El sector de los biocombustibles en Argentina suma nuevas incertidumbres a menos de dos años de que la vigencia de la Ley 26.093 finalice.

Se había establecido que, a partir de su aprobación (2006) esta regiría sólo por 15 años. Por lo que existe la duda si se mantendrán o no aquellas medidas que permiten, por ejemplo, que las PyMEs tengan prioridad de entrega a las petroleras.

Esta industria, que ha invertido millones de dólares en el país, hoy carga con trabas para su desarrollo tanto en el mercado interno como en el internacional. En este contexto, empresarios señalan que es necesario empezar a trabajar en una nueva ley que atienda a las necesidades tanto de pequeños como de grandes productores de biocombustibles.

Energía Estratégica se comunicó con Federico Pucciariello, titular de Rosario Bioenergy, quien accedió a compartir su análisis de la situación actual.

¿Qué lectura realiza de los precios actuales de biocombustibles?

Los precios surgen de una formula polinómica que fue producto de años de negociación y de estudiar la realidad de cada segmento de la industria y el mercado. Este mes, en el caso del bioetanol el precio subió (3%) pero el de biodiésel quedó congelado. ¿Respeta fórmulas? No. Pero creo que es una forma de seguir acompañando un proceso que evidentemente en algún momento se tiene que terminar.

¿Espera por una renovación del marco legal y normativo?

Sí. Que aún no se haya renovado la Ley de Biocombustibles genera un ambiente extraño para la industria. Si bien las provincias están trabajando en el tema, el ejecutivo nacional aún no presenta un esquema respecto a qué pasará después del 2021.

¿Este es el principal desafío que afronta el sector?

El desafío que tenemos como país es trabajar en una Ley superadora y que esta se logre de la manera más equitativa posible.

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¿Qué señales reciben desde la Secretaría de Gobierno de Energía?

No estamos teniendo la mejor de las comunicaciones hoy. El funcionario de turno tiene una discrecionalidad sobre fijar cupos y precios que no está respetando lo que dice la actual norma.

¿Se podría dejar de lado a este sector?

Sería un error estratégico garrafal que nuestro país, que genera millones de toneladas de soja, deje de producir biocombustibles. Iría en detrimento del agregado de valor de la soja en general.

Hoy, no se está aprovechando el potencial que tiene Argentina de producir biocombustibles y tenemos biocombustibles super competitivos y de calidad.

¿Cómo queda esta industria Argentina frente al mercado internacional?

El mundo ya definió su política energética en la cual el biocombustible es un componente más de la matriz de acá al 2030 –hasta 2040, en algunos casos– y nuestro país aún no sabe qué pasará en 2021.

¿Cuál es su lectura de la postura de Estados Unidos frente al biodiésel argentino?

Ellos quieren proteger a su industria. Con el último comunicado, explicaron vagamente que bajan el arancel antidumping y admitiendo que no fue correcto cobrar aquella tasa inicial. Ahora bien, como la soja en Argentina resultó más competitiva con respecto al mercado internacional, anunciaron no van a comprar el biodiésel de nuestro país.

¿Cómo impacta esa decisión?

Es parte del mensaje contradictorio que vivimos. Hacemos tratados de libre comercio pero, cuando somos realmente competitivos en una industria, nos cierran las puertas.