En tiempo de crisis energética, tarifazos y una creciente concientización del impacto del cambio climático, surgen muchas alternativas interesantes que pudiendo resultar atractivas en un primer vistazo deben ser cuidadosamente analizadas a la hora de implementarlas en nuestro país en el corto plazo.

En los últimos meses hemos visto un auge en las discusiones de la conveniencia o no de la generación distribuida como fuente alternativa de energía.

Es indiscutible que el concepto tiene muchos aromas interesantes como la idea de independizarse de las molestas facturas de la luz al tiempo de convertirse en un paladín del ambiente en contra del cambio climático y de paso resolvemos la crisis energética que los funcionarios públicos no atinamos a resolver.

Mucha gente y desgraciadamente muchos decisores se quedan con esta primera foto que mostraría un sistema autosuficiente en términos de energía, generada de diferentes fuentes primarias todas limpias y renovables y de fácil acceso como ser la solar, la eólica o la biomasa (dependiendo la región en donde se promueva la iniciativa), y que además produzca suficiente para que el excedente se inyecte a la red de forma tal de incluso generarle un ingreso al usuario.

¡Parece fantástico!

Desde el punto de la termodinámica no hay ningún problema para lograr esto, incluso desde el punto de vista tecnológico hoy ya es una realidad que se encuentra reglamentada en muchos lugares del mundo e incluso del país.

Lea también: «Autogeneración: “trabajamos para que en 2017 Argentina cuente con un marco”»

Sin ir más lejos en Mendoza, en su Ley 7549, art 11, y el EPRE a través de la ordenanza 19/2015 ya definen desde el punto de vista técnico como hacerlo y ya tenemos instalaciones funcionando bajo este esquema, como el edificio de EMESA o el microparque solar (8KW) de la Municipalidad de Godoy Cruz.

La pregunta que viene inmediatamente a la cabeza es: ¿por qué algo que parece tan genial y obvio al mismo tiempo, que se encuentra técnicamente resuelto e inclusive legislado no avanza y no hemos poblado los techos de la soleada Mendoza de paneles?

A la respuesta la debemos buscar en las maltrechas economías del sistema energético Argentino y en algunas realidades técnico-económicas que no pueden soslayarse.

La respuesta no es complicada si estamos al tanto de la realidad del sistema eléctrico Argentino en el que la tarifa (aun después del tarifazo) no alcanza a cubrir el 30% del costo de generación produciendo una enorme distorsión en el sistema que continua estando pesadamente subsidiado por el estado.

Vayamos a los números, que en cualquier caso son aproximados y que van cambiando día por día.

Si bien ya estamos viendo que en los grandes parques fotovoltáicos el costo de instalación se encuentra cerca de US$ 1 Wp, no es esta la realidad de un equipo domiciliario en donde no tenemos economías de escala ni en los equipos ni en los servicios de montaje ni operación.

La realidad es que el costo de una instalación domiciliaria de este tipo en ningún caso baja de US$ 2 por Wp (precios internacionales, ya que si vemos los precios hoy en argentina pueden ser 5 y 6 veces más).

Asumamos una instalación de este tipo del orden de los 2000 Wp (aproximadamente el tamaño de 4 puertas instaladas en el techo). Esto aportaría a una casa mediana y de consumo consciente aproximadamente el 50% de la energía utilizada.

El secreto para que esto funcione, es que como no siempre coincide la generación con el consumo, la idea es que en los momentos en los cuales la generación sea superior al consumo la misma sea volcada a la red a través de medidores bidireccionales (net metering).

Esto haría que al final del período solo pagásemos la diferencia entre la energía consumida y la energía generada. En principio una idea muy buena, pero que en Argentina tropieza con un enorme escollo.

Hoy un usuario residencial paga por kwh consumido de sus enchufes aproximadamente $Arg 0,50 o el equivalente a US$ 0,03.

Suponiendo que la distribuidora reconociera al mismo precio el kwh entregado que el kwh recibido, cosa que no sucede, se necesitarían más de 30 años para recuperar el valor económico de la inversión, sin considerar costos financieros ni de mantenimiento.

Hagamos la cuenta al revés.

Supongamos que una persona está dispuesta a pasarse 10 años para recuperar la inversión. Cuanto debería ser el valor de la energía para que pueda hacerlo?

