Hace sólo unos días, el Banco Interamericano de Desarrollo publicó un estudio[1] muy detallado donde se compara el gasto en hogares de 13 países de América Latina (Bolivia, Brasil, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Perú, Paraguay y Uruguay) en distintos tipos de energéticos, como ser energía eléctrica, gas (por red y en garrafa) y combustibles para transporte privado (nafta, diésel, etc.).

Para realizar el estudio, los investigadores tomaron como base la información proveniente de la Encuesta de Gastos de Hogares que regularmente realiza el Instituto de Estadísticas de cada país y calcularon la relación entre las erogaciones en cada uno de los bienes y los ingresos y gastos de cada uno de los hogares.

El primer resultado que muestra resulta intuitivo, ya que señala que existe una relación directa entre la riqueza de los hogares y el gasto en los distintos tipos de energía, denotando una elasticidad ingreso positiva de cada uno de los energéticos analizados.

[1] “Understanding the Drivers of Household Energy Spending: Micro Evidence for Latin America” escrito por Raúl Jiménez y Ariel Yépez-García

Gasto Anual en Energía

notaFuente: Understanding the Drivers of Household Energy Spending: Micro Evidence for Latin America. Página 23.

En el gráfico anterior, es notable que el gasto en electricidad y gas aumenta paulatinamente a mayores niveles de ingreso y representa casi la totalidad del gasto en los deciles más bajos, mientras que las erogaciones en combustibles para transporte son mínimas para los estratos más humildes, pero crecen exponencialmente con el nivel de ingreso. Esto evidencia en la práctica la cuasi-exclusividad del transporte privado para los ciudadanos de mayores ingresos (concentrados especialmente a partir del 7° decil).

Tomando en cuenta el ingreso de cada vivienda[1], se puede obtener el impacto del componente energético dentro de la canasta de consumo, donde se cristaliza cómo el gasto en servicios públicos implica un esfuerzo mayor en los hogares de menores ingresos. Por ejemplo, para el 10% más pobre de la sociedad, el dinero dedicado al pago de la electricidad implica alrededor de un 4,5% del total de sus gastos y el porcentaje destinado al gas está por encima del 3%. La suma de los mismos alcanza más de un 8% del total de los gastos de la vivienda. Estos valores decrecen significativamente a medida que aumentan los ingresos de cada hogar involucrado. Como comparación, para los hogares del octavo decil, el consumo de gas y electricidad, sólo implica el 4,5% de las erogaciones familiares.

Por el contrario, los combustibles para transporte explican la mayor parte del gasto en energéticos del sector más rico de la sociedad, a diferencia de los más humildes.

Gasto en Energía como Porcentaje del Totalnota

Fuente: Understanding the Drivers of Household Energy Spending: Micro Evidence for Latin America. Página 24.

[1] En los análisis se suele se utilizar la variable gasto en lugar de ingreso por algunas ventajas  metodológicas que ésta presenta

Dentro de los valores reseñados en el trabajo, se desglosan los resultados para cada quintil de consumo y país. Lamentablemente, la Argentina no fue parte del estudio pero con la información publicada por el Instituto de Estadísticas y Censos local (INDEC) y la metodología descripta en el trabajo se replicaron los resultados alcanzados para los otros países latinoamericanos.

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Como se puede observar en los gráficos siguientes, el impacto que tiene el gasto en energéticos en cada país varía significativamente pero mantiene algunos lineamientos generales. Por ejemplo, los egresos en gas (tanto por red como garrafa) suelen ser menores que los correspondientes a energía eléctrica. Adicionalmente, en todos los países se repite el patrón en el cual los hogares más pobres dedican un porcentaje mayor de sus presupuestos a la energía en relación a los hogares más ricos.

Porcentaje del gasto total dedicado a energéticos (Quintiles 1,3, 4 y 5)

notaFuente: Elaboración propia en base a “Understanding the Drivers of Household Energy Spending: Micro Evidence for Latin America” para Bolivia, Brasil, Honduras, Mexico, Uruguay y Conjuntoy a ENGHo para Argentina 2004/2005 y Argentina 2012/2013.
Nota: “Conjunto” hace referencia a los 13 países reseñados en Understanding the Drivers of Household Energy Spending: Micro Evidence for Latin America. Los quintiles son de “gasto per cápita”.

