¿Qué centrales de generación eléctrica cree que precisan las principales ciudades de la región Latinoamericana? 

La apuesta de los Gobiernos debería ser diversificar la matriz energética, con alta participación de energías renovables. Dependerá de una serie de condiciones de la existencia del recurso y características que tenga la demanda para definir el tipo de tecnología a emplear.

¿Cuál sería un ejemplo de esto?

Hay ciudades como Santiago de Chile, Buenos Aires o Montevideo que presentan grandes oportunidades para centrales solares que estén relativamente cerca de la ciudad. Estas deberían alcanzar unos 50 MW, pero qué pasa: esos proyectos potenciales no han tenido lugar por disponibilidad en las redes, o bien, se han ido acabando por cuanto espacio que se requiere para instalar una potencia de esa naturaleza, que además resulta poco factible económicamente llevarlo a cabo por los precios costosos de terrenos aledaños a esas grandes ciudades.

La tendencia en este tipo de ciudades es muchas veces aprovechar techos solares o bien apostar a parques más chicos en zonas estratégicas que justifiquen el proyecto y lo hagan más rentable precisamente por dos razones: una es a través de generación distribuida, inyectando directamente la energía a los lugares de mayor consumo y otra es identificar zonas con mayor potencial solar –en el norte chileno o argentino, el sur peruano u otros– e instalar pequeñas centrales que atiendan la demanda local o grandes que la excedan.

¿Qué adecuaciones del marco legal y normativo serían necesarias? 

Normalmente la energía eléctrica está segmentada en 3 mercados: generación, distribución y transmisión. Considero relevante que la regulación sobre estos deba actualizarse, a la luz de lo que ha pasado con la disrupción de la energía solar y eólica fundamentalmente, pero de todas las energías renovables, cuya tecnología ha bajado considerablemente los precios y los ha hecho más rentables y competitivos.

¿Y qué otras tecnologías refuerzan el crecimiento del sector?

El almacenamiento de energía en baterías de litio sin lugar a dudas entra como un factor muy importante en la transición. Ya comienza a ser un aliado en cuanto a que las baterías hacen posible almacenar la energía e inyectarla a las redes de transmisión eléctrica en los periodos de mayor demanda. Por lo tanto, de lo que estamos hablando es de un cambio total y radical en el sector eléctrico.

¿Se podrá ser competitivo con almacenamiento? 

Sí. Lo más relevante a mi juicio es que la tecnología para almacenamiento con baterías de litio ha bajado a niveles que ya hacen competitivo su almacenamiento determinadas instalaciones. Tanto para generación distribuida para grandes consumidores como para parques de generación renovable en alta tensión. Las baterías de litio podrían sustituir los respaldos que algunas empresas tienen en grupos electrógenos.

¿Qué pioneros identificas que ya están avanzando con la aplicación de esta tecnología en la región para distribución?

Ese se ve en dos empresas importantes que están operando en América Latina: Enel y Engie.  Aquí, se ve a las claras que las empresas están avanzando al respecto y que los proyectos ya no pueden seguir siendo cuestionados por la intermitencia de su recurso principal. Los países de la región deberán sumárseles y conseguir adaptar su regulación a las nuevas tecnologías.

¿Los grandes usuarios también estarían optando por incorporar energías renovables y almacenamiento?

Cuando en los países se imponen ciertas metas, como por ejemplo la carbono neutralidad al 2050, supone que hoy día las empresas privadas estén empezando a asegurarse a través de contratos a largo plazo la compra de energía renovable. Esto no es puro marketing, es un compromiso asumido y que genera beneficios asociados directamente a la tecnología.

¿Qué adecuación es prioritaria atender en el corto plazo?

Normalmente, las empresas vendían energía y potencia. Por lo tanto, a las energías fotovoltaicas se encuentran con barreras, como sucede en Perú, al momento de que no se les reconoce potencia firme.

En Chile, sí se ha avanzado en regulación. Los reguladores obligaron a las empresas distribuidoras a hacer compras de energía a largo plazo y los generadores pudieron hacer ofertas variadas. Además, se realizaron licitaciones por bloques de energía, y aquí la fotovoltaica encontró muchas posibilidades de ubicarse durante el día.

Otro caso que se puede traer a colación para analizar es el de Ecuador, donde el Estado todavía es el único dueño de todas las centrales que abastecen al sistema y no existe el sistema marginalista para fijar tarifas. Ahora, con el actual presidente se estaría yendo camino a abrir el mercado energético al sector privado y sería prioritario poder ir a la par avanzando con nueva reglamentación.