En la localidad de El Trébol, Santa Fe, reside el primer ciudadano en inyectar energía a la red baja de la Empresa Provincial de la Energía (EPE): el ingeniero Marcelo Lenzi. Según el pionero, “se trata hasta el momento de una experiencia técnicamente muy buena, que permite además aprovechar el 100% de la energía generada”.

El equipo de baja potencia instalado en su domicilio, posibilita una producción para el autoconsumo y provee electricidad a la red. Durante la noche, el dispositivo fotovoltaico no tiene actividad, por lo que el usuario debe recurrir al tendido: “La EPE no permite sistemas de generación que almacenen a través de baterías, el sistema está conectado en paralelo y genera en paralelo”, explicó.

Hasta el momento, el ingeniero no pudo definir un contrato comercial con la empresa, pero le aseguran que tendrá respuestas próximamente. Una vez cerrado el acuerdo, la disminución económica no sólo se verá reflejada en la factura por causa de niveles de consumo menores, sino también por un dinero que la compañía debe ofrecer al usuario en retribución de los KW inyectados.

“Tengo entendido que me van a pagar un valor equivalente al precio en que ellos compran la energía, es decir, menor al costo al que se la venden a los consumidores. Según aproximaciones que me llegaron, serían alrededor de $0,12 el KW/h”, indicó.

Sobre las ventajas de los equipos de generación distribuida, el experto mencionó que son capaces de mejorar la red. Es decir, que si esto fuese masivo, al haber diversos puntos de producción en una línea del tendido eléctrico, se mejoraría considerablemente la calidad de la energía.

«Por lo general, las viviendas que son punta de línea (que están al final del circuito) reciben una electricidad menos eficiente que las que están al inicio. Esto es porque a medida que se va consumiendo, baja la tensión, hay pérdidas y demás. Si inyectáramos energías limpias en la estructura, podríamos contrarrestar los desfasajes eléctricos, que se producen generalmente en verano”, advirtió.

Con respecto a la instalación en sí, dijo que “no conlleva mayores complicaciones”. Habló de la toma de ciertos recaudos, con el fin de lograr un buen aprovechamiento de la energía generada; además de las gestiones con la distribuidora. “No es tan complejo como la gente se imagina”, expresó.

En este contexto, la iniciativa de Lenzi despertó el interés de otros usuarios: “Algunos vecinos de la zona ya me consultaron sobre esta alternativas, pero no sólo fueron ellos. Al ser el primero en sumarme a la propuesta, recibí difusión por parte de distintos medios, lo que permitió que se comunicaran conmigo personas de regiones aislada del país e incluso de otros países. No obstante, la mayor traba sigue siendo económica”.

En el marco de lo anterior, el profesional señaló que las energías renovables no pueden competir con las convencionales, por causa de los elevados subsidios que siguen recayendo sobre el suministro eléctrico clásico. Esto impide el ingreso definitivo de las renovables al mercado, más allá de que las consultas sobre el tema, sigan yendo en número creciente.

Finalmente, el especialista habló de Argentina como un país que cuenta con las condiciones necesarias, en distintas regiones, para incrementar la utilización de dichas tecnologías y diversificar la matriz energética: “Podríamos abastecer la totalidad del consumo interno y exportar excedentes, si supiéramos aprovechar nuestros recursos. Lamentablemente, no es la política prevista por el Estado”.

En este escenario, el país se pierde una generación altamente confiable, que en complemento con las formas de provisión convencionales, podrían posicionarlo en medio de la escena internacional. “Muchas veces hay incertidumbre respecto de qué hacer cuando los recursos no actúan como esperamos, eso es muy fácil de rebatir. Si apostáramos a esto, podríamos llegar lejos”, culminó.