De forma general, se observa que Uruguay es el país en el cual se dedica una mayor parte del presupuesto a la energía entre todos los incluidos, alcanzando el 14% de los gastos de los hogares de menores ingresos y casi el 6% en los de mayores ingresos. Del otro lado, Bolivia aparece como uno en el cual la energía resulta más accesible, dedicándole alrededor del 2% de los gastos del hogar, independientemente de nivel de ingreso. Es llamativo el caso de Honduras, donde parece haber una política sectorizada para los hogares menos pudientes, por la cual aquellos de menores ingresos dedican menos del 1% mientras que los quintiles más ricos deben erogar alrededor del 4%.

En el caso particular de Argentina (no incluido en el estudio original del BID), resulta interesante observar el descenso que tuvo el gasto en energéticos entre 2004 y 2012. Esto se debió, entre otros factores, a los subsidios del Estado Nacional a los distintos energéticos. Por ejemplo, se puede observar que mientras en el año 2004 los hogares de nuestro país se encontraban entre los que mayor porcentaje del ingreso debía dedicar a la energía (especialmente en los de menores ingresos), para la década siguiente, ya estaba por debajo del promedio. De hecho, en la mayor parte de los hogares, disminuyó a la mitad el peso del gas y la electricidad en el presupuesto del hogar en menos de 10 años. Obviamente, este cambio brusco trajo aparejado una gran cantidad de implicaciones micro y macroecónomicas que exceden el alcance de este artículo.

¿Es homogéneo el comportamiento en Argentina?

No. Definitivamente estos valores varían fuertemente a nivel provincial por distintos factores. En el análisis realizado, se consideran tanto el gasto (en $) en bienes energéticos, así como el ingreso de cada hogar.

En ese sentido, el monto erogado en cada provincia será muy distinto debido a las diferencias en consumo energético (en kWh o m3 de gas) que tienen, tanto por variables climáticas como por otro tipo de factores locales y culturales. En el caso del gas, las diferencias pueden provenir también por el tipo de gas que se consume (gas natural o gas embotellado) siendo que en algunas provincias no existen redes de gas natural y en otras la proporción de hogares con acceso es relativamente bajo. Por otro lado, el precio de la energía en cada jurisdicción también es diferente, así como los componentes impositivos locales.

Por el lado de los ingresos, los hogares de cada jurisdicción tienen significativamente distinto nivel de ingresos (o gastos) medios. Por ejemplo, para la Encuesta de Gastos de Hogares del año 2012/2013, el ingreso medio en CABA fue de casi $3400 por hogar, duplicando al de Salta ($1500) o Mendoza ($1700).

Gasto en Electricidad y Gas por Provincia Argentina

notaFuente: Elaboración Propia en Base a ENGHO

Así, la diferencia entre distintas jurisdicciones puede ser sustancial. Mientras en 2004 el gasto promedio en electricidad y gas fue del 7% del ingreso familiar a nivel nacional, en diversas provincias esos valores fueron muy disímiles. Por caso, en la Ciudad de Buenos Aires fue de 2,8% mientras que, en el otro extremo, en las provincias de Neuquén, Corrientes o Misiones ese valor estuvo por encima del 10%.

Tal como fue mencionado anteriormente, en el año 2012 el gasto en gas y electricidad había descendido un 50% con respecto al 2004 (siendo el porcentaje promedio destinado a estos bienes del 3,5% del total de ingresos). Nuevamente la Ciudad de Buenos Aires fue la jurisdicción con menores porcentajes (1,3% del presupuesto del hogar) mientras que los hogares de Chaco y Neuquén debieron dedicar 4 veces ese esfuerzo para suplirse de energía (5,2% de los gastos de la vivienda).

En conclusión, la comparación de los países reseñados en el trabajo del BID con la Argentina, nos demuestra que para el año 2004/2005, el gasto en energía por hogar en Argentina estaba cerca del promedio de la región, siendo levemente mayor en nuestro país para los quintiles más pobres. Luego, teniendo en cuenta los datos del año 2012/2013 pasamos a estar entre los países que menor proporción del presupuesto hogareño deben dedicar a los bienes energéticos.

Por otro lado, debe considerarse que al interior del país, la condición no es homogénea, siendo que los hogares de la Ciudad de Buenos Aires o algunas provincias patagónicas deben sistemáticamente dedicar una fracción menor de los ingresos a la compra de electricidad y gas que los del resto del país.

*Diego Margulis, experto en energía eléctrica.