Muchas son las consultas respecto de esta tecnología y pocos son los productores que se animan al uso de la misma. ¿A qué se debe?  Primero: por desconocimiento de las escalas tecnológicas. Y eso es común y normal. Porque el Biogás (o mejor referirnos a la Digestión Anaeróbica) es algo muy nuevo que poco a poco se está poniendo de moda en la región. Tiene muchas opciones de diseño adaptables a cada caso, por eso es una tecnología muy utilizada en diversos ámbitos, desde industrias de alimento hasta plantas de tratamiento de agua.

Entonces, el productor no tiene una referencia exacta del tipo, tamaño, calidad de digestor que necesita para su emprendimiento. Y las calidades de instalaciones muchas veces no convencen al cliente, por ser, o demasiadas tecnificadas, o a simple vista, de materiales con poca vida útil.

Segundo factor (y es una «ley» del sector): el productor agropecuario no compra nada que no esté funcionando; pregunta, consulta, analiza, va a exposiciones, recorre, vuelve a analizar, y finalmente se decide si y sólo si ve al equipo, aparato o instalación funcionando.  Es que para el sector, rústico, agrícola, metalmecánico, los pingos se ven en la pista, cuando marchan. Lo mismo ocurre con las plantas de biogás en Argentina. Que son pocas. Se cuentan con una sola mano. Que no son todas para el tamaño que necesitan los distintos productores; de ahí surgen más dudas para la decisión final de hacer una «Planta de Biogas» en mi criadero de cerdos, pollo, feedlot o tambo.

Tercer punto: los incentivos del sector. La Digestión Anaerobia bien encarada es una opción de desarrollo para el país jamás analizada ni difundida. El sector, desde 2008, ha tenido problemas serios con Gobierno, sin llegar a acuerdos que lo fortalezcan definitivamente; todo por lo contrario.

Con el remanente de biomasa que hay en varias regiones del pais, se podría utilizarlas, tratarlas, procesarlas, para generar energia electrica y/o calor (ambas a la vez inclusive) a la matriz nacional y a su vez biofertilizantes de altisima calidad, dando valor agregado en origen (venta de energía, de biofertilizante), algo tan pedido y solicitado en muchos discursos hacia el sector. Pero sin apoyo, sin reglamentaciones, sin promociones, es todo un imposible. Aún así, y más allá de este punto, hay quienes se animaron a desafiar esto, y están construyendo sus plantas para autoabastecimiento.

Ya se han hecho estudios en varios institutos del mundo y en el país también, demostrando que utilizando mezclas de efluentes agroindustriales (purines, estiércoles, aguas grises de procesos alimenticios, agua de lavado de corrales, etc.) con algún cultivo energético (maíz y sorgo preferentemente) fermentan de una manera asombrosa, y estas potencialidades (que Argentina tiene en abundancia) se puede aprovechar en sobremanera tanto para generación de energía como de biofertilizantes.

Recordando también los inconvenientes del sector en materia energética, de recursos minerales (fertilización) y la extensividad de los sectores de cría (que traen aparejado problemas ambientales), cada uno de esos problemas pueden ser solucionados con varias plantas de biogás diseminadas en todas las provincias agroproductivas (y en otras regiones también!) Hoy día esas provincias están en etapa de evaluación para legislación y reglamentación. En algunas ya se están desarrollando las primeras plantas con amplias repercusiones.

En Alemania, las casi ocho mil plantas de biogás (8 mil pequeñas centrales eléctricas funcionando con estiércol y maiz) equivalen a más de 2,5 veces la energía de Atucha I y II. En Alemania, donde el espacio y la disponibilidad de recursos biomásicos es muy, muy menor a la que tenemos en Argentina.

¿Y como podemos convencer al productor para que realmente se decida a hacer Biogás «Argentino»?

La digestión anaerobia es un proceso que aprovecha «residuos». Por lo tanto, la materia prima la tengo en el campo, en los corrales, sin aprovecharlas, la descarto, es un problema, que no tiene solución (para algunos). Cuando en realidad es un «recurso», es material potencialmente redituable (económica y ambientalmente), que se  transformar en algo que solucione inconvenientes y un gran negocio.

Las buenas prácticas de producción también se ejecutan cuando en mi criadero, tambo o feedlot tengo las condiciones ambientales aptas de procesos productivos; puedo criar el mejor lechón o pollo, pero si mis corrales no está higienizados, no controlo mi descarga final, etc, la tarea está por la mitad.

Aquel productor que quiera ejecutar su planta de biogás tiene que entender que es una manera de ser «Autosustentable» en el proceso productivo. Haciendo saneamiento (limpiando las viejas lagunas del bajo), aprovechando un residuo con una inversión de transformación de gestión, haciendo calor para la maternidad o los pollitos, agua caliente para el tambo, electricidad para la planta de alimentos, vapor con biogás para la caldera, etc..

Autosuficiente porque el proceso arranca cuando se fertiliza (biofertiliza) un cultivo (sorgo, maiz por ejemplo); éste alimenta tanto a los animales como al digestor; genera energía eléctrica (para los motores) o calor (para los animales o agua caliente) gratuitamente (si es en exceso, se puede pensar en vender a la red); procesa, limpia, transforma los desechos de los animales en biofertilizante, que luego ocupa para los cultivos. Es decir, es cíclico, cuántas veces se quiera. Y vendo carne, energía, y uso biofertilizante autosuficiente.

Desde la perspectiva técnica, se debe dar el mejor respaldo. Ofrecer aquellos modelos tecnológicos con el mayor rendimiento y eficiencia operativa. Más allá del costo de las instalaciones, el cliente debe analizar los tipos de materiales utilizados, y comparar en ese momento, las inversiones iniciales con los costos operativos y de mantenimiento a lo largo de la vida útil de la instalación.

Finalmente considerar, que se trata de un bioreactor, es decir, un proceso en donde hay seres vivos a los cuales hay que alimentar (aquél que tiene un criadero sabe a lo que me refiero). Con la salvedad que, en los sistemas de mejor tecnología, el funcionamiento es totalmente automatizado, y no se requiere más que una hora por día para la carga y control.