Así lo establece el informe que la Argentina presentó en forma previa a la Cumbre ante la Secretaria de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC), donde también se hace referencia a la «necesidad de contar con apoyo» de los países desarrollados para «hacer frente a las consecuencias del cambio climático» como son las inundaciones o las sequías.

Desde la revolución industrial hasta hoy, la quema de combustibles fósiles como el petróleo, el carbón y el gas liberó gases de efecto invernadero (CO2) a la atmósfera, aumentando la temperatura de la tierra y provocando una distorsión en el sistema climático global.

Los científicos advierten que si el aumento de la temperatura global supera los 2°C las consecuencias tendrían impactos económicos, sociales, políticos, culturales y ambientales en todas las regiones del mundo.

Señalan que el derretimiento de los glaciares y otras masas de hielos permanentes en todo el planeta pondrían en riesgo las más importantes reservas de agua dulce del mundo y causarían la crecida del nivel del mar.

Otras consecuencias estarían dadas por el incremento de olas de calor, inundaciones y sequías, además de la expansión de enfermedades y el colapso de numerosos ecosistemas.

«Estamos en condiciones de asegurar que hasta el 2030 vamos a realizar una contribución con el apoyo de los organismos internacionales del 30 por ciento sin dejar afuera a nadie, sin dejar de crecer con nuestra industria y sin presentar números imposibles de alcanzar«, dijo al presentar el secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, Sergio Lorusso.

El documento previo presentado ante la ONU, que coincide en términos generales con la posición sustentada por los países de la región latinoamericana, abarca una contextualización socio económica de la Argentina, precisa las circunstancias del país; la vulnerabilidad e impactos del cambio climático y el perfil de emisiones de GEI.

«Desde hace años, venimos implementando acciones nacionales voluntarias de mitigación y adaptación en diferentes sectores como la agricultura, la energía y el transporte«, explicó Lorusso.

«En esta historia nosotros (Argentina) que somos los que estamos haciendo un aporte importante en el tema contribución somos los que menos emitimos. Desde que todo esto empezó hasta el protocolo de Kyoto, curiosamente, hay algunos países que no suscribieron y curiosamente son los que más emitieron; nosotros esperamos que estos países también se comprometan y también cumplan con sus metas. Porque este es un problema en el que todos tenemos responsabilidades pero diferenciadas«, precisó el funcionario, en relación a los temas a debatir en la Cumbre de París.

Las naciones que estarán representadas en la capital francesa tiene como objetivo acordar un pacto que gestione el proceso mundial de descarbonización para que la temperatura del planeta no supere los peligrosos 2 grados a finales del siglo XXI, así como para colaborar en la adaptación a los impactos que producirá el cambio climático aún cuando no se supere ese límite.

El acuerdo, según reseñó un despacho de la Agencia EFE, entraría en vigor en 2020, tiene vocación de perdurar hasta 2050 y sustituiría la segunda fase del Protocolo de Kyoto, aunque a diferencia de éste, que sólo incluía a un grupo de países industrializados que representan el 11 por ciento de las emisiones, el nuevo acuerdo incluye responsabilidades para todos los países y cubriría casi el 100 por ciento de los gases.

Cerca de 170 países responsables del 95 por ciento de las emisiones, entre ellos la Argentina, han remitido a Naciones Unidas compromisos de reducción de emisiones para París.

Más allá de los compromisos, la finalidad del pacto es marcar el principio del fin de los combustibles fósiles, enviando un mensaje contundente a los mercados de la apuesta política mundial por una economía baja en carbono.

Este objetivo se debe materializar en el texto con una fecha para las emisiones mundiales toquen techo, otra de reducción para 2050 y el fin de las emisiones en 2100.

Los tres principales puntos de desacuerdo en la negociación son la financiación para mitigación y adaptación al cambio climático en los países más vulnerables; la diferenciación o no entre países ricos y pobres y la ambición del acuerdo más allá de una mera declaración de intenciones, según reseñaron especialistas.

En este marco, el papa Francisco dedicó una Encíclica al cambio climático considerando que combatirlo es «una cuestión moral» y del «bien común«; y los líderes islámicos lo acompañaron con una declaración apelando al compromiso climático de los 1.600 millones de musulmanes.

Fuente: Télam.