Es un hecho. Más de 2.250 megavatios provenientes de fuentes de energías renovables no convencionales serán parte de la matriz energética de nuestro país. Pasaron 25 años, una primera subasta fallida que se convirtió en prueba y error, y una segunda subasta que sumo aprendizajes importantes que se convirtieron en oportunidad, para que lográramos es hito histórico no solo para el sector energético sino para el país entero.

El compromiso por supuesto es enorme. De la misma forma como conseguimos sacar adelante de forma exitosa este proceso, en el que además logramos una subasta con un potencial de generación mayor al esperado, en donde el cien por ciento de las empresas que desarrollaron los proyectos ganadores son asociados de SER Colombia, debemos ahora iniciar un camino acelerado que nos permita cumplir nuestros compromisos y poner en marcha el que sin duda alguna es uno de los más ambiciosos proyectos para el desarrollo social, económico y energético del país.

El gobierno ha cumplido un papel fundamental en todo este camino. Asumió de forma contundente el compromiso de permitirle al país contar con una generación energética cada vez más limpia, que le ayude a cumplir las metas de cubrir los territorios apartados, pero especialmente brindarle seguridad y confianza al país, gracias a un sistema que le permitirá actuar en periodos de escasez.

Varios mensajes quedaron plasmados en este hecho histórico. El primero de ellos, le permite a Colombia seguir mostrándose como un mercado atractivo para la inversión extranjera. Con la subasta llegarán más de dos mil millones de dólares al país. Esto sumado a la entrada de nuevos participantes en la prestación de los servicios, lo cual fortalece y enriquece el mercado y la libre competencia.

De otro lado, lograr un salto que una vez comiencen a operar los proyectos, será significativo en términos de la reducción de la huella de carbono. Si bien nuestra generación de energía proviene en casi el 70% de fuentes renovables, sumar a la matriz un 10 por ciento adicional, nos pondrá en el mapa de los países con una generación más limpia, comprometidos con la mitigación del cambio climático.

Pero también permitirá abrir la puerta para que cada vez más proyectos de Generación Distribuida entren con más fuerza en la vida cotidiana de los ciudadanos, de las industrias, universidades, que se irán sumando creando toda una ola de energías limpias al alcance de todos.

Antes de la subasta, nos atrevimos a preguntarle a los ciudadanos del común, las amas de casa en las cinco principales ciudades del país qué pensaban de las energías renovables no convencionales y sus respuestas nos sorprendieron. Más del 90% de los colombianos, de acuerdo con el estudio elaborado por Nielsen, señalaron su interés en que la generación de energía fuera más limpia, amigable con el medio ambiente y ojalá, más económica.

Esta última variable, la económica, será algo que impactará también a los hogares. Uno de los puntos más importantes sin duda alguna en este proceso, fue lograr unos precios realmente competitivos para el mercado, que según las proyecciones del gobierno se verán reflejados en la medida en que se empiecen a implementar las tecnologías.

La subasta adicionalmente, logró un mecanismo innovador, que muy seguramente será replicado por algunos países de la región que también están ad portas de iniciar el mismo proceso.

Si bien pasaron 25 años para lograr este propósito, el paso del tiempo también nos permite contar con unos precios mucho más competitivos en toda la cadena que hace parte de este mercado, lo cual es una ventaja muy importante para un país como Colombia.

Tenemos dos años para poner en marcha la generación de FNCER. Y esto implica retos enormes. Empezando por el trabajo que tendremos que hacer con las comunidades y las consultas previas para el desarrollo de los proyectos. Una tarea que no será fácil, especialmente por la importancia que tienen las comunidades indígenas en la región donde se ubican los proyectos eólicos. Tenemos algunas experiencias previas que serán claves para abordar esta tarea.

Muy seguramente este primer año, trabajaremos de la mano de las autoridades correspondientes para fortalecer el campo regulatorio, mejorar los tiempos de aprobación de las licencias ambientales, y revisar otros aspectos claves para la entrada en operación de los proyectos.

Tendremos que empezar a planear y revisar temas claves en materia de infraestructura vial y portuaria para lograr adecuar la logística necesaria que nos permita traer la maquinaria necesaria para instalar los equipos, y la interconexión para evacuar la energía de los proyectos.

Lo que viene es muy importante para todos, pues debemos apoyar y facilitar la implementación de los proyectos que quedaron adjudicados tras la subasta, para que esta puesta en operación también sea exitosa. La subasta apenas es el comienzo de un camino en el que tendremos que trabajar todos los actores de manera decidida para lograr concretar por fin la transformación energética que el país necesita.

Si todos los retos se superan y los proyectos tanto de generación como de interconexión entran a tiempo, pasaremos de menos del 1% de capacidad de generación con Fuentes Renovables no Convencionales en 2019 a casi un 11% en el año 2023.

El gobierno planea en algunos escenarios llegar en el 2030 a un 30% de capacidad con estas fuentes. Ello significa que las energías renovables tienen un espacio muy importante para seguir desarrollándose en el país no solo en proyectos de gran escala sino en proyectos de autogeneración y generación distribuida, cuya capacidad estima la UPME puede llegar a los 1000 MW en el mismo año.

Por otra parte, la reciente aprobación de la Ley de Movilidad Eléctrica abre otras oportunidades de crecimiento de la demanda en donde las fuentes renovables son las llamadas a ofrecer el suministro correspondiente.

Se abre, pues en Colombia una nueva etapa de transformación energética como no se veía desde la reforma del mercado eléctrico hace ya 25 años.