A través de la Resolución 44, la Secretaría de Energía – a pedido del Ministerio de Economía – aumentó la cantidad de bioetanol que se utiliza para mezclar las naftas del 5 al 10 por ciento, con el objetivo de reducir las compras del combustible fósil en el exterior. En ese entonces, el crudo cerró el mes con un promedio de 93 dólares, de acuerdo a la información de la Agencia Internacional de Energía (IAE). Hoy está en 48.

Con esta medida, diferenció entre el biocombustible producido a partir de maíz y de caña de azúcar, reduciendo aún más el valor del correspondiente al maíz. Son cinco empresas las que se vieron afectadas: ACA BIO Cooperativa Ltda, Diaser S.A.I; Vicentín S.A.I.C; Promaíz; y Bioetanol Río Cuarto S.A.

Desde ese entonces, estas cinco firmas, que habían realizado millonarias inversiones en los últimos años para participar de este negocio, vieron como cayó un 20 por ciento el precio de su producción.

Según datos de la cartera energética, las petroleras pagan desde enero $7.77 el litro, contra los 9.55 que abonaban en septiembre. Es un 19 por ciento menos en términos nominales, pero un 27 por ciento si se considera el impacto de la inflación, calculando apenas un 2 por ciento mensual.

En lo que respecta al bioetanol de caña, en cambio, la ecuación no fue tan dramática: pasó de 9.55 a 8.62, lo que representa una merma del 10 por ciento, sin considerar el incremento de los costos operativos.

¿Cómo son las perspectivas del sector? Aunque off the récord, por temor a represalias, las compañías aseguran que atraviesan un proceso de crisis, por lo que no tienen mucha soga para estirar. “Estamos en el límite”, advierten. Por eso insisten a las autoridades en que reconsideren la fórmula de precios. Esta semana hay una audiencia para seguir el tema, con la expectativa de que haya un acuerdo.

Si bien para los complejos industriales más eficientes estos importes permiten seguir en actividad, lo cierto es que el cambio de las reglas de juego demora el recupero de la inversión y el pago de los compromisos financieros asumidos al momento de la construcción de las plantas. En otros casos, las cuentas son negativas. De hecho, ya hay industrias que analizan frenar la producción.

El contexto se presenta incluso adverso, porque la caída del costo del barril de crudo abarató las importaciones de naftas, exentas de impuestos internos. ¿Qué actitud van a tomar las petroleras? En ocasiones anteriores, cuando el corte obligatorio no fue respetado por las destilerías, no hubo sanciones. ¿Cambiará este año? Un panorama incierto.