18 de abril 2016

Columna de Opinión: En 35 años se termina la era del petróleo

En una de sus partes sustantivas indica que se debe “mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 ºC con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 ºC con respecto a los niveles preindustriales… (Art.2)”. Cumplir este objetivo es […]


Juan Carlos Villalonga

Por

villalongacorreo@gmail.com

En una de sus partes sustantivas indica que se debe “mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 ºC con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1,5 ºC con respecto a los niveles preindustriales… (Art.2)”. Cumplir este objetivo es esencial para que los impactos del cambio climático sean en, cierto modo, “tolerables” y no impliquen fenómenos disruptivos de un modo generalizado en los ecosistemas del planeta.

Ese objetivo climático o de limitación en la suba de la temperatura global implica drásticas reducciones en las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), esencialmente dióxido de carbono cuyo origen principal proviene de la actividad energética basada en combustibles fósiles y de la deforestación. En este punto el texto de París optó por una redacción un tanto elíptica cuando indica que se debe “lograr que las emisiones mundiales de GEI alcancen su punto máximo lo antes posible”, aclarando que “los países en desarrollo tardarán más en lograrlo” y reconociendo que se deberá “alcanzar un equilibrio entre las emisiones antropógenas por las fuentes y la absorción antropógena por los sumideros en la segunda mitad del siglo… (Art.4)”

Detrás de este lenguaje mesurado está la cruda realidad: debemos comenzar con las reducciones de emisiones sin más postergaciones, llegar al valor máximo de las mismas en un tiempo que no debe extenderse mucho más allá de 2020 y las emisiones deben caer a cero apenas atravesemos el año 2050. Para lograr estos objetivos muchas cosas deben ocurrir desde ahora mismo y en diversos sectores de la economía. Por ejemplo, para el año 2050, dentro de 34 años, toda la electricidad que consumamos debe ser cero emisiones. Los combustibles fósiles deben haber desaparecido prácticamente para ese entonces, siendo cero en la generación eléctrica y mantener un uso marginal en el sector transporte. Esto implica que todo proyecto de nuevas centrales térmicas en base a fósiles o todo desarrollo de nuevos yacimientos deberán tener en cuenta este límite.

La pregunta obvia es si tal cambio será factible y en un tiempo tan breve. Por estos días el Programa de Naciones Unidas para el Medio  Ambiente (PNUMA) publicó su visión “Carbono Cero América Latina”, que muestra una vía para la descarbonización neta de la economía regional para mediados de este siglo. Lo que el PNUMA muestra es que el sector eléctrico, la electrificación masiva del transporte, la deforestación cero, la modernización de la industria y las actividades agrícolas de bajas en emisiones son posibles y nos permiten alcanzar la neutralidad de emisiones para el 2050. El documento debería ser una guía para la definición de las estrategias de desarrollo en nuestros países y tener políticas climáticas a la altura de desafío global.

En el sistema eléctrico, según el documento del PNUMA, tres pilares son fundamentales: a partir del 2020 toda nueva demanda es satisfecha por renovables y capacidad hidroeléctrica; la redes eléctricas se regionaliza facilitando los intercambios energéticos entre los países vecinos; y la generación distribuida por parte de los usuarios individuales se masifica. Tales transformaciones se logran con cambios regulatorios, redirigiendo subsidios y sin tener que pagar mayores costos y en una rápida implementación.

Los países de la región que iniciaron este camino muestran resultados que van en esa dirección y hacen totalmente creíble un escenario de cero emisiones a mediados de este siglo. Esperamos que Argentina despierte y comience a recorrer ese camino lo antes posible y nos encaminemos hacia la ineludible tarea de descarbonizar o neutralizar las emisiones de nuestra actividad económica, sin renunciar por ello al desarrollo ni los beneficios de un suministro confiable de energía. Es parte de la tarea que debemos asumir para transitar de manera responsable las próximas décadas en un contexto de rápidos y profundos cambios a escala global.

4 Comentarios

  1. Jorge Poppi

    Hace unos años The Economist, una revista fundamental del «establishment», publicó un artículo que pasó bastante desapercibido. En ese artículo mostraban que si se quemaba el petróleo y gas YA ENCONTRADO, los modelos clímáticos daban una alta probabilidad de que el mundo fuese inhabitable en un futuro cercano. Sin embargo, continuaba el artículo, las principales petroleras siguen gastando fortunas buscando encontrar más petróleo. Y el artículo daba una explicación: las petroleras necesitan mantener el valor en bolsa de sus empresas y eso se consigue aumentando las reservas de petróleo y gas de una empresa.
    Más allá de si esta es una teoría «conspirativa» o no, no deja de ser un dato para tener muy en cuenta: las fortunas que se invierten para exploración petrolera.

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  2. Mario Pierantonelli

    El transporte individual de personas en automóviles es una de las actividades que más energía fósil consume, con sus emisiones asociadas, y es donde más fácilmente se pueden efectuar reducciones. No obstante, sin arriesgar hipótesis conspirativas, lo cierto es que los directivos de las empresas petroleras y automotrices (profundamente imbricadas en su capital accionario) piensan en los resultados del quarter (trimestre) que mantengan sus cabezas a salvo mas que en el largo plazo.
    Es necesario el empuje de entidades transnacionales, países, ONGs y público en general para que mediante una demanda educada en temas ambientales tire de la oferta y consiga que salgan al mercado todos los avances en automoción sustentable.

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  3. Roman Garcia

    En la zona cuyana estan por instalar la primera fabrica de America Latina de automoviles electricos full con la mas alta tecnologia de electronica,TV,Audio,Aire Acondicionado,GPS,trabas contra robos,techos corredizos,faros antinieblas,etc,bajo licencia de USA para exportar a Europa y Asia,tengo entendido que sera una inversion de US$ 350 millones de dolares,cuyos vehiculos tendra una autonomia de 1.000 km y seran de carga rapidas,con una velocidad maxima de 160 km/hora y su precio al consumidor final oscilaria entre los US$ 18.000 y US$ 21.000 por unidad,las corrocerias y chasis seran similares al estilo de los VW Vento y Peugeot 307,eso crea fuentes de trabajo y en la zona la Pobreza sera 0.Felicito a ese grupo empresario,ojala que muchos empresarios hacedores los imiten con estos tipos de emprendimiento,reduciendo drasticamente la contaminacion ambiental,el efecto invernadero y calentamiento global.VAMOS ARGENTINA QUE SE PUEDE!!

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  4. Mario Pierantonelli

    Me permito ser escéptico en cuanto a una autonomía de 1000 Km en autos eléctricos puros (no híbridos) y mucho menos en esos precios. Tomo como ejemplo a uno de los autos más avanzados, el Tesla S que en su versión más cara con batería de 85 KWh ostenta una autonomía de unos 400 Km en uso normal y un precio cerca de U$ 100.000.

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