Durante el mes pasado, el Proyecto para la promoción de la energía derivada de biomasa (PROBIOMASA), iniciativa de los Ministerios de Agroindustria y de Energía y Minería con la asistencia técnica y administrativa de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), publicó los tres primeros números de su “Colección de Documentos Técnicos”.

Se trata de un “análisis espacial del balance energético derivado de biomasa de las provincias de Tucumán, Salta y La Pampa elaborados por el componente de Fortalecimiento Institucional”, detallan desde PROBIOMASA.

En entrevista con energiaestrategica.com, el Ingeniero Civil Martín Amengual, socio fundador de IGT Energy, destaca la labor del Proyecto como paso para motorizar inversiones. No obstante, opina que el Gobierno nacional debe lanzar acciones concretas que tiendan a desarrollar el sector, tales como licitaciones específicas para el rubro.

¿Cree que este tipo de proyectos, como el de PROBIOMASA, hacen al desarrollo del mercado de la biomasa?

En un 100 por ciento. Es un nicho que necesita ayuda para generar su momentum y aquellos que quieran apostar a desarrollarlo, van a necesitar que les faciliten un poco el camino.

En mi opinión, es muy útil que dimensionen el balance de biomasa para que quienes quieran invertir, tengan datos oficiales confiables para armar su modelo de negocio. No obstante, el mayor desafío es generar el concepto correcto en la opinión pública, para que no sea asociado a desmonte ilegal, desforestación, o desertificación de tierras, en la medida en que las empresas que lo hagan, lo hagan responsablemente.

En un país con baja capacidad de control, la reacción es siempre la prohibición. Como no puedo controlar que el aclareo del monte sea correcto, lo prohíbo. Cualquier emprendimiento tendrá que calibrar procesos, capacitar recursos humanos, e invertir en maquinaria que permita hacer el trabajo eficientemente. Por eso necesitan también apoyo institucional del estado.

¿Qué otro tipo de medidas deberían impulsarse para el desarrollo del mercado?

Empezaría con un programa de concientización de la sociedad, para que se entienda el valor de la energía de biomasa, el potencial de Argentina, la generación de empleo, la revalorización de tierras y las economías regionales, el profundo impacto que tiene en la generación distribuida y la tremenda ventaja logística de no tener que transportar la energía, concepto muchas veces olvidado en las discusiones de los grandes teóricos de la economía.

Luego definitivamente lanzaría un programa de incentivos para la inversión en dos frentes: tecnología y procesos, para generar empresas serias, competitivas y profesionalizadas; y capacitación, donde en conjunto con el apoyo del estado, las empresas capaciten a sus empleados, y generen una cultura de trabajo responsable.

Hoy el empresario tiene que hacerse cargo de la falta de educación y formación que el Estado ha implantado en su PEA, además tiene que formar a su gente en la cultura de trabajo, también dañada por años de malas prácticas y economías fluctuantes que dejaron a mucha gente en la calle o teniendo que “arreglárselas” haciendo lo que pudieron, perdiendo su oficio, perdiendo el sentido de dignidad del trabajo, y el sentido de responsabilidad.

Y por último, lo cual afecta a todo el país en forma homogénea, asegurar un entorno de predictibilidad, ya que cualquier nuevo emprendimiento en esta naturaleza está necesariamente apostando a largo plazo.

¿Cree que deberían impulsarse licitaciones específicas para el sector?

No me cabe ninguna duda. Quién lanzó la licitación poniendo todas las tecnologías en la misma bolsa, definitivamente no tuvo tiempo de desarrollar la iniciativa para contemplar las diferencias esenciales.

Los factores para comparar las tecnologías –y para analizar su valor desde la perspectiva del privado que invierte y del Estado que necesita el desarrollo de este nicho- son varios, y todos deben factorearse:

–        Costo monetario directo.

–        Dependencia de recursos adicionales, y capacidad de gestión de los mismos.

–        Impacto ambiental total, “de la cuna a la tumba”, de cada tecnología.

–        Renovabilidad.

–        Escala potencial.

–        Localización.

–        Confiabilidad-Intermitencias.

–        Densidad energética / Factor de Carga.

–        Transportabilidad.

–        Balance energético neto.

–        Generación de industria y empleo.

¿Y cómo debería proyectarse una hipotética licitación, qué características debería tener?

Con todos estos factores, el Estado debe evaluar qué combinación de incentivos debe poner en la mesa para nivelarlos y crear un hándicap apropiado que impulse iniciativas para desarrollar todas las tecnologías, cada una en la región donde las condiciones sean las óptimas.

No existe una solución única al problema; por la complejidad del problema de la matriz energética y la dispersión geográfica (y de recursos) que tiene Argentina, la solución es por definición, una solución compleja, como una ecuación diferencial con cada uno de estos factores variando de forma independiente.

Lejos de imposible, es simplemente una cuestión de desarrollar un pensamiento complejo y plasmarlo en un pliego que lo transforme en incentivos claros para que cada línea de trabajo sea igualmente valorable y con eso fomente la diversificación que necesitamos para darle a Argentina la matriz energética que necesita.

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