El verano está pasando a la historia por el fuerte consumo eléctrico. La demanda del pasado mes de enero fue de 12.334,3 GWh, superando a la histórica cifra de diciembre de 2013 (12.278,1 GWh), y el actual mes de febrero ya presentó grandes picos de consumo. Este escenario está provocando un cuadro de crisis por la falta de potencia instalada.

Según el propio ministro de Energía y Minería, Juan José Aranguren, «se batieron tres veces los récords de demanda de potencia y demanda de energía» desde que comenzó su gestión a cargo de la cartera.  Indicó que el último fue el viernes de la semana pasada, cuando «alrededor de las 14.35 hubo una demanda de potencia récord de 25.380 MW y una demanda de 524 GWh«.

En diálogo con energiaestrategica.com, el director de la carrera de Ingeniería en Energía de la UNSAM, Salvador Gil, expresa que si bien será necesario aumentar la oferta del parque eléctrico argentino (según la CADER tal crecimiento deberá ser de 7.000 MW para 2021), sobre todo con proyectos de energías renovables, por lo pronto el Gobierno Nacional tiene que apuntar a políticas concretas de eficiencia energética para encontrar una respuesta inmediata al estado de crisis.

El experto en energías entiende que en ese sentido es positiva la quita de subsidios, ya que “el precio de las tarifas era insostenible y no tenían ninguna lógica ni económica, ni técnica y ni siquiera social”.

De manera gráfica, describe que si la demanda se dividiera en cuatro sectores (entre un bloque de menores consumidores, dos grados intermedios y uno de mayores consumidores) se estima que el cuarto de mayor demanda gasta alrededor del 45 por ciento de la energía, y el cuarto que menos consume (sectores más carenciados), un 13 por ciento de toda la energía, entonces al haber un subsidio indiscriminado se está destinando mayores fondos a los sectores de mayores recursos.

En ese sentido me parece mucho más lógico lo que hace ahora el gobierno en mantener los subsidios a los sectores de menores recursos pero quizá como crítica yo diría que no se está dando información a los usuarios de cómo bajar el consumo”, considera y remata: “Se dice que bajen el consumo pero no cómo”.

Entre las alternativas, Gil resalta que el gobierno podría crear estímulos para que los usuarios reemplacen luminarias de bajo consumo por eficientes. “El costo de las lámparas LED es solo un poco más cara que una Lámparas Fluorescentes Compactas (LFC) o lámparas de bajo consumo y tienen una duración 5 veces mayor y su consumo eléctrico es casi 40 por ciento menor”.

Comparándolas con las tradicionales incandescentes, asegura que las LEDs consumen 10 veces menos y duran 40 veces más. No obstante observa que el mercado está invadido por estas luminarias poco eficientes en detrimento de las LEDs.

Por ello Gil manifiesta que el Gobierno no sólo debe promocionar su uso sino controlar el stock del mercado. Calcula: “Típicamente una lámpara LED puede durar unos 25 años, encendiéndola unas 4 horas por día. Si hiciésemos este cambio para unos 160 millones de lámparas, el ahorro en energía sería de 4,8 GW. Sin embargo, como no siempre están todas encendidas simultáneamente, el ahorro medio sería de 2 GW”.

Asimismo, sostiene que el Gobierno Nacional debiera solicitar a la población que fije el termostato de los aires acondicionados en 25° y no en 24°C. “En un grado centígrado se podría generar un ahorro que gira en torno al 20 por ciento”, asegura el experto.

Son medidas que no tienen costo, es cuestión de tomar conciencia y es uno de los temas que el nuevo gobierno debe considerar con fuerza”, cierra Salvador Gil.