Anteayer fue el día más crítico para el sistema eléctrico desde que el presidente Mauricio Macri llegó a la Casa Rosada. Según los informes oficiales, el país importó unos 395 MW de Brasil para cubrir la demanda doméstica, algo que no había ocurrido, al menos en esa medida, desde que comenzó la ola de calor.

En cambio, se había acudido a las compras de energía a Uruguay, sin costo para la Argentina en esta época del año. Pero la factura eléctrica de Brasil es mucho más cara que la de origen local.

Más allá de lo onerosa, la situación requería una decisión de ese tipo, porque en el momento del cubrimiento del pico de consumo sólo quedaban reservas térmicas, las de más fácil puesta en marcha, por apenas 103 MW, menos de un 1 por ciento del total del consumo del país. En otros términos: a las 14.50, la hora más crítica del día, cualquier desperfecto técnico en alguna de las máquinas en marcha habría provocado un blackout, como se denomina mundialmente al apagón.

En parte, eso se debe a que una gran cantidad de usinas no funcionan, por distintos motivos.

Según números de Cammesa, la compañía que administra el mercado eléctrico mayorista, un 30 por ciento del parque térmico está en esa situación, que se profundizará esta semana, cuando salga de servicio la central nuclear Embalse, en Córdoba.

El consumo de anteayer excedió incluso las expectativas oficiales, según corroboran documentos públicos. El fin de semana, el organismo encargado del despacho de la electricidad había sostenido: «Se prevé una demanda máxima de pico de aproximadamente 23.500 MW, que se abastecerá con las reservas regulantes y operativas establecidas«, por debajo de lo que finalmente ocurrió. Y previó importaciones de Uruguay a costo cero, pero no incluyó la alternativa brasileña.

Cuando declaró la crisis energética, a mediados de mes, el ministro de Energía, Juan José Aranguren, sostuvo que su mayor preocupación pasaba por las redes de distribución, que en la zona metropolitana incluyen principalmente las prestaciones de Edenor y de Edesur. Sin embargo, el pico de consumo puso en jaque incluso al sector de generación.

Fuente: La Nación.