John Kerry, enviado presidencial especial de Estados Unidos para el Clima, visitó México para dialogar con López Obrador y diversas autoridades del país sobre las posibilidades de trabajar en el futuro y la transición energética conjunta entre ambos países. 

“Los países del mundo se mueven rápidamente utilizando energías renovables y nosotros tenemos una oportunidad para liderar esta transformación que beneficiará a todos los ciudadanos con menos contaminación, aire más limpio y electricidad a precios más bajos”, reconoció durante una conferencia de prensa. 

Además se mostró optimista para continuar la conversación en el futuro cercano y “construir y reforzar” la relación entre USA y México. “Podemos concentrarnos en la necesidad de transformar con vehículos eléctricos, nuevas energías y de satisfacer a la industria mexicana”, aseguró. 

Es por ello que vaticinó que el país buscará colaborar con México para “fortalecer un mercado eléctrico abierto y competitivo”, a lo que confirmó que Estados Unidos está preparado para ayudar “de todas las maneras posibles” en solucionar la crisis climática, sin individualismo alguno. 

“Tenemos la posibilidad de afectar a América Central, a toda Latinoamérica y liderar el mundo con nuevas tecnologías y posibilidades para abordar esta crisis energética”, agregó. 

¿Cómo se analiza la visita de John Kerry? Carlos Flores, experto en el sector energético mexicano, conversó con Energía Estratégica y distinguió que “la mayor preocupación del gobierno estadounidense es que México, vecino y socio comercial, no estaría alineado con los objetivos para reducir los efectos del cambio climático, tema medular en la agenda de Joe Biden”. 

“Y si no puede lograr que su vecino se comprometa, ¿cómo logrará que otros países lo hagan?”, dijo a modo de pregunta retórica en medio de su consideración personal.

Lo cierto es esta visita del funcionario de USA se da en un marco de incertidumbre para las energías limpias y renovables en México, dado que la reforma eléctrica de AMLO continúa en debate en el Parlamento Abierto del Congreso y varias compañías ya anunciaron que frenaron sus inversiones en en el país.

“De aprobarse la iniciativa de contrarreforma, habría impactos negativos para empresas estadounidenses, no sólo para aquellas que sean propietarias de centrales de generación, sino también para aquellas que produzcan o fabriquen en México, pues ahora éstas serían menos competitivas e incumplirían con sus objetivos de reducción de emisiones, así como para las instituciones bancarias que hayan otorgado financiamientos a esas empresas pues ahora pudieran ver incumplidos sus pagos”, explicó Flores.