Colombia tiene una de las matrices energéticas más limpias del mundo. Esto se debe al potencial instalado de grandes represas hidroeléctricas, que explican casi el 70 por ciento de la generación del país. El uso de combustibles fósiles, como el gas natural o el carbón, llegan al 30 por ciento y las energías renovables no convencionales, como la eólica y la solar, apenas representan el 1 por ciento.

Ahora bien, el Gobierno está lanzando subastas de energías renovables para transformar la matriz energética y prevenir cualquier contratiempo que pudiera aparecer ante un evento climático que pudiera impactar en el normal funcionamiento de las grandes represas.

Al respecto, Energía Estratégica LATAM dialogó con Santiago Villegas, Director de Planeación Generación de EPM, empresa que participará de la subasta a largo plazo con unos 200 MW eólicos (ver nota).

Dado que la potencia instalada en Colombia es suficiente para satisfacer el consumo…¿Qué rol tendrán las renovables en la generación?

Lo que nosotros estamos previendo es que las energías renovables no convencionales se vengan a complementar con las hidroeléctricas. En términos generales, en el país cuando nosotros tenemos mucha agua tenemos poco sol, y poco viento. Y al contrario, cuando tenemos poca agua tenemos mucho sol y viento.

¿Son complementarias?

Entonces encontramos que va a ser necesario ajustar el despacho, sobre todo de las hidroeléctricas, teniendo en cuenta que en las horas pico, como por ejemplo durante el mediodía, la oferta de viento y sol es más alta. Consideramos que nuestro sistema cuenta con una flexibilidad suficiente para adecuarnos a esta realidad con energías renovables no convencionales.

¿y cómo se van a articular todas las tecnologías en la matriz?

El Gobierno nacional reflexionó sobre esto y se ha propuesto una misión de transformación del sector, lo que recibimos con un altísimo interés.

Con las señales del Gobierno vemos que la estrategia de expansión de la matriz será con energías renovables no convencionales, que van a conseguir una muy buena posición en el mercado.

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¿Y cómo se deberá trabajar la intermitencia de estas tecnologías?

Encontramos que las necesidades de firmeza adicional que requerirán, tal vez la podamos resolver muy rápidamente con centrales térmicas a gas, aprovechando la infraestructura de importación que ya dispone el país y los proyectos que tenemos para el Pacífico.

¿El Gobierno debería continuar incentivando a las grandes hidroeléctricas?

El gobierno debe reflexionar seriamente que quiere con ellas. Estás centrales le han adicionado muy buena dinámica de desarrollo a ciertos territorios. Nosotros consideramos que tal vez se debieran pensar mecanismos para su desarrollo, porque la dinámica de desarrollo del mercado es muy distinta entre tecnologías. A una central térmica se la puede poner en operaciones en dos o tres años; a una eólica en 18 o 24 meses; a una solar en 8, 12 o 14 meses; pero una hidroeléctrica entre 4, 5 o 6 años, por lo que no es una decisión muy fácil de tomar.

Pero seguramente las hidroeléctricas se van a necesitar, y seguramente Gobierno va a proponer mecanismos distintos para su incorporación.