El crecimiento en la demanda de energía mundial y la búsqueda de conciencia y políticas que contribuyan a la reducción de su consumo, su uso racional y el consecuente cumplimiento de los objetivos fijados en el Acuerdo de París COP21, son los principales temas que, en la actualidad, integran las agendas de los eventos más importantes en temática de política energética a nivel mundial.

El incremento significativo en la demanda de energía mundial se dará, en los años venideros, principalmente en las economías en expansión, mientras que en países altamente industrializados se espera lo contrario. Es por esta razón, que gran parte de los esfuerzos en materia de Eficiencia Energética (EE) deberán estar focalizados hacia los países con población y economías en expansión. Hacia el año 2040, principalmente Asia, África y Latinoamérica incrementarán sus demandas sustancialmente, mientras que Japón, EEUU y la Unión Europea la disminuirán (Fig. 1).

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Fig. 1 – El cambio en la demanda de energía en regiones seleccionadas, 2014-2040. Fuente: IEA.

Las políticas de eficiencia energética están insertándose en más países y sectores, a fin de acompañar el crecimiento de las economías en expansión de Asia, África y América Latina, y apuntando a optimizar los consumos de energía, aunque se esperan mayores esfuerzos para continuar mejorando esta tendencia. La potencialidad de ahorro mediante la aplicación de políticas e instrumentos regulatorios para cada sector consumidor de las economías mundiales se agrupa en cuatro rubros: industria, transporte, generación y edificios, estimándose una reducción potencial de casi el 40% en dichos sectores hacia el año 2040 (IEA, 2016).

Sin embargo, la Agencia Internacional de la Energía (IEA) estima que en la actualidad cerca de dos tercios del potencial económico de la implementación de eficiencia energética aún no estarían aprovechados, por lo que resta mucho trabajo por realizar en materia de política y regulación a fin de cumplir con dichas estimaciones hacia el año 2040 (Fig. 2).

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Fig. 2 – Potencial de eficiencia energética utilizada por sector en el Escenario de Nuevas Políticas. Fuente: IEA.

Históricamente se evidencia una transición energética (Fig. 3) marcada por un incremento notable en la utilización de fuentes fósiles hacia los últimos años. Nos encontramos ante la necesidad de reducir el consumo de éstas, para ser reemplazadas por una mayor participación de fuentes limpias y de bajas emisiones de carbono. De esta forma se fomentará una transición energética sustentable hacia un paradigma energético más eficiente y que mitigue el cambio climático.

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Fig. 3 – Evolución de la componente energética de fuente primaria. Fuente: IEA.

En este contexto, la eficiencia energética es considerada como el “primer combustible” (Fig. 4), proporcionando la oportunidad de crecer de forma sostenible utilizando los servicios energéticos de una manera más eficiente y limpia.

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Fig. 4 – Ahorros mayores en Eficiencia Energética como “Primer Combustible” hacia el 2050. Fuente: IEA.

De acuerdo a la IEA, cinco medidas son las que contribuirán a reducir las emisiones de GEI (alcanzando un pico máximo hacia el 2020) mediante la utilización de tecnologías existentes y sin dañar el crecimiento económico. Entre esas medidas están la eficiencia energética, con la mayor contribución del 49%, y las energías renovables, con un 17%. A fin de cumplir estos objetivos se requieren grandes inversiones en eficiencia energética, energías renovables y otras tecnologías de bajo carbono para llegar a un calentamiento máximo de 2 ° C al año 2100, según lo comprometido por las naciones intervinientes en el Acuerdo del COP21.

Un indicador importante para caracterizar el nivel de eficiencia energética es el de la “intensidad energética”, medido como el cociente entre energía consumida y PBI. Para el caso de China, se espera que sea notable el descenso de esta intensidad energética ya que la demanda de energía sería controlada en parte mediante la aplicación de EE, mientras que el PBI seguiría en incremento en correlación con la actividad económica del país (Fig. 5). De todos modos, es importante marcar que si bien la contribución de la EE será clave, esta separación también sería producto de una transición estructural de la economía China hacia la expansión de la misma de la mano de una mayor provisión de servicios.

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Fig. 5 – Demanda de Energía & PBI proyectados para China. Fuente: IEA.

Pero es importante entender que la tendencia de consumo energético se desacopla de la del PBI, a nivel mundial, produciendo una variación descendente de la intensidad energética (Fig. 6).

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Fig. 6 – Cambios en PBI, Energía e intensidad (Energía/PBI) 2000-2013. Fuente: IEA.

Finalmente, es fundamental agregar que para diseñar y aplicar políticas de EE en cada país y sector, el punto de partida es la generación y recolección de información y datos. La necesidad de detectar los sectores de mayor potencialidad para aplicar políticas y normativas, el monitoreo de prácticas específicas, el seguimiento del progreso según objetivos, la proyección de la demanda de energía por sectores y la evaluación de impactos económicos son las principales razones por la que es importante realizar una campaña de recolección de datos.

La contribución y el éxito para alcanzar los objetivos de reducción del consumo energético y emisiones de GEI estimados a nivel mundial dependerán, en primer lugar, de la voluntad de los máximos responsables en materia de política energética en cada país. Es importante marcar que la conducta de los consumidores, a fin de adecuarse a estas necesidades y motorizar el cambio de paradigma, dependerá de las políticas educativas, de información y concientización sobre la población. La habilidad para concretar acuerdos de financiamiento que impulsen estas medidas al menor costo posible será clave para la sociedad y para viabilizar el mayor grado de implementación de estas políticas.