A partir de la asociación entre el Ingeniero Civil Martín Amengual y el Ingeniero Agrónomo Domenico Cappello, quien cuenta con el know how de años tras el montaje de decenas de plantas y proyectos de abastecimiento de bioenergía en Italia y el Caribe, es que surge IGT Energy, compañía de origen nacional con asiento en Córdoba.

La empresa se dedica al desarrollo de proyectos integrales de gasificación utilizando biomasa non-food (a partir de plantas que no producen alimentos), proceso que permite generar energía a partir del gas de síntesis (syngas), obtenido con la combustión, con baja presencia de aire, de biomasa a alta temperatura.

En entrevista para energiaestrategica.com, los socios fundadores de IGT Energy analizan la potencialidad argentina de la biomasa como componente energético y brindan detalles sobre sus proyectos en carpeta.

¿Qué balance hace de este año acerca del mercado de proyectos integrales de gasificación?

Al comenzar el año la situación de la matriz energética argentina era poco conocida. Al ir avanzando la temporada, se consolidó la intención del gobierno nacional de poner el tema en la agenda, y de alinearse con las políticas globales que llevan a la sustitución de combustibles fósiles y a darle cabida a las renovables en el proceso de aumentar la oferta.

Nuestra propuesta de valor ha tenido una increíble aceptación en los clientes, por ser una verdadera solución de servicio. Al diseñar, construir, operar y proveer la biomasa, el cliente no debe afectar sus valiosos recursos a una actividad que, si bien crítica, no es su core-business.

Esto nos lleva a pensar que el objetivo que nos hemos planteado será posible, de la mano de las inversiones que deberán acompañar para la puesta en marcha.

¿Y qué proyectos tienen desde IGT Energy en carpeta?

Tenemos en este momento 4 plantas en evaluación en el noroeste cordobés, con un importante grado de avance en las negociaciones con los clientes. Hemos validado el consumo industrial, el costo de la biomasa, el polo logístico y el precio que el cliente necesita para ser competitivos.

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Estamos trabajando muy duro en conseguir líneas de financiamiento y armando proyectos de inversión para capitales privados, que quieran diversificar su riesgo.

Tenemos también en tratativas avanzadas un proyecto de generación de energía eléctrica, y estamos esperando los nuevos pliegos del (Programa) RenovAr con las consideraciones prometidas para la tecnología de biomasa, para presentarnos en la próxima licitación.

¿Cree que en Argentina hay actividad para montar un buen número de proyectos integrales de gasificación? ¿Por qué?

Es nuestra gran apuesta.

Es un país con muchas distancias, alta disponibilidad de tierras de segunda categoría -o marginales, donde los cultivos tradicionales no se desarrollan competitivamente- y una trama industrial muy poderosa que hoy necesita desesperadamente energía. Y muchos de ellos necesitan también energía “limpia” para poder colocar sus productos en mercados internacionales.

¿De qué dependerá que pueda comenzar a haber un mayor número de interesados aprovechar la biomasa como recurso energético?

Principalmente de la inversión inicial.

La propuesta de valor ha sido aprobada fehacientemente por los clientes que hemos visitado; la decisión lleva su tiempo pero el consenso de que es el camino correcto ya está logrado.

Al ser plantas modulares de escala pequeña, las inversiones son de menor escala y más ágiles que cualquier otro proyecto de energía renovable. Con eso y los buenos pronósticos que arroja el plan de negocio, queremos captar el mercado de capitales.

De acuerdo a la Ley 27.191, Grandes Usuarios deberán incorporar un 8 por ciento de su consumo eléctrico con energías renovables. ¿Esta medida impulsará la expansión de este mercado?

Definitivamente. Pero no antes de que se adapten las condiciones de la primera licitación, que estaban fuertemente sesgadas a la generación eólica y fotovoltaica.

Con un mínimo de adaptaciones para la biomasa, el potencial de la tecnología en la Argentina es inmenso. Ya tenemos diseñado un esquema que nos permite armar plantas de 1, 2 y 4 MW para consolidar la política de generación distribuida, es decir, generar la energía donde está la biomasa y donde deberá ser consumida, para evitar el transporte.

Esta ley definitivamente dará un impulso importante, y más siendo parte del compromiso adquirido por la Argentina para reducir hasta un 30 por ciento de sus emisiones.