El valor para que esto resulte posible es de aprox US$ 0.37 o sea que a los valores actuales el usuario debería recibir un subsidio por cada kwh producido de US$ 0.34, 10 veces más que lo que está pagando HOY por la energía.

Lea también: «Renovables: el Frente Renovador presentó otro proyecto sobre Generación Distribuida»

En una casa que consume unos 400 kwh por mes estaríamos hablando de un subsidio adicional de US$ 150 por mes (Ar$ 2200 o Ar$ 4400 por bimestre que es lo que estamos acostumbrados a ver).

Veamoslo desde otro punto de vista, pensemos cuanto de la inversión inicial debería subsidiarse para llegar al mismo resultado, pero sin subsidiar la tarifa. La cuenta nos da que el subsidio en la inversión debería ser de aproximadamente US$ 1500 (Ar$ 22500) por instalación o sea más del 70% (ojo siempre hablando de precios internacionales).

Asumamos que en una ciudad como Mendoza el 10% de los hogares se suma a esta iniciativa estaríamos hablando de unos 40,000 usuarios. Estaríamos hablando de un subsidio de capital de AR$ 900 MM, o de un subsidio de tarifa de AR$ 90 MM por mes!

Obviamente todo esto cambia en la medida que el costo alternativo de la energía (la energía que sacamos del enchufe) aumente y el precio de los paneles baje, pero en cualquier caso estamos lejísimo de que esto cierre económicamente sin el aporte de un fuerte subsidio por parte del estado. Un subsidio más en un sistema eléctrico que no encuentra la forma de salir del laberinto en el cual ya se encuentra.

¿Cómo hacen entonces en Alemania para que esto funcione?

Las razones son varias:

1) El costo de la energía por kwh es de aproximadamente USS 3.2 (o sea 10 veces más caro que en Argentina y muy cercano al valor de corte que definimos para una amortización en 10 años.)

2) Las tasas de financiamiento que tienen los alemanes para financiar un equipo de esto son extremadamente bajas.

3) Los Alemanes no tienen las alternativas de generación que tenemos en Argentina en donde en cualquier lado podemos conseguir 50 Ha al lado de una línea de media y baja tensión donde podemos instalar 10 o 20 MW, lo que yo llamaría una generación semidistribuida que estabilizaría el sistema, no requeriría inversiones adicionales y seria por lo menos el doble de efectiva en términos de costo.

Resumiendo

Si lo que queremos es buscar una solución al problema energético de la Argentina, con subsidios de ese monto podemos apoyar programas de generación mucho más eficientes (por ejemplo una generación semidistribuida) y/o inclusive impulsar un programa en serio de eficiencia energética financiando una reconversión en serio de las industrias, reparticiones públicas etc. etc.

Lea también: «Subsecretario de Mendoza explica de manera didáctica por qué el Programa RenovAr debe apuntar a incentivar la industria nacional»

Si lo que nos interesa es reducir la huella de carbono, existen acciones mucho más concretas que nos llevarían a resultados mucho más efectivos en un plazo mucho más corto.

El mayor beneficio que tendría este programa es el de la creación de un sector de servicios en lo que respecta a instalación y mantenimiento y tal vez un incipiente sector manufacturero de baja complejidad técnica si se obligara a que los equipos fueran de fabricación nacional. Ahora si esto se hace importando paneles, realmente deja de tener hasta el mínimo sentido social.

Por último imaginemos que a pesar de todos los datos a nuestros legisladores les resultara estratégica la idea de avanzar con una iniciativa de esta naturaleza. ¿A quién beneficiaría este subsidio?

Seguramente no a los más carenciados del sistema que aún con todo el apoyo del estado probablemente no puedan disponer de más de $ 30,000 para instalar uno de estos equipos en su techo.

La generación distribuida en una buena solución para lugares en los que no existen soluciones alternativas más eficientes y baratas. Debemos estudiarla y prepararnos para el momento en el que sea una solución efectiva a nuestros problemas, pero hay que tener mucho cuidado a la hora de fijar objetivos temporales.

En Argentina aún tenemos muchísima tierra, muchísimos puntos de conexión en los que las diferentes cooperativas y pequeños inversores pueden instalar módulos de 10 a 20 MW que cuestan la mitad y producen el doble.

No nos enamoremos de los conceptos sin antes analizarlos en detalle ya que a la hora de definir políticas de estado hay que tener la cabeza fría.