Antes de entrar en el tema, debemos entender el significado de la palabra conciencia. Al respecto, el super-mataburros de nuestra lengua (el Diccionario de la Academia Española) tiene cinco definiciones. Una se aplica al campo de la psicología. De las cuatro restantes repetiré tres:
1- Conocimiento interior del bien y el mal.
2- Conocimiento reflexivo de las cosas.
3- Actividad mental a la que sólo puede tener acceso el propio sujeto.

Es importante, al menos para mí, destacar que las dos primeras usan la palabra conocimiento, mientras que la tercera involucra una actividad mental que sólo puede ser llevada a cabo por el individuo.
La conciencia sobre algo no es entonces un instinto hereditario, como el de la sobrevivencia. Necesita que el individuo reciba conocimientos sobre el tema del cual debe ser conciente, al que debe agregar un proceso de evaluación individual.
La conciencia energética no escapa las reglas mencionadas. Si el lector concuerda con lo que he expresado (o al menos con la mayoría), entonces el problema de concientización energética desemboca en otro: la mejor manera de educar a un individuo sobre el valor, uso y generación de la energía. Al respecto, “cada maestrito tiene su librito”. Yo aportaré mi contribución usando un experimento mental, el que iré variando para ir de lo individual hasta abarcar la sociedad mundial.

Imagine el lector que está solo, es decir, temporariamente desligado de otros individuos dentro de su ambiente. Para subsistir, al menos tres veces por día, ingerirá alimentos, los cuales serán procesados por su organismo. Este proceso biológico genera materiales desechables, los que serán expulsados al ambiente que lo rodea en diferentes formas (líquida, sólida o gaseosa).
Como parte de este ejercicio mental reemplace “ingerir alimentos” con “tomar energía” y substituya “proceso biológico” con “transformación energética”. Esta simple manera de describir la existencia biológica convierte a un individuo en un transformador de energía: toma la que contienen los alimentos y la convierte en electricidad, calor y residuos de transformación.

Cuando existe una transformación energética, siempre se genera calor y nunca se llega a alcanzar un 100% de eficacia para el proceso.
La electricidad generada se manifiesta en pulsos eléctricos. Dos de ellos son rítmicos e inconcientes: el que comanda su corazón y el que controla sus pulmones. El primero sirve para bombear la sangre, que es la que distribuye la energía dentro de su cuerpo (y colecciona parte de los materiales desechables). La acción de los pulmones le permite inhalar oxígeno del ambiente para oxidar (convertir en calor) parte de la energía adquirida. Como desecho de la combustión interna exhalamos dióxido de carbono. Los pulsos arrítmicos (cognictivos) estimulan los músculos que Ud quiere activar, así como una gran parte de su cerebro.

Dado que los desechos son expulsados al medio que lo rodea, el lector puede apreciar que aún al nivel de individuo, ya se establece una relación ambiental derivada de una transformación energética.

El experimento mental prueba que los seres humanos, para vivir, deben consumir diariamente un mínimo de energía. Si este razonamiento no llega a convencer a un lector de la importancia que tiene la energía, entonces ese lector debe imaginar que el Sol ha dejado de dar energía. Si aún persiste en ignorar la importancia de la energía, entonces debo llegar a la conclusión de que esa persona tiene alma de suicida, o es impermeable a la instrucción pública.

Ahora variaremos drásticamente el experimento mental, haciendo al lector un miembro de una sociedad técnicamente avanzada a fines del siglo XIX. Ud observa que una nueva forma de energía, la eléctrica, comienza a aparecer.

Un nuevo cambio en el experimento mental, saltando a mediados del siglo XX, donde Ud continúa siendo un miembro de la misma sociedad. ¿Que observa? Que dos formas de energía, la eléctrica y la derivada del uso de los motores de combustión interna (MCI), que usan derivados del petróleo, tienen una fuerte predominancia.

Un último cambio en el experimento mental: Ud. vive en el presente (comienzos del siglo XXI) en cualquier parte del mundo habitado. ¿Que observa?: una dependencia total del uso de la energía eléctrica, y una muy alta dependencia del uso de los MCI.

Analicemos los resultados. Como individuo Ud sigue necesitando tomar su cuota energética para vivir. Si toma demasiada energía, el proceso de transformación, obedeciendo al instinto de supervivencia con el que estamos programados de nacimiento, acumulará el exceso de energía en forma de grasa, la que ampliará el diámetro de su cintura y la región de su cuerpo que usa para sentarse. Si le faltare alimento (energía) por un período extendido, el cerebro le ordena al cuerpo a convertir la grasa en energía. Por eso los que están al borde de morirse de hambre son extremadamente flacos. Este razonamiento muestra que aún a nivel individual es importante mantener un equilibrio energético.

El extendido uso de la energía eléctrica y de los MCI obedece a varios factores. En particular, tres de ellos: la facilidad de su generación, distribución y control son aplicables a la energía eléctrica.

Para los MCI el tamaño reducido, la facilidad de control, y la posibilidad del uso de una substancia con un elevado contenido energético por unidad de volumen, lo convierten en la solución más económica para ser empleado en un vehículo.

La energía eléctrica fué considerada por muchos años como una forma de energía “limpia”, ya que no crea humos, gases mortales (monóxido de carbono) y puede ser comandada con el simple accionar de un interruptor. Pero el traje inmaculado comienza a mostrar serias manchas cuando el lector recuerda que este tipo de energía, en su mayoría, deriva de transformaciones energéticas primitivas, como la combustión incompleta del carbón, u otras substancias marginalmente mejores, como el gas natural o los derivados del petróleo.

Todos estos métodos de transformación traen aparejado la creación de una capa de gases de dióxido de carbono (CO2) alrededor de nuestro planeta, la que actúa como reflector del calor radiado por la superficie de la Tierra, aumentando la temperatura de nuestro ambiente. Este incremento, que no sólo es constante, pero acelerado, ha alterado y sigue alterando el equilibrio energético que una atmósfera no contaminada mantuvo durante cientos de siglos.

El lector debe tener en cuenta que si bien Darwin nos mostró que los seres vivientes sufren transformaciones para adaptarse a nuevos ambientes, estas transformaciones toman generaciones en materializarse. Bacterias, con su cortísima vida, puede que se adapten a cambios rápidos, pero los seres humanos, así como otras especies, no podrán hacerlo.

Los últimos estudios científicos muestran que la generación de energía, tanto eléctrica como mecánica (MCI) son los que más contribuyen al aumento del CO2 en la atmósfera.

El lector debe concienzarse de estos hechos, a fin de impulsar soluciones que permitan disminuír este nivel desequilibrante. La conciencia energética debe reconocer el inmensurable valor que tiene la energía, tanto a nivel individual, como el comunitario, pero debe traducirse en pedidos para la introducción de nuevas tecnologías de generación (renovables), menor nivel de pérdidas energéticas en hogares, oficinas y fábricas (aislación térmica), así como un uso más moderado de la energía, a fin de restituír el equilibrio perdido.
Nuestra existencia depende de estos cambios!

Ing. Hector L Gasquet