Las personas que hayan utilizado Google Maps en estos días habrán notado una novedad: en la esquina izquierda de la pantalla aparece un recuadro con un Pac-man (el célebre videojuego de los ochenta). Al hacer click sobre esa pantalla, el mapa de la ciudad se transforma en un pequeño laberinto donde se desarrolla el conocido juego. Así, un hecho trivial y aparentemente monótono como buscar una dirección se transforma en una ocasión para jugar.

Este es un ejemplo de una tendencia que se denomina “gamification”, que no es otra cosa que convertir en juego una actividad que de otra manera resultaría aburrida o abstracta. Esta disciplina se usa desde algunos años en eficiencia energética para captar la atención y lograr el compromiso de los usuarios. Típicamente se recurre a competencias entre oficinas, concursos o encuestas con sorteos.

Sin embargo, el desafío es transitar de una experiencia limitada (ej. el tiempo que dura el concurso) a un cambio de hábitos. Para ello se recurre a sistemas de medición continua (por ejemplo, pantallas que informan el consumo instantáneo, o la medición on-line de huella de carbono) o un programa de incentivos, que no siempre son monetarios.

Al respecto, es interesante conocer el caso de una distribuidora eléctrica de California que incorporó una técnica conocida por nuestras maestras jardineras: en la factura de electricidad, además de los datos técnicos, agregó una barra de colores marcando el consumo (de mayor uso a menor uso) junto con una “carita sonriente” en el caso menor consumo y una “carita triste” para el mayor consumo. La distribuidora reportó que los usuarios con baja puntuación tendieron a consumir menos, y recibió consultas sobre cómo cambiar su situación.

En todos los casos, se trata de lograr la atención del usuario e incentivarlo a cambiar el modo en que utiliza la energía, para lograr ahorros. Es fundamental mantener informado al usuario, para que pueda apreciar que su esfuerzo tuvo un resultado tangible e internalice el cambio. Uno de las últimas novedades de la certificación LEED fue incorporar una placa dinámica (un monitor redondo) que informa el desempeño del edificio, no solo en energía y agua, sino en el uso del transporte de los usuarios, junto con la generación de residuos.

En nuestro país, estas actividades se realizan también en forma puntual y variada. Por ejemplo, hace un tiempo la Secretaría de Ambiente de la Municipalidad de Corrientes realizó un concurso entre escuelas para juntar reciclables, y la ganadora recibía una computadora. Otras instituciones han sorteado viajes, o han mostrado barras de progreso. Todas formas válidas de convertir en juego nuestra forma de vivir.