A partir del 2013, la empresa argentina dedicada a la producción de huevos y Ovoproductos a partir de proteínas de origen vegetal, Ovobrand S.A., se puso en contacto con el ingeniero en Producción Agropecuaria y especialista en biogás Patricio Gil-Schreckenberg para llevar a cabo un ambicioso proyecto: el tratamiento de 150 toneladas de guano por día.

Si bien el proyecto surge por ordenanzas medioambientales que exigen su procesamiento (debido a los gases que desprenden los desechos y, en ciertos casos, contaminan napas de agua), la promesa de generar energía y reemplazar gastos en combustible fósil seducen a los productores.

Según Gil-Schreckenberg, en el caso puntual de la planta que se ubica al sur de la Ciudad de Buenos Aires, en la localidad de Brandsen, apostarán a tratar, mediante biodgestores, el estiércol de las gallinas en combinación con material biomásico, como el silaje de sorgo.

No obstante, precisa que puede que descarten esta última posibilidad, ya que investigan producir biogás sólo con guano. Observan que la cantidad de excremento es importante y que hay perspectivas de que aumente por el propio crecimiento de las aves y por la intención de la propia empresa en ampliar sus instalaciones, aumentando el número de gallinas.

El especialista cuenta a energiaestrategica.com que para fines del 2016 podrán comenzar con el tratamiento de efluentes. Asegura que el volumen de biogás que podrán producir ronda entre los 400 y 500 m3 por hora, “lo suficiente para cubrir todo el requerimiento de GLP (gas de garrafa) de la industria, más el gas utilizado para una secadora de granos de maíz”.

Adelanta que el proyecto ya tiene perspectivas energéticas más ambiciosas. Para fines del 2017 y principios del 2018 pretenden instalar en un principio un primer equipo de 600 KW de potencia instalada que sea capaz de transformar el biogás en energía eléctrica. Luego, montar un segundo equipo de las mismas características para elevar la capacidad a 1,2 MW.

La planta, en pleno funcionamiento, podrá generar 2 MW. Uno lo consumiríamos como gas y el otro como electricidad”, detalla Gil-Schreckenberg.