En las oficinas del Banco Mundial en Buenos Aires, casi puede intuirse como Alzbeta Klein, con la amabilidad de quien ya lo ha hecho muchas veces antes, se prepara para explicarlo todo desde los rudimentos. Un mapa ágil de conceptos básicos sobre esta área relativamente nueva y emocionante en la que la financiación de proyectos se cruza con la vocación de mitigar el impacto del cambio climático. Un espacio que promueve desde la adopción de energías limpias hasta las finanzas verdes y las ciudades inteligentes.

En la Argentina, aunque se trabaja desde hace tiempo con un foco prioritario en los agronegocios, está casi todo por hacerse. Esa es la impresión que transmite Klein, global head de Climate Business para la International Finance Corporation (IFC), el organismo del Banco Mundial que fondea al sector privado. Sin ir más lejos, IFC acaba de lanzar el fondo de bonos verdes más grande de los mercados emergentes con u$s 2.000 millones, que tracciona a inversores privados en una plaza en la que ya se mueven vecinos como los colombianos.

El propio IFC fue uno de los primeros emisores con un programa en el 2010 que contribuyó a cristalizar este mercado, en el que lleva emitidos unos u$s 5.000 millones en once monedas distintas. Sólo en 2016, fueron u$s 1600 millones. El mundo nos aventaja por mucho en un desafío en el que la estricta lógica económica se vuelve un argumento cada vez más convincente en la conversación urgente sobre el medio ambiente.

«Venimos invirtiendo en la Argentina hace muchos años y siempre tuvimos un gran portfolio. Es cierto que entre el 2012 y 2015 hicimos una pausa porque nuestros accionistas nos lo pidieron pero retomamos, de hecho, un poco antes de la elección», comenta Klein. Desde fines del 2015 IFC ya otorgó en Argentina unos u$s 3.000 millones, mientras que en el último año aproximadamente van unos u$s 300 millones en préstamos para proyectos vinculados con el área de Klein.

Cerraron un acuerdo con la ciudad de Buenos Aires. ¿Es habitual que trabajen en este nivel?

Es un préstamo por u$s 50 millones en el que estamos financiando bicisendas. En el mundo hay muy pocas ciudades en las que hacemos esto. De hecho, son sólo seis. En América latina, el único otro caso es Bogotá, así que es un grupo muy selecto. Nosotros trabajamos con el sector privado pero hacemos una sola excepción que es con los gobiernos municipales. Es posible ver cómo la ciudad se está transformando y cuando terminemos este proyecto, esperamos poder abordar otros.

Un área clave son las finanzas verdes. ¿Qué se está haciendo aquí con el sector financiero?

Estamos trabajando con el Banco Galicia en una línea de crédito verde y también colaboramos con el Patagonia. Ayudamos a las entidades a entender el negocio y a hacerlo crecer. Los financiamos y les decimos úsenlo para energías limpias, agricultura sustentable. Pero muchas veces no tienen la experiencia para hacerlo, así que ahí aportamos un equipo de consultoría. Lo que está pasando con la subasta RenovAr, por ejemplo, es que muchas entidades ven lo que está pasando y dicen, esto es emocionante, cómo podemos hacer negocios con este sector.

¿Estamos lejos todavía de poder incursionar en un mercado como el de los bonos verdes?

En Colombia, ya hay dos bancos que los emitieron. Y es común en Europa y Asia. Es muy interesante porque se trata de títulos en los que lo que recaudás, lo tenés que destinar necesariamente a proyectos de energías limpias. Y es un mercado que ya alcanza los u$s 93.000 millones, lo que puede parecer insignificante en relación al mercado global de bonos, pero estamos viendo tasas de crecimiento del 50% anual. Esto es algo que todavía no llegó acá. Pero es lógico. Los bancos primero tienen que hacer mucho trabajo para entender cómo volver «verdes» sus carteras, cómo financiar esta clase de proyectos y con ese conocimiento van a poder emitir. Por supuesto que es reputacionalmente bueno y además cada vez hay más inversores socialmente responsables. Este año creamos un fondo de u$s 2.000 millones de bonos verdes, el más grande en emergentes, que va a invertir en los títulos que emiten los bancos de la región. Hace poco lo hicimos con Polonia por caso. En Colombia, por ejemplo, fuimos el principal inversor y eso tracciona al resto del mercado.

Tradicionalmente, en la Argentina hubo un foco en potenciar lo que ustedes denominan «precise agriculture».

Hay un montón de compañías en la Argentina que ya están haciendo un trabajo impresionante en agricultura de alta tecnología. En muchos países emergentes no vemos estos estándares. El objetivo general es minimizar pérdidas y optimizar rendimiento. Venimos financiándolos hace mucho tiempo pero una novedad que incorporamos ahora es una metodología que permite evaluar qué tan precisos son en lo que hacen, qué tan «climate smart» sos. Pero hay mucho más que se puede hacer en esta área. Las nuevas tecnologías en las que nos estamos enfocando tienen que ver con la nutrición animal, cómo optimizar la alimentación del animal para disminuir la emisión de gases. En Brasil ya estamos trabajando en esto con vacunos y en China con porcinos.

¿Cómo se involucró IFC en el proceso que puso en marcha la nueva administración en cuanto a energías limpias?

Con el programa RenovAr se abre un espacio emocionante. Acá el trabajo fue combinado con el Banco Mundial. Nos unimos para ayudar al Gobierno a estructurar la subasta y crear un sistema en el que esté asegurada la transparencia y la competencia. Después, el Banco Mundial se encargó de elaborar garantías para cubrir algunos de los riesgos y ahora las empresas privadas están viniendo para construir esas plantas, así que en este momento nos encontramos en la etapa en la que estamos financiando a estas compañías. Argentina tiene un potencial enorme. Claramente este tema no era una prioridad para el gobierno anterior pero sí lo es para éste y es muy alentador verlo.

¿Hacia dónde va el mundo en lo que hace a energía renovable?
En muchos países estas cosas ya se han hecho. La próxima etapa es el almacenamiento de energía renovables. Muchas startups están trabajando en eso y estamos invirtiendo a nivel gobal. Veo un gran progreso en los próximos 5-10 años en esa área. Lo otro que está ocurriendo es el desafío de la distribución de lo que se genera. Y no hablamos de una gran utilily, sino poner a punto mecanismos financieros para ayudar a desarrolladores a crear pequeñas compañías. Esto aplica por ejemplo a las zonas rurales.

En la Argentina, también tuvieron participación en el proyecto Barrio 31….

En este caso en particular no estamos prestando dinero pero se adoptaron nuestros estándares para construcción verde. Tenemos un sistema in-house que se llama Edge pensado para desarrolladores que se puede utilizar en forma gratuita. Te permite diseñar tu edificio cuantificando cuál es el nivel de emisión e impacto ambiental. Todo esto antes de invertir.

¿Qué implicancias tiene el giro de Trump, con su retirada del Acuerdo de París?

Por supuesto que nos preocupa que nuestro principal accionista cambie de opinión así. Pero se volvió una cuestión económica. Creo que el avance tecnológico va a impulsar a las energías renovables a un primer plano porque es un buen negocio. Hay 30 mercados emergentes en los que el costo de la energía solar es más barato que el de los combustibles fósiles. Es mucho más rápido construir un parque solar y el precio de los paneles bajaron 10 veces. Si bien a nivel federal se retiraron, hay un gran movimiento a lo largo de todo el país donde hay intendentes que quieren tener ciudades sustentables y están comprometidos con lo que vienen haciendo.

Fuente: El Cronista.