Cómo impacta la ratificación del acuerdo ambiental de Escazú por parte de México

El país norteamericano y reafirmó el tratado internacional de la región de cara a propiciar el acceso a la información y justicia en asuntos ambientes y cambio climático. Andrés Flores, Director de Cambio Climático y Energía del World Resources Institute en México, analizó los beneficios de la medida.


Matías Medinilla

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matiasmedinilla@energiaestrategica.com

El viernes pasado México y Argentina ratificaron el Acuerdo Regional sobre el Acceso a la Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en América Latina y el Caribe, conocido popularmente como Acuerdo de Escazú.

De dicha manera ya son doce los países que reafirmaron el tratado internacional sobre 24 de 33 naciones de América Latina que lo firmaron.

El acuerdo entrará en vigencia a partir del 22 de abril del corriente año y tiene como objetivo de garantizar la implementación en la región de los derechos de acceso a la información ambiental, además de la participación pública en procesos de decisiones ambientales y acceso a la justicia en dichos asuntos.

Andrés Flores, Director de Cambio Climático y Energía del World Resources Institute de México, aportó información y su opinión para Energía Estratégica:

“La región es la primera en el mundo que establece un acuerdo de esta índole. La firma misma es una manifestación pública de los gobiernos de aceptación respecto al derecho a la información y justicia ambiental. Es un paso político importante”.

“Es beneficioso para transparentar la información pública frente a temas ambientales, así como para asegurar la participación de actores de sociedad civil y actores comunitarios en las decisiones en materia de medio ambiente y también para garantizar la justicia ambiental”, afirmó.

En el caso de México, son varios los especialistas que han concordado que existe un retroceso o decrecimiento en materia de renovables y de acceso a la información por diversas medidas de la administración actual,

Un ejemplo es el cuestionamiento al Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI)

Sin embargo, para tomar la decisión de ratificar el acuerdo, la Secretaría de Relaciones Exteriores de México debió consultar con 17 diferentes Ministerios que tenían cierta congruencia en algún punto, además con el Congreso y actores de los gobiernos de los Estados federativos, según informó Flores.

Por lo que se espera que en adelante haya más demanda por claridad e información, por “saber en qué sustenta las decisiones que anuncia el gobierno, que, a veces desde lo ambiental, parecen irracionales”.

“A partir de ahora habrá que implementarlo, volverlo un plan de acción”. ¿Cómo? “A través de leyes e instituciones donde se vigile el acatamiento de lo pactado. Y ello mismo implica establecer las sanciones que aplicarán a los países que caigan en el incumplimiento”.

“Espero que esto abra la puerta para que los procesos de negociación internacional, por ejemplo la Convención de Cambio Climático, tengan espacio para la sociedad civil y otros actores diferentes a los gobiernos. Que haya un rol más claro y contundente”, apuntó.

El acuerdo es independiente a las decisiones políticas del momento. Aquí se habla de garantizar libertad y justicia ambiental.

Otro de los puntos que no se debe dejar de lado es que la energía está ligada a clima. Y a raíz de ello “debe haber una estrategia hacia energía limpia, electrificación del transporte, evitar la desforestación, agricultura más sostenible y atacar las fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI)”.

Justamente en este sentido México también se encuentra en diferentes tratados, caso Acuerdo de París, que establece medidas para la reducción de las emisiones de GEI.

El objetivo es evitar lo ocurrido en 2020, donde la temperatura mundial subió 0,4 grados centígrados y equiparó el récord de 2016 como el año más cálido.

Es decir,  lo que se desea es mantener el aumento de la temperatura global promedio por debajo de los 2 °C por encima de los niveles pre-industriales, y perseguir esfuerzos para limitar el aumento a 1.5 °C, reconociendo que esto reduciría significativamente los riesgos y efectos del cambio climático.

Hechos que se darán mediante la ratificación y cumplimientos de acuerdos como el de París o Escazú, pese a que este último sea independiente a las decisiones políticas del momento, sumado a la acción por parte de los gobiernos para favorecer el crecimiento de las energías limpias y mejora del medio ambiente.

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