¿Qué desafíos presenta ser presidente de la Junta de GLOBE International?

El desafío es incorporar una mirada más abarcadora de la agenda legislativa en las diferentes regiones del mundo, siempre con alta prioridad en lo que se ha dado en llamar la Agenda 2030. En Globe hemos denominado a esta agenda de “convergencia” porque en esta década los temas de desarrollo deben enfocarse de manera convergente entre las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que son un programa a escala global que debe traducirse en políticas y objetivos domésticos en cada uno de nuestros países. Esta agenda de los ODS debe converger con el Acuerdo de París y la agenda del Marco de Sendai, que nos alerta sobre la necesidad, cada vez más imperiosa, de atender el creciente riesgo de grandes desastres. El avance normativo y la asignación de presupuestos para la Agenda 2030 difiere notablemente de país en país. Allí es donde Globe procura ayudar a los parlamentarios a movilizar dichas prioridades.

¿Qué gestiones serán prioritarias en tu gestión?

En este momento una de las prioridades es la preparación de la región para acelerar durante los próximos diez años la incorporación de la movilidad eléctrica, o en términos más amplios, la movilidad sostenible. Este es un enorme desafío tecnológico, cultural y también industrial para los países como Argentina que poseen una importante industria automotriz.

¿Presentará la organización alguna propuesta en la COP25?

Precisamente en el marco de la COP25 en Santiago de Chile realizaremos la continuidad del Taller Latinoamericano sobre movilidad eléctrica que hicimos hace pocas semanas en Buenos Aires. Lo importante de esta discusión es que la estamos desarrollando junto a ONU Ambiente y el propio sector  automotriz. Lo que se viene es disruptivo y exponencial. En todos estos temas siempre hay que tener en cuenta, particularmente los decisores políticos, que la dinámica de los próximos diez años no puede ser pensada en términos similares a la dinámica de los últimos diez años. Primero porque el desarrollo está siendo muy rápido y porque por sobre todo necesitamos acelerar la transición energética.

¿Qué gestiones, eventos y actividades están previstas en Latinoamérica?

El taller sobre movilidad  eléctrica en la COP25, colaborar con los miembros de GLOBE  que asistirán a Santiago de Chile en la amplia y demandante agenda climática;  también es prioridad la incorporación de energías renovables en la matriz energética de nuestros países; aumentar la electrificación de los usos finales de la energía y la integración energética regional.

Es importante acelerar la dinámica de las renovables en algunos países de la región que está rezagados y pensar para casos como el de Argentina en cómo sostener el crecimiento que vienen teniendo estas energías en estos últimos años. Para eso hay que enfrentar desafíos como la ampliación de redes eléctricas y una virtuosa combinación con otras fuentes como el gas, un tema nada menor que será determinante para acelerar la transición en la próxima década. También fijar objetivos como establecer metas ambiciosas y aprender de las buenas prácticas en cuanto a mecanismos como las subastas de renovables, por ejemplo. Todas estas son políticas que debemos fortalecer en la región.

Creo que en nuestro país debe comenzar a discutir una nueva meta de desarrollo de renovables para 2030: es el horizonte que la política y la industria necesitan es a diez años. Tal como ocurrió en 2015 cuando se estableció la meta de 2025. En ese sentido estoy proponiendo la meta del 35% de renovables para 2030 extendiendo el régimen de la ley 27.191.

¿Qué desafíos presenta el sector de las energías renovables?

Precisamente la discusión de la nueva meta al 2030 será mucho más delicada que cuando se discutió la del 2025. Habrá intereses más poderosos a favor y también en contra. El resultante será favorable, en primer lugar, si el contexto global en torno del Acuerdo de París se encamina de manera correcta o no: esto es central. Y en segundo lugar,  si el sector de las renovables está sólidamente estructurado y loga tornarse visible para el público y la política. Para la política el tema sigue siendo marginal, se sigue pensando en fuentes convencionales como centrales en materia energética. Hay que revertir eso urgentemente. Creo que la aparición de los parques eólicos y solares en todo el país logrará cambiar la percepción, pero no es suficiente. Con la simpatía del público no alcanza, eso lo aseguro.

¿Está creciendo la generación distribuida al ritmo deseado?

Está creciendo como era previsible en un marco aún desordenado y todavía poco claro. Se está ordenando de la mano de la implementación de los instrumentos operativos de la 27.424. Una vez que esté operativo el FODIS y el proceso de adhesiones provinciales sea mayoritario – algo que ya está ocurriendo- comenzará el verdadero desarrollo que debe tener como objetivo alcanzar los 1000 MW para 2030. Recordemos que esa meta está en el Decreto Reglamentario firmado por el presidente Macri. Me parece un desafío muy bueno que sumó la reglamentación de la ley porque es la primera vez que el Estado traduce una declaración de interés en un compromiso tangible. Estamos madurando como país.

En pocos meses, la generación distribuida, no dudo, explotará. El contexto económico nacional mejorará inexorablemente y las Pymes que desarrollarán y protagonizarán el mercado de la distribuida deben prepararse para lo que se viene.

¿Qué debates internacionales se están dando en el sector energético?

 Nada menor es lo que está pasando. El año que viene debe ocurrir el pico de emisiones globales y debe comenzar también un descenso dramático de las mismas. Ese es un debate político y económico de una escala pocas veces vista. Las emisiones tienen recortarse a la mitad para 2030, el esfuerzo es realmente gigantesco. Cumplir con el Acuerdo de París colocará al mundo en un sendero que cambia radicalmente lo que hoy estamos viviendo y las renovables deben ser el eje de ese cambio. Hay que prepararse.

Por otra parte, la relación de ese cambio con la industria fósil es crucial porque debe acompañar esa reducción de emisiones y preparase para apagarse definitivamente para el año 2050. Son solamente treinta años, es un cambio difícil y descomunal. Se puede hacer pero requerirá de una voluntad y visión política que hoy no existe, se debe dar un salto de calidad.

El dilema que tenemos con Vaca  Muerta es un ejemplo. Ese gas puede ser virtuosamente aprovechado para que países como Chile cierren rápidamente sus plantas de carbón y para que otros países aceleren ese proceso en los próximos quince años. Eso debe desarrollarse ajustando el negocio a las premisas de París.

Si no hacemos los deberes a escala global, nos encaminamos a los 3°C o más, eso significa que el cambio lo tendremos que hacer más tarde, a las apuradas, mal y con un alto costo no exento de tensiones internacionales difíciles de prever. Puede sonar alarmante, pero no hago otra cosa que traducir lo que los países acordaron y alertaron. Luego venimos a la política doméstica y hacemos como que podemos ignorar todo eso, pero no vamos a poder ignorarlo, esa actitud nos saldrá muy cara. El mundo de la energía es el sector clave para ese cambio global. Todos los actores  energéticos deben acoplarse a esa dinámica, por el bien de todos. Mirá si hay tarea para hacer.