Daniel Zamboni, gerente de la empresa Windearth Patagonia, compañía de ingeniería abocada a la fabricación de máquinas eólicas de baja potencia con tecnología propia, indicó que las cotizaciones actuales están dirigidas fundamentalmente al sector petrolero, cuyos predios se erigen en zona ventosas donde es factible la aplicación de columnas en base a aerogeneradores.

También se colocan luminarias en barrios privados para proveer del servicio a las calles internas. En lo que va del año se concretaron cuatro emplazamientos más, en contextos ajenos al sector público.

“La propuesta va dirigida a los intendentes, que pueden requerir iluminación en zonas donde no existe el tendido eléctrico: como cruce de caminos o rutas importantes que carecen del suministro. Sin embargo, los presupuestos arrojado en este marco, siguen en evaluación”, señaló el directivo que también es ingeniero mecánico.

Desde la empresa aseguran hay posibilidades de utilizar tecnologías de esta índole, para el alumbrado público de basurales en Zárate y cooperativas eléctricas en el sur del país. Sin embargo, no hay respuestas certeras todavía. “Incluso podrían usarse en zonas costeras, plazoletas y zonas de recreación”, agregó el ingeniero.

Un ejemplo de la baja solvencia de la oferta a nivel de gobiernos, recae sobre una rotonda ubicada en la localidad de Puerto Madryn, al noreste de la provincia de Chubut. Windearth Patagonia proveyó de los equipos necesarios para alumbrar cada punto del lugar, pero al cabo de un tiempo la tecnología alternativa fue reemplazada por líneas tradicionales, instaladas por vialidad nacional.

Hoy las aplicaciones son infinitas y están abiertas a un mercado que bien podría expandirse: al sur de la Argentina, alumbrado público con aerogeneradores, al norte con paneles solares. Sin embargo, las consultas crecen de la mano de emprendimientos turísticos privatizados, muelles de pesca y áreas de esparcimiento en camping de carácter pago.

Más allá de la desventaja, desde la empresa consideran que el tiempo y las tarifas que empiezan a dispararse serán el puntapié inicial para una propagación masiva del recurso. Aspiran a que las consultas crecientes, se vuelque también al espacio estatal.

“Son proyectos que al principio suenan demasiado caros – un sistema compuesto por un aerogenerador que alimenta seis palmas de iluminación cuesta alrededor de u$s 17000 – pero a la larga, cuando se considera el ahorro en la compra de combustibles para la generación y se adiciona el componente ecológico, termina siendo una propuesta muy interesante”, culminó Zamboni.