Desde que Buenos Aires se constituyó como el puerto del Virreinato del Rio de la Plata, pasando por la etapa de unitarios y federales, y hasta las discusiones más recientes sobre los subsidios en los servicios públicos y la coparticipación; el federalismo, y puntualmente la relación entre el Área Metropolitana de Buenos Aires (compuesta por la Ciudad de Buenos Aires y 40 municipios urbanos de la Provincia homónima) y el resto de las provincias, es un tema de debate permanente, en aspectos económicos, demográficos, políticos e incluso culturales de distinta intensidad y relevancia.

El sistema eléctrico nacional no es ajeno a ello, y de hecho es un fiel reflejo de la concentración de diversos ejes que afecta al territorio nacional. Además, nuestra geografía se caracteriza por tener los dos recursos naturales de mayor uso actual en la generación eléctrica, que son el gas natural y el potencial hidroeléctrico, muy alejados de los centros de mayor consumo.

Como resultado de lo anterior, el sistema eléctrico argentino tiene fuertes asimetrías geográficas entre la generación y la demanda, lo que en la práctica implica una mayor necesidad de transporte eléctrico, que viabilice el intercambio de energía entre las zonas con excedentes y aquellas con faltantes.

Para analizar lo previamente señalado, se utilizarán los datos de generación y demanda eléctrica mensual por zonas, publicados por CAMMESA en su sitio web. Los mismos comprenden 43 períodos mensuales, desde Enero de 2014 hasta Julio de 2017, considerándose este período lo suficientemente representativo para los fines del artículo.

Generación por zona geográfica

Como puede observarse en el siguiente gráfico, la generación aportada por cada zona se mantiene relativamente estable desde 2014, con picos observables en los meses de verano, lo que responde a la mayor demanda estacional.

En cuanto a la participación de cada zona en el total, puede observarse el promedio para el período analizado en el siguiente gráfico. Cabe aclarar durante los más de tres años analizados, esta participación se mantuvo relativamente estable, excepto por alguna variación en la generación hidroeléctrica proveniente del Comahue, que obedece a la variación natural de los caudales de agua.

En el gráfico se destaca que, entre Gran Buenos Aires, Buenos Aires, Noreste y Comahue generan casi el 70% del total. Asimismo, en cada región se puede identificar un perfil de generación característico, basado en el tipo de tecnología que predomina en cada uno de ellos.

En Buenos Aires y Gran Buenos Aires predominan las centrales térmicas de gran tamaño, gran parte de ellas de ciclo combinado, acompañadas por las centrales nucleares Atucha I y II. Esta configuración permite abastecer el principal centro urbano nacional de forma confiable. La generación de la región Noreste se encuentra casi totalmente representada por la Central Hidroeléctrica Yacyreta.

Por su parte, en el Comahue existe un perfil mixto, gracias a su riqueza en recursos hidráulicos, y a ser una de las zonas de mayor producción de hidrocarburos. Hay fuerte presencia del complejo de centrales hidroeléctricas compuesto por Piedra del Aguila, Alicura, El Chocón, Cerros Colorados y Pichi Picún Leufú, que se combina con la existencia de centrales térmicas de gran porte, como Loma La Lata, el Autogenerador de Capex y Agua del Cajón, entre otras.

Demanda por zona geográfica

En el siguiente gráfico se observa la demanda por región, utilizando la misma división geográfica que en el caso de la generación eléctrica. En una primera observación, y como es lógico, los picos coinciden con la mayor demanda, que usualmente se da en verano, y al igual que la generación, no se incrementó sustancialmente en los últimos años.

Observando la participación de cada región en la demanda total, se destaca la fuerte preponderancia del Gran Buenos Aires, con el 39% del total, acompañado del Litoral, Centro y el resto de Buenos Aires. Sobresale el hecho de que esta participación posee una gran correlación con el nivel poblacional de cada región, lo que no es de extrañar en una demanda dominada por los usuarios residenciales y comerciales.

Con lo analizado hasta este punto, podemos realizar algunas afirmaciones sobre el comportamiento de la oferta y demanda eléctrica a nivel federal. En primer lugar, algo característico del mercado eléctrico, y es que se produce energía eléctrica en todas las regiones del país, y el transporte funciona como un elemento de evacuación de excedentes o importación de faltantes, pero siempre hay una parte de la demanda atendida localmente.

Como se menciona anteriormente, parece obvio, pero es un rasgo particular de la energía eléctrica, y que hace a la mayor seguridad del suministro. Por diferentes motivos, en otros sectores, la producción se concentra en uno o varios puntos geográficos, y luego es transportada hacia los centros de demanda en su totalidad. Por ejemplo, el gas natural o los combustibles obtenidos a partir de los procesos de refinación, solamente son elaborados en algunos puntos estratégicos, y hay regiones que carecen completamente de su producción.

En segundo lugar, se observa una fuerte concentración de la demanda, siendo que el 71% de la misma se encuentra en Buenos Aires y Gran Buenos Aires, Litoral y Centro. Estas mismas regiones solo aportan el 56% de la generación. En la otra vereda se encuentran las regiones Noreste y Comahue, con oferta equivalente al 27% del total nacional, mientras que su demanda equivale solo al 11%.

Como resultado de ello, se obtiene que cerca del 27% de la energía total consumida es transportada desde otras regiones, básicamente desde Noreste y Comahue hacia Buenos Aires, dirigiéndose hacia Litoral y Centro en el camino. Por este motivo no es de extrañar que al ver un mapa geográfico del SADI, se note una gran densidad de líneas de transporte en las regiones demandantes, y algunas líneas de gran voltaje que conectan regiones productoras con estas últimas.

Sobre este último aspecto, el sistema eléctrico comparte una gran similitud con el sistema ferroviario nacional. Al observar un mapa, se nota una gran densidad de líneas férreas (la mayor parte de ellas actualmente en desuso) sobre las mismas regiones que aquí describimos como demandantes, y algunas líneas aisladas que conectan a estas con las regiones más lejanas. Esta configuración no es novedosa, sino que puede observarse ya tan pronto como en 1914.

Esta comparación, aunque realizada con una gran simpleza y probablemente serias omisiones, permite reflexionar sobre el tan comentado federalismo. Lo que hace más de un siglo fue el desarrollo del ferrocarril alrededor del puerto, y las zonas de mayor producción agrícola, para consolidar el modelo agroexportador; luego fue el sistema eléctrico y su tendido que confluye hacia la misma región que antaño lo hizo el ferrocarril, lo que parecería indicar que, al menos en un escenario global, no hubo modificaciones estructurales sobre el desarrollo regional.

Probablemente este análisis pueda ser extendido al sistema de transporte y distribución de gas natural, entre otros sectores económicos, con resultados similares. Esta situación invita a reflexionar sobre la cuestión del federalismo nuevamente, y al menos plantearse las siguientes dudas: ¿Existe o existió algún plan de desarrollo federal, que no sean medidas aisladas? ¿Por qué sería conveniente un mayor desarrollo de las regiones más postergadas y que beneficios traería al conjunto de la población?, y por último: ¿Quién, quienes o qué hace que la concentración económica y poblacional sea un fenómeno de más de un siglo de duración, y que se intensifica año tras año?