de las energías renovables, que se encuentran en cada uno de los países, cada nación puede encaminarse a su propia independencia energética.

En algunos casos podrá ser eólica, solar, biomasa o incluso geotérmica. El sur de Argentina y Chile, presentan un enorme potencial eólico. El norte de Argentina y Chile, junto al sur de Bolivia, presentan un gran potencial fotovoltaico.

El centro de Argentina y Uruguay presentan una buena complementación entre recursos solar y eólico. Las grandes extensiones subtropicales presentan una oportunidad para generar biomasa, que coincide con zonas ricas en energía solar. En Centroamérica o Islandia, se presenta un gran recurso geotérmico. Estos son algunos de los ejemplos más relevantes de grandes potenciales de independencia energética.

Se ha dicho muchas veces que para resolver los problemas energéticos es necesario “apostar” a las energías renovables no convencionales. Esto no parece la terminología correcta, ya que “apuesta” se trata de un escenario de “ganar/perder”. En cambio, el uso de energías renovables no convencionales es un escenario de “ganar/ganar”.

En las últimas décadas los mercados han “apostado” a la utilización de energías convencionales, sin darnos cuenta que estábamos apostando a la estabilidad de los mercados de los hidrocarburos y la estabilidad de los regímenes de lluvia. Y, en esta apuesta, muchas veces hemos perdido.

Los hechos que ocurren en estos días ponen de manifiesto que hemos perdido en el corto y en el largo plazo también, porque hemos apostado a una fuente de energía finita (combustibles fósiles) o a las grandes centrales hidroeléctricas que han demostrado ser muy sensibles a los fenómenos climáticos (El Niño o La Niña), lo cual ha quitado independencia energética a los mercados locales.