¿Cuáles fueron los desafíos con los que se encontró UTE cuándo se incorporó más generación renovable al sistema?

Primero nos enfrentamos a la incertidumbre. Teníamos que poder responder cómo procesar esa energía que, hasta el momento, no teníamos certeza de cómo se iba a dar. Para encontrar un camino, fuimos recurriendo a distintos tecnólogos en el área; ellos nos dieron pautas y nosotros elegimos algunas de las empresas que nos mencionaron para poder avanzar sobre los desafíos.
A partir de allí, nosotros nos ubicamos fuertemente en lo que son pronósticos. Tomamos pronósticos de empresas españolas e inglesas y los fuimos verificando con la real producción de los parques eólicos.
¿Es predecible la variación?

Sí, en grandes rasgos. Nosotros podemos tener certeza de que va a haber mucha o  poca variación entre horas, el valor exacto no lo da. En este sentido, podemos tener una diferencia en los 1500 MW instalados de 100 MW hasta 200 MW de apartamiento, pero no la forma de la curva de previsión (que es certera).
¿El pronóstico de los vientos le sirven como información? 
Sí, nosotros proyectamos hasta 240 horas a futuro. Específicamente, programamos más finamente con el pronóstico de 72 horas y día a día hacemos correcciones con el pronóstico de las próximas 24 horas.
¿Eso les permite tener un comportamiento estable de cómo funciona la oferta en general?
Si nosotros tenemos la disponibilidad de los parque, tal como se exige por contrato, es bastante certero el pronóstico y el de 24horas se puede decir que tiene un margen de un 80% de certeza.
¿Es cierta la afirmación de que «Uruguay pudo incorporar tanta energía renovable por tener de respaldo al sistema argentino»?
En principio, hay cierta certeza en la afirmación. En ese sentido, teníamos un respaldo sólido por parte de Argentina. La realidad nos ha mostrado que ese respaldo no lo hemos afectado absolutamente en nada, tenemos hasta menos variabilidad en la interconexión que tenemos a través de Salto Grande con Argentina, después de que incorporamos el eólico a lo que teníamos antes.
Pienso que Argentina por sus características tiene un potencial eólico muy grande y va a tener que decidir bien hasta dónde progresa con la incorporación de esa fuente de energía.
Si hoy tuvieras que decir cuál es el grado de penetración máximo que se puede inyectar de renovables tanto de eólica como de solar, ¿cuál le parece que es el porcentaje adecuado? o por el contrario, ¿le parece que es un mito y que se puede ir trabajando para estabilizarlo?
Alemania está en un proceso en el que se irá a un 50% de penetración del eólico relacionado a su demanda. Por lo tanto, no creo que lo de Argentina sea muy diferente a lo de Alemania, pienso que hasta un 50% de renovables es deseable por nuestro bienestar, por la contaminación ambiental y por la certidumbre de los costos energéticos.
¿Qué experiencia puede aportar Uruguay a la región en su aprendizaje en la incorporación de renovables? 
Lo importante es tener buenas herramientas, adiestrar al personal y siempre estar anticipándose a lo que vendrá.
De allí es que hemos capitalizado una gran experiencia relacionada a las herramientas y al comportamiento en tiempo real. Estamos abiertos para aportar lo que podamos en ese sentido para que tengan un desarrollo aún mejor que el que nosotros hemos tenido, fuimos consultados por ejemplo por empresas del interior de Argentina en estos temas.
Nosotros para operar en tiempo real tenemos un pronóstico de 6 horas que nuestro operador lo produce «hora a hora» y eso achica los errores de una manera muy apreciable.
¿Tiene alguna anécdota sobre imprevistos del sistema que resolvieron favorablemente?
Hemos tenido pendientes de subida en una hora de 500 MW, que para la demanda de Uruguay es una tercera parte de la demanda. De 200 MW de generación eólica, en una hora pasamos a tener 700 MW, allí coordinamos con Argentina y con nuestras centrales hidráulicas. Fue una experiencia extrema y nos llevó a tomar medidas que ya no íbamos a tener.
Respecto a la formación de recursos humanos en el sector renovable, ¿cómo lo trabajó la empresa?
Se contrató servicios de capacitación, con personal experimentado. Fuimos a países de Europa con un desarrollo eólico superior al nuestro, visitamos Dinamarca, Portugal y España; de allí, trajimos ese capital que se le fue volcando al personal de tiempo y a quienes tienen que programar al día siguiente, con los recursos para componer la demanda.
La capacitación llegó y notamos el interés en los trabajadores. Es algo nuevo, un desafío a futuro y consideramos que implica la salud de la humanidad en definitiva.
Ante el avance de la generación renovable, ¿sufrieron algún tipo de presión por parte de actores de otras tecnologías que se sintieron desplazados? 
No, porque Uruguay guarda una particularidad al tener una gran empresa estatal dueña de la generación térmica fósil y en ningún momento recibimos alguna interpelación por lo que estábamos haciendo. Ademas, sumado a lo que tenemos incorporado en el sistema de biomasa, que no es poco, está arriba del 8%, tienen un contrato fijo por el cual ellos despachan lo que generan y no se verían afectados por otros tipos de generación.