El lunes empezó la Conferencia de las Partes número XXII (COP22) en Marrakech, Marruecos. Allí se empezarán a delinear acciones concretas de las naciones comprometidas con el medioambiente a partir de sus Contribuciones Nacionalmente Determinadas (NDCs, por sus siglas en inglés) establecidas durante la COP21 en París, Francia, donde se celebró el Acuerdo de París que entró en vigencia el pasado 4 de este mes.

Con este compromiso se persigue que para fines de siglo el aumento de la temperatura media mundial por esté por debajo de 2 ºC.

No obstante, Manuel Jaramillo, director de Conservación y Desarrollo Sustentable de Fundación de Vida Silvestre, advierte en diálogo con energiaestrategica.com que de cumplirse las contribuciones comprometidas por todas las plazas el aumento será de alrededor de los 3°C.

Esto genera la necesidad de que todas las naciones mejoren sus NDCs, reduciendo aún más sus emisiones de impacto ambiental comprometidas al 2030.

En el caso argentino, si bien esta nueva administración mejoró la propuesta presentada por el kirchnerismo en la COP21, aumentando el escenario incondicional de reducciones de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) de un 15 por ciento hacia 2030 a un 18, y, en el caso de obtener financiamiento externo, de un 30 a un 36 por ciento, para entidades que trabajaron durante este año junto al gobierno en esta mejora siguen siendo valores poco ambiciosos.

No obstante, rescatan dos factores. Por un lado, que la propuesta ahora presentada está revisada, validada e incorporada a la política pública y, por otro lado, la dinámica de trabajo del Gabinete Nacional por el Cambio Climático, organismo constituido a principios de este año que involucra a 12 ministerios del Gobierno nacional y que llama a instituciones especializadas con injerencia sobre el medioambiente y las energías limpias a trabajar sobre propuestas concretas.

“Hubiera sido tremendo para nosotros que se hubiera cerrado el proceso aquí (en la COP22) y que Argentina dijera: “esto es lo que tenemos para hacer, esta es la apuesta de nuestra gestión y acá están nuestras contribuciones revisadas”. Si ese hubiera sido en mensaje en Marrakech estaríamos muy en contra porque aún hay mucho por hacer”, considera Jaramillo.

El especialista observa que, si bien la NDC argentina fue poco ambiciosa, el Gobierno seguirá trabajando a través del Gabinete Nacional por el Cambio Climático para logrará metas de mayor compromiso. En 2020 recién entrarán en vigencia las NDCs y las acciones comprometidas por las naciones serán vinculantes.

Dado que así como están presentadas las propuestas a nivel global, a fines de ciclo la temperatura ambiente aumentaría a 3°C, lo que sería catastrófico para la vida en el planeta, Jaramillo considera que para revertir este escenario y que la temperatura media no aumente a más de 1,5°C al año 2100, las contribuciones de los países (en promedio) deberían duplicar la reducción de GEI en sus NDC.

En lo que respecta particularmente a Argentina, el director de Conservación y Desarrollo Sustentable de Fundación de Vida Silvestre indica que “es muy complejo establecerlo porque son muchas variables las que entran en juego”, pero estima que al menos deberá aumentar su reducción en un 50 por ciento de la presentada en París. “Eso podría ser un buen paso”, enfatiza.

Para Jaramillo será crucial la presentación que Argentina y el resto de los países del mundo hagan en 2018, durante el llamado diálogo de facilitación, donde las Partes (países) examinarán colectivamente la contribución global en la reducción de emisiones para determinar el avance en el logro del objetivo de mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de 2 ºC.

Las propuestas de Vida Silvestre

En una gacetilla de prensa, la fundación expresa: “preocupa que el compromiso climático a 2030 considere a la energía nuclear y a las grandes hidroeléctricas, pudiendo esta última aumentar la generación de emisiones  de gran impacto para el ambiente, así como el incremento de biocombustibles basados en cultivos, con una baja eficiencia de aporte de energía, que compiten con la producción de alimentos y promueven el corrimiento de la frontera agrícola. Por el contrario, el país tiene la oportunidad de explotar alternativas energéticas de gran potencial compatibles con el cuidado del ambiente.

Sólo cumpliendo la ley Nº 27.191 de Energías Renovables que estipula un 20% de fuentes renovables en la matriz energética para 2025, la Argentina superaría el compromiso asumido en París de conseguir el 12% a 2030 y un 8% adicional con apoyo internacional. A su vez, profundizando políticas de eficiencia energética (uno de los “yacimientos” menos desarrollados en el país) a través, por ejemplo, de sistemas de etiquetado en equipos eléctricos y de gas,  está comprobado que se evitaría generar 6.000 MW, equivalentes a dos represas hidroeléctricas similares a Yacyretá y un ahorro en costos de capital de U$S 31.000 millones a 2030 (© Escenarios energéticos para la Argentina (2013-2030) con políticas de eficiencia energética)

Con respecto al uso de la tierra, la propuesta argentina tiene pendiente desarrollar con mayor rigurosidad su compromiso en este sector que representa la mitad de su matriz de emisiones por las altas tasas de deforestación (Desde 1990 se perdieron 7,6 millones de hectáreas de bosques nativos, el equivalente a la provincia de Formosa). La asignación efectiva de los fondos estipulados por la Ley de Bosques Nº 26.331′ junto con la promoción de modelos agrícolas, ganaderos y forestales como la iniciativa de Manejo de Bosque con Ganadería Integrada (MBGI) del Ministerio de Agroindustria y la dirección de bosques permitiría un incremento en la fijación de carbono en bosques y suelo junto con la conservación de la biodiversidad y los ciclos de agua.

En la COP22 se espera que los países impulsen iniciativas concretas contra el calentamiento global, como ser proyectos de adaptación al cambio climático, y refuercen sus ambiciones al 2018 para mantener el calentamiento por debajo de 1,5°C y evitar así los peores impactos del cambio climático. En este campo las medidas propuestas por la Argentina son muy genéricas y llama la atención la ausencia total de acciones para proteger los océanos, principales reguladores del clima mundial, en un país con más de 5.000 km de costa y aproximadamente 4.800.000km2 de mar argentino y océanos, de donde se obtienen recursos que se traducen en millones de dólares en inversiones y fuentes de trabajo.