Se encamina el Programa RenovAr, donde se pretenden adjudicar un mix de energías renovables por 1.000 MW. De acuerdo al subsecretario del área a nivel nacional, Sebastián Kind, las fechas de presentación de ofertas (22 de agosto) y la adjudicación de proyectos (28 de septiembre) no se postergarán y ya muchos proyectistas están preparándose.

En primera instancia, el ganador en la compulsa será quien ofrezca el precio más barato por MWh sobre un nodo específico. Es por ello que algunos de los interesados en participar advierten que su proyecto pierde competitividad si le incluyen gastos en redes eléctricas.

Uno de los casos paradigmáticos es el del Parque Eólico de Arauco (PEA), que se presentará con un proyecto eólico de 100 MW pero deberá montar 100 km de Línea de Alta Tensión (LAT) de 132 kV en doble ternas para despachar la energía, inversión que le costará alrededor de 50 millones de dólares.

Los proyectistas dicen estar dispuestos a enfrentar costos de infraestructura pero solicitan al Gobierno nacional poder presentar en las compulsas un precio por MWh donde no se incluya esta inversión adicional de semejante envergadura, lo que haría poco competitivo el proyecto, y que luego, de adjudicar, se termine reconociendo este monto inflando en proporción el precio por MWh del emprendimiento.

En diálogo con energiaestrategica.com, Santiago Mullin, Gerente de Operaciones de Ventus, empresa uruguaya desarrolladora de proyectos con más de 90 MW eólicos construidos, opina que es sensato el pedido de este tipo de contemplaciones “siempre y cuando el Gobierno argentino establezca reglas claras para todos los jugadores”.

Uno como oferente, con las condiciones preestablecidas, debe buscar el mejor mecanismo de competencia dentro de esas condiciones”, observa el ingeniero civil.

Consultado sobre experiencias en otros países acerca de este mecanismo, si es mejor que el propio estado se haga cargo del tendido de redes o sea el privado el que deba enfrentar esta inversión, Mullin evalúa que “no hay un modelo mejor que otro” sino reglas de juego que deben respetarse y llevarse a cabo con compromiso para que los proyectos no queden truncados.

El especialista da el ejemplo de Brasil. “Al principio a esta inversión (redes) la hizo el estado y se encontraron con un montón de complicaciones porque tenían que salir a licitar, contratar, construir y afrontar multas en el caso de que los parques estén listos y no las líneas. Después de esta experiencia, decidieron (el estado brasilero) que sea el privado el que se encargue de toda la infraestructura. De este modo las ofertas de precios fueron más altos, al igual que los plazos, pero el proceso fue más ordenado”.

Al día de hoy Brasil cuenta con problemas para despachar la energía de su potente flota de parques eólicos. El vecino país posee 393 usinas eólicas que hacen a un de 9.840 MW de potencia instalada de acuerdo a la Asociación Brasileña de Energía Eólica (Abeeólica).

En 2015, la energía eólica en Brasil representó el 39,3 por ciento de la expansión de la matriz energética brasileña, por delante de la energía hidráulica (35,1 por ciento), la matriz principal del país, y la energía térmica (25,6 por ciento). El aumento del 46 por ciento de la capacidad instalada de energía eólica el año pasado, representó 2,75 GW de nuevas instalaciones, por lo que el sector cerró el año con 130.000 puestos de trabajo en toda la cadena de suministro.

Según Mullin, en el caso de que la inversión en líneas sea asumida por el privado, por cuestiones de competitividad, ésta no debiera representar más del 10 por ciento del monto total de la obra.