Doris Capurro, Presidente de Luft Energía, analizó el tema en una entrevista para Energía Estratégica.

¿Qué importancia tienen los bonos verdes?

La importancia claramente está dada en que se trata de un instrumento, que de encontrarse regulado adecuadamente, provee un medio accesible y poderoso para el financiamiento de una economía sustentable con baja emisión de carbono. Específicamente, permitirían la ejecución de proyectos ya sea destinados a la eficiencia energética, a prevenir la polución, a promover la protección de los ecosistemas, tratamiento de agua sustentable; en fin, la promoción de tecnologías amigables con el medio ambiente.

¿Cómo sería visto por las empresas con intenciones de avanzar con proyectos?

Permiten atraer inversores con este tipo de intereses que, de otro modo, no tendrían manera de invertir en iniciativas con estos objetivos. Asimismo, está probado que posibilitan el logro de un modelo que es económicamente y financieramente eficiente para los desarrolladores de proyectos. Es así como se logran conciliar los intereses de quienes ejecutan proyectos renovables con la creciente demanda que existe en el mundo respecto de prácticas de negocio responsables.

En el actual contexto macroeconómico…¿podrían ser una alternativa para financiar renovables?

Podría llegar a ser una alternativa, aunque no hay que olvidar que es una herramienta básicamente de mercado, y el actual contexto macroeconómico lejos se encuentra de ser favorable para cualquier emisión de este tipo. En un entorno con el riesgo país cercano a los 800 bps, y con tendencia creciente, sumado a la volatilidad política por las elecciones venideras, es difícil lograr tasas de interés que en definitiva resulten atractivas para quienes deben proveer el equity. También, habrá que analizar con qué maturities se pueden llegar a emitir este tipo de bonos para proyectos en nuestro país – la experiencia de las emisiones lo irá determinando. Creo que siempre es bueno contar con una herramienta más para la concreción de los proyectos (sobre todo, que con la nueva regulación de CNV se busque dar incentivo al mercado local, quizás más ávido de tolerar riesgo argentino), pero es una herramienta que debemos ver en el tiempo cómo se consolida en nuestro país y que, al fin y al cabo, tanto en lo que respecta a las tasas como a las posibilidades de colocación, estará atada a las condiciones de inversión y contexto macro de la Argentina.

¿Cómo es la experiencia en otros países?

Los números hablan por sí mismos: desde la emisión del European Investment Bank en el 2007 por US$ 0.81 bn, pasando por los primeros bonos corporativos en 2013 alcanzando los US$ 11 bn y la constitución de los índices de bonos verdes (Dow Jones, Merrill Lynch, Barclays), hasta luego experimentar un crecimiento casi exponencial en los últimos tres años, con un 2018 con US$ 167 bn de emisiones de bonos verdes. Por otro lado, es evidente el predominio de Europa, Estados Unidos y Asia-Pacífico y bastante menor la participación de los países latinoamericanos. Además de verse un crecimiento en las emisiones “verdes”, es importante destacar el incremento en bonos de desarrollo sustentable y bonos de tipo social que se han duplicado en 2018 vs. 2017, alcanzando US$ 21 bn.

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