Dentro del Programa de Cultivos Industriales del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria se incluyen diversas investigaciones desde distintos aspectos de los cultivos de caña de azúcar, algodón, maní, yerba mate, té, tabaco, entre otros.

Energía Estratégica dialogó con Alejandro Valeiro, Coordinador Nacional del Programa, quien hizo un balance de las investigaciones de este año sobre el cultivo energético por excelencia: la caña de azúcar.

Indicó que la energía que se puede extraer de aquella planta es “muy importante”, no sólo por la producción de bioetanol, sino también por la obtención de energía biomásica, investigación a la que el Programa apunta con ímpetu.

Dijo a que están trabajando en el mejoramiento genético del cultivo de caña, buscando mayor productividad”. “En estos últimos años, además del objetivo de producir azúcar, desarrollamos variedades con altos contenidos de fibra para lo que pueda ser la generación de energía eléctrica a partir de su combustión directa o la posibilidad, en un futuro cercano, de obtener bioetanol de segunda generación”, remarcó la autoridad.

Dejó en claro que no se trata de incentivar la producción de azúcar, sino más bien enfocarse en la obtención energética que la caña brinda, diferenciando ’caña de energía’ de la caña de azúcar y haciendo hincapié en la estimulación de la primera.

Tenemos hoy ensayos de caña en sitios de Formosa, Misiones, Chaco, Corrientes y el norte de Santa Fe, y estamos trabajando en su mejoramiento para poder expandir el cultivo hacia otros territorios dentro de las latitudes en las cuales es agronómicamente viable”, subrayó.

En poco tiempo vamos a tener tecnología genética de caña desarrollada para esas regiones”, remató y resaltó el refuerzo de la red de ensayos de caña de azúcar con destino exclusivo a la bioenergía dentro de las provincias del NEA e incluso en zonas no tradicionales del NOA.

Por otro lado, agregó que están trabajando fuertemente en el uso de los residuos vegetales que quedan en el campo luego de la cosecha los cuales, al quemarse para deshacerse de ellos contaminan el aire y emiten gases de efecto invernadero “la idea es reducir las emisiones  y –al mismo tiempo– tratar de aprovechar energéticamente esos residuos”, resaltó el técnico del INTA.

Contó que para ello se barajan distintas alternativas, como el aprovechamiento directo de esos residuos biomásicos en las calderas de los ingenios, que algunas empresas ya hacen. Otra forma, según Valeiro, consta en reducir los tamaños de los desperdicios compactándolos como briquetas de carbón. También se está investigando sobre enzimas que permitan la degradación de las paredes celulares del residuo para extraer azúcares que puedan fermentarse en una ’segunda generación’ de bioetanol.