La Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés) lleva más de 40 años de trayectoria como centro internacional para la cooperación energética.

Sin embargo, esta representatividad se está viendo opacada ante el avance de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA). Esto puede verse reflejado objetivamente en números de sus asociados.

Mientras que en 1974 los sociofundadores de la IEA fueron 17 (Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Alemania, Irlanda, Italia, Japón, Luxemburgo, Países Bajos, Noruega, España, Suecia, Suiza, Turquía, Reino Unido y Estados Unidos); hoy, se conforma con 30 miembros en total (se sumaron Grecia, Nueva Zelanda, Australia, Portugal, Finlandia, Francia, Hungría, República Checa, República de Corea, República Eslovaca, Polonia, Estonia y México), más 8 países adicionales asociados a través de una política de “puertas abiertas” (Brasil, China, India, Indonesia, Marruecos, Tailandia, Singapur y Sudáfrica).

De allí es que en su web oficial aseguran que “la familia de la IEA ahora representa alrededor del 75% del consumo mundial de energía”. Ahora bien, su actividad incluye un relevamiento de al menos 143 países alrededor del globo.

Del otro lado de la vereda está IRENA. Fundada oficialmente en 2009, la asociación obtuvo el apoyo inicial de 75 estados firmando su Estatuto. Ahora bien, no fue hasta 2011 que se sumaron nuevos países, se disolvió su comisión preparatoria para dar lugar al nacimiento oficial de IRENA como asociación.

En estos 10 primeros años, IRENA ascendió de 85 a 166 miembros del 2011 al 2021. Y adhirieron 18 estados adicionales. Lo que daría un total de una participación en 184 países.

Sin asegurar que sea causa y efecto. La IEA, que históricamente tuvo un rol vinculado a la seguridad petrolera, ahora busca dirigir al mundo hacia transiciones energéticas seguras y sostenibles.

Así lo asegura la Agencia de manera oficial y aclara que su “modernización” fue motivada por ampliar su compromiso más allá del petróleo, el gas natural y la electricidad.

Es así que, la IEA se ha comprometido con el desarrollo de nuevas iniciativas vinculadas a la sostenibilidad social, ambiental y económica del sector energético. Este año, se destaca por ejemplo su labor al diseñar un Rastreador de Recuperación Sostenible, que mide cuánto del gasto público en respuesta a la crisis de Covid-19 se destina a energías limpias.

También un gran aporte realizado este año es su “Hoja de ruta para llegar a emisiones netas cero en 2050”. La cual, indica que para lograr aquella meta debería dejar de invertirse este mismo año en nuevos proyectos de combustibles fósiles para aspirar a lograr un suministro de electricidad cero emisiones netas hacia el 2040.

Lejos estamos de cumplir aquello. De allí es que la IEA reconoce el rol protagónico que están adquiriendo las energías renovables pero mantiene cautela al referirse a un eventual desplazamiento de las fuentes contaminantes que acompañaron su origen.

Durante la COP26, recientemente celebrada en Glasgow, dejó gusto a poco el pasar de un compromiso internacional por la “eliminación” a una “reducción progresiva” del carbón.

Al respecto, referentes de la Agencia tuvieron una participación muy activa en el debate sobre la transición energética y transparentaron su postura indicando que los combustibles fósiles aún persistirán en las matrices energéticas alrededor del globo.

¿Qué opina el resto del mundo?

COP26: Tom Howes de la IEA analizó cómo será la transición energética al 2050