Federico Pucciariello, titular de Bio Energy y director ejecutivo de la Cámara de Empresas Pymes de Energía y Biocombustibles (Cepreb), aseguró que por cada unidad energética requerida en el proceso productivo de los biocombustibles, se obtienen tres de ganancia. Es decir, que la ecuación del balance energético expone resultados de uno a tres, garantizando la posibilidad del desarrollo sustentable.

Fue en contraposición a los datos arrojados por un estudio científico norteamericano, según el cual se necesita mayor cantidad de energía fósil para elaborar su equivalente energético en biocombustibles.

De acuerdo con dicho material, por cada unidad de energía gastada en energía fósil, el retorno es de 0,778 de energía de metanol de maíz; 0,688 de etanol de switchgrass; 0,636 unidades de etanol de madera; y el peor de los casos, 0,534 unidades de biodiesel de soja.

Para refutarlo, Pucciarello se apoyó en investigaciones desarrolladas desde el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), cuyo nivel profesional es reconocido internacionalmente. “Con Gilbert a la cabeza, como referente argentino frente a la Comunidad Europea y los Estados Unidos,  el INTA calcula el balance energético del producto desde el inicio del ciclo de vida de la semilla. A partir de estos estudios, la postura nacional concluye que los biocombustibles son tan amigables al medioambiente, como al alimento. Y yo, soy un convencido defensor de ello”, explicó el empresario.

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En este contexto, Pucciarello destacó que, sin la salida del biocombustible vegetal, la fabricación de alimentos se vería profundamente afectada. “El biodiesel hace de resorte al mercado de los commodities en general. Para arriba o para abajo, pero lo mantiene”, explicó el edil respecto de las materias primas que han sufrido pequeños procesos de transformación.

Un ejemplo concreto se da en la elaboración de harina, donde el aceite representa el 17 por ciento del producto alimenticio final. En este contexto, la falta de comercialización del subproducto, implicaría un cese automático en la manufactura de la harina.  “Esto ya pasó. Cuando se paró la Industria del biodiesel no había harina y ante la escases, se produjo un incremento en el precio de pollos y chanchos”, señaló.

La conclusión para Pucciarello, está dada en que “a más biocombustible en Argentina, más alimento”.  En este sentido, el país corre con la ventaja de la eficiencia logística y productiva. De acuerdo con el directivo, las plantas de crashing muelen hoy una cantidad aproximada de 20 mil toneladas por día, cifras imposibles de alcanzar para otros mercados.