Hidroaysén, Shale Gas, un nuevo sistema de licitaciones del suministro eléctrico y la agenda energética fueron puntos importantes que marcaron el 2014 en materia de energía en Chile, pero a pesar de los avances se requiere seguir trabajando intensamente para lograr el aumento de las Energías Renovables No Convencionales (ERNC) en el país.

Por un lado, ya se cuenta con la voluntad gubernamental expresada por el ministro del ramo, al referirse a la agenda propuesta, que contiene un plan con decisiones drásticas que abordan de una vez por todas –a su juicio- la falta de inversión de los importantes flujos de caja que ha generado el sector eléctrico en los últimos años.

En ellos ha influido una serie de factores que han llevado a los últimos gobiernos a ver disminuida su capacidad de respuesta para definir y poner en marcha una política energética que afronte en los hechos y de manera categórica, las contingencias que vienen afectando la seguridad y el precio del suministro eléctrico en el país, y en consecuencia, la falta de competitividad. En este sentido, los instrumentos de intervención directa han cedido lugar a los de menor alcance y contundencia.

Por otro lado, si bien el proyecto de ley sobre licitaciones eléctricas aprobado recientemente aborda la necesidad de perfeccionar las licitaciones, hay algunas materias que ameritan mayor revisión, análisis o definiciones más precisas.

Esta ley es importante porque cambia el rol del Estado en el mercado eléctrico, sin embargo, la solución de nuestros actuales problemas pasa más bien porque el Estado deje que la inversión en generación se defina por criterios técnicos y otorgue libertad para invertir en cualquier tecnología, pero exigiendo un determinado nivel de seguridad de suministro, y que todo proyecto cumpla con los estándares ambientales que imponen las leyes.

Además, se deberá trabajar en otras áreas de manera simultánea -como el proyecto de aportes o asociatividad local y la licitación de terrenos para el desarrollo de iniciativas de generación –, apoyando explícitamente el desarrollo de proyectos que hoy están en carpeta y despejando las dudas en materias como el ordenamiento local y la priorización de cuencas que hoy pueden generar algunas incertidumbres.

En cuanto a ERNC, si bien algunas iniciativas, como la inauguración de una planta de energía eólica y el aumento de la generación en este tipo de energías va aumentando, se requiere un impulso mayor hacia otras alternativas, especialmente porque nuestro país tiene un enorme potencial en recursos naturales.

Un ejemplo de ello, es el potencial en geotermia, pero a pesar de tener estos recursos privilegiados, todavía no se dispone de esta energía renovable en el sistema nacional.

A la fecha, los proyectos geotérmicos consideran la extracción, producción y transformación de fluidos geotérmicos en energía térmica o eléctrica, pero no promocionan ni potencian el real aprovechamiento del calor de la tierra en sus distintas tecnologías.

Si bien desde el año 2000 rige una ley sobre concesiones de energía geotérmica, es muy poco específica a la hora de hablar de geotermia para generación eléctrica o para ser utilizada en sistemas de calefacción de viviendas.

Actualmente existe un Plan de Desarrollo Estratégico para la Geotermia en Chile al 2050, que sirve como hoja de ruta para construir y ejecutar un plan de desarrollo de largo plazo y contiene elementos suficientes que permiten la implementación de esquemas que favorecen un desarrollo exploratorio así como el establecimiento de las condiciones necesarias para el surgimiento de una oferta local en servicios especializados, que contribuyan a la disminución de los elevados costos iniciales de esta industria en Chile.

Sin duda alguna que estas acciones muestran aportes en el sector, aún hay importantes temas que resolver, además de aquellos que se agregan por la actividad económica que tendrá el país en los próximos años. Y en este sentido, uno de los principales es realizar esfuerzos para lograr la inclusión de este tipo de energías en la matriz energética del país, lo que provocaría un fuerte impacto positivo tanto en el área económica, social y en el medioambiente.