Según el informe, Brasil pidió a este país entre 500 y 1.000 megavattios para atender la demanda interna de energía entre las 10.23 y las 12.00 hora local y entre las 13.00 y las 17.02 hora local del martes.

La agencia agregó que la importación se concretó a través de las líneas de interconexión de Garabi, en el municipio brasileño de Garruchos, estado de Río Grande do Sul.

El Ministerio de Minas y Energía no confirmó ni desmintió de inmediato la información. En una rueda de prensa realizada ayer en Brasilia, el titular de la cartera, Eduardo Braga, aseguró que no hay escasez de generación de energía, pese a la ola de calor y a la prolongada sequía que azota el país.

A su vez, el ministro de Relaciones Institucionales, Pepe Vargas, afirmó a la prensa que el apagón del lunes se debió a un «fallo técnico» y aseguró que el riesgo de un colapso en el suministro de electricidad «no está presente en el país«, ni siquiera en caso de que se mantenga la «prolongadísima y severa sequía«.

También el director de la Agencia Nacional de Energía Eléctrica (Aneel, el ente regulador del sector), André Pepitone, aseveró que el apagón del lunes no fue motivado por la crisis hídrica que hizo bajar drásticamente las reservas de agua que abastecen los estados de la industrializada región sureste de Brasil, ni tampoco por la ola de calor que hace aumentar el consumo de electricidad.

Según Pepitone, la causa del problema fue una caída en la frecuencia del sistema eléctrico, lo que hizo paralizarse temporalmente la operación de algunas plantas hidroeléctricas.

Pese a esas garantías, el gobierno de Dilma Rousseff anunció que el país agregará 1.500 megavattios al sistema eléctrico de los estados del sureste, que fueron los más afectados por el apagón del lunes.

El aumento se hará mediante la activación de plantas termoeléctricas y el incremento de la transferencia para la región de energía generada por otras fuentes, como la hidroeléctrica de Itaipú y la central nuclear de Angra 1.