Días atrás trascendió que hay nuevos interesados en financiar el aprovechamiento multipropósito Chihuido I, represa proyectada sobre el río Neuquén de 670 MW.

Se trata de las entidades alemanas Bayern LB y Ing Banck que estarían dispuestas a prestar el 80 por ciento de la obra valuada en alrededor de 2.600 millones de dólares. La propuesta fija un modelo de repago de entre 15 y 18 años, a una tasa oscilante entre el 5 y el 6 por ciento en dólares.

Este nuevo interés da respiro a la UTE que adjudicó la obra en 2014, compuesta por Helport (de Eduardo Eurnekian), Panedile, Chediack, Eleprint e Hidroeléctrica Ameghino y la española Isolux Ingeniería.

El último acuerdo se había cerrado con financiamiento de China, a través de la empresa Yellow River Engineering Consulting, pero las idas y venidas con las represas de Santa Cruz –que son una prueba de fuego para la gestión de Macri en cuanto a futuros accesos al crédito chino- postergaron plazos de Chihuido I que hoy está en la cornisa. Según fuentes del sector, el contrato está en inminente caída.

Este nuevo acuerdo con Alemania obliga nuevas condiciones. Una de ellas es que la represa sea construida por compañías germanas.

En diálogo con Energía Estratégica, Alejandro Pujol, Ingeniero Civil Hidráulico, que entre otros honores presidió el Comité de Vigilancia y Auscultación de Presas del Comisión Internacional (ICOLD) y hoy es analista de proyectos para el Banco Mundial, asegura que Argentina debe tomar un camino “serio” hacia el desarrollo de represas que permita el acceso al crédito internacional a bajas tasas y posibilita la incorporación de industria nacional.

“El país tiene que tomar las vías de generar proyectos serios, rentables y utilizar créditos como del Banco Mundial o el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Pero para ello, debemos presentar proyectos ejecutivos donde estén evaluados los recursos, estudios geológicos, definidos bien los planos, las especificaciones técnicas, cuestiones donde se determine la rentabilidad de los proyectos”, observa el especialista.

Pujol cuenta que actualmente está evaluando emprendimientos hidroeléctricos de distintos países de Latinoamérica y que la Argentina tiene una interesante cartera de proyectos en los que debiera avanzar sobre estudios “serios” y actualizados, remarca.

Según fuentes oficiales, están en evaluación unas 55 propuestas hidroeléctricas de diferentes tamaños que podrían sumar más de 18.000 MW. Es un número interesante si se tiene en cuenta que en el país hay 56 aprovechamientos en funcionamiento con una potencia instalada de 11.170 MW, que representan una capacidad de generación de 36.200 Gwh/año.

De acuerdos a proyecciones del Gobierno nacional, establecidas por la subsecretaría de Escenarios y Evaluación de Proyectos del Ministerio de Energía y Minería Escenarios, se incorporarán 3.000 MW de energía hidroeléctrica en los próximos 8 años.

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Télam consignó que entre los proyectos que evalúa desarrollar el Gobierno se encuentra el de Chihuido I, que además de aportar energía eléctrica serviría para controlar crecidas del río Neuquén; asimismo menciona al de Michihuao, sobre el río Limay (Río Negro y Neuquén, 621 MW); y Río Blanco II-Uspallata, sobre el río Mendoza (597 MW).

Sobresalen también los proyectos de Cerro Rayoso (Neuquén), de 560 MW de potencia instalada; La Invernada, en la misma provincia e igual potencia; y el complejo de centrales sustentables en ríos de llanura (Corrientes, Chaco, Entre Ríos y Santa Fe), de 500 MW.

Para Pujol el desarrollo de estos proyectos no debe perder de vista la integración de componente nacional, que es generadora de empleo. “Ya hemos visto que vienen barcos del exterior, dejan todo en containers, hasta las arandelas, se monta el proyecto, se genera energía a un precio quizás más barato, pero después hay que mantener un país con desocupados”, advierte.