A principios de marzo, en el marco del evento «México WindPower 2020», la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) y el Consejo Mundial de Energía Eólica (GWEC) publicaron un informe conjunto titulado ‘Procesos Competitivos para el Financiamiento de Proyectos de Energía Renovable’ (descargar).

En el extenso documento se destaca el avance de la energía eólica, que en los últimos años explicó cerca del 25 % del total de la nueva potencia eléctrica instalada en la región. La cifra toma relevancia cuando se la compara con la década anterior, donde esa potencia representó sólo el 6%.

Además, el informe expone los resultados de los distintos procesos licitatorios de energías renovables no convencionales que han llevado a cabo países de Latinoamérica. Un dato saliente es que más del 80% de los 25.716 MW eólicos instalados hasta el año 2018 se han producido en virtud de estas convocatorias públicas.

Alfonso Blanco Bonilla es secretario ejecutivo de OLADE. El 13 de enero de este año inició su segundo mandato, que durará hasta el 2022. En esta entrevista, el directivo destaca los principales aspectos a tener en cuenta para que las subastas sean exitosas. Además, opina acerca de la complementariedad de estas convocatorias con la contratación de energías renovables entre privados y ofrece pronósticos de un mercado convulsionado, atravesado por el Coronavirus COVID-19.

¿Cómo es la receta para alcanzar una subasta exitosa de energías renovables?

Todos los procesos que han sido exitosos en nuestra región han logrado internalizar lo que demanda la inversión en energías renovables.

La mayoría de los países, de alguna forma, han transitado procesos de aprendizaje en cada uno de sus llamados licitatorios.

Pero las plazas no son todos iguales. El mercado de cada país requiere estrategias específicas para seducir a los inversores.

Sin embargo, resumidamente y en términos generales, se pueden mencionar aspectos fundamentales para que un llamado licitatorio obtenga resultados esperables.

Por un lado, se tiene que entender que las energías renovables se financian a través de finanzas estructuradas, como por ejemplo el Project Finance. Si no se entiende eso, cualquier llamado licitatorio va a estar en problemas.

Por otro lado, otro aspecto a tener en cuenta es quién será el offtaker de la subasta y quien ofrecerá las garantías para esos contratos de largo plazo.

Este es un punto muy importante para el mercado de inversión. Si no están dadas las garantías por parte del offtaker se tiene que diseñar un mecanismo adecuado que brinde seguridad en la inversión. Un caso ejemplar que podemos mencionar es el argentino, que con condiciones adversas terminó teniendo buenos resultados.

Otro punto fundamental es el tema de acceso a la tierra, que es clave para cualquier proyecto de energía renovable. Los llamados deben contemplar este aspecto, brindando elementos de seguridad para que el desarrollador pueda negociar con los tenedores de las tierras allí donde está dispuesto recurso.

Por otro lado, un tema a tener en cuenta es el aspecto cambiario, es decir, en qué están nominados los contratos y que no estén sujetos al riesgo cambiario. Un ejemplo es el modelo de Colombia, que luego de una primera experiencia (fallida), dio señales claras a la inversión para blindar el riesgo cambiario.

Otro punto a resaltar es la valoración de la figura del desarrollador. Acá ha habido problemas en muchos de los llamados de Latinoamérica, donde se exigen garantías de cumplimiento de oferta que un desarrollador no las puede cumplir.

Muchas veces se piensa que los que van a invertir son empresas del estilo de estructura de capital de las petroleras pero en las renovables no sucede eso.

Primero se mete el desarrollador, luego vienen los grandes holdings y ahí se empiezan a formar fusiones y adquisiciones de paquetes de inversión. Pero no es el gran holding el que da el puntapié en estos proyectos. La figura del desarrollador tiene un alto valor.

También se debe tener en cuenta que la lógica del mercado de las energías renovables está basada en una estructuración financiera que logre un bajo costo del capital ponderado, con créditos de largo plazo. Ese es un elemento fundamental.

Finalmente, la cantidad de ofertas que se presenten a una licitación son el medidor de cuan viable es el llamado, ya que son los agentes del mercado los que responden evaluando estos componentes.

¿Qué opinión tiene sobre los precios, muy buenos algunos, que se estuvieron dando en Latinoamérica?

En las primeras convocatorias suele haber elementos a ajustar, que con el paso del tiempo se alcanzan.

En mi experiencia dentro del desarrollo del mercado uruguayo, en los primeros llamados hubo elementos que no estaban bien diseñados y tuvimos que ir ajustando hasta que logramos un proceso exitoso, interpretando lo que la inversión de renovables requería.

Uruguay, Brasil y Chile fueron las primeras experiencias en subastas de energías renovables. Después se suma Argentina con un abordaje muy interesante, tratando de sortear barreras específicas; también México que logra internalizar todos los aspectos que requiere el mercado dando una propuesta que es bien valorada; luego Colombia hace un primer intento, pero con el segundo alcanza un proceso sólido de incorporación de renovables.

Fuente: OLADE-GWEC

Todos los países que han logrado buenos precios y numerosos proyectos han sabido resolver los aspectos fundamentales que necesita el mercado. También tiene que ver con la disponibilidad de recurso que hay en Latinoamérica.

Los precios que han alcanzado Chile y México en energía solar mucho han tenido que ver la capacidad de recurso que poseen en ciertas zonas, que es envidiable. Algo parecido sucede en la Patagonia Argentina respecto a vientos.

El recurso que se encuentra en ciertas regiones de Latinoamérica genera una baja en el precio. No es lo mismo estar generando en el sur de Argentina, donde se ha registrado un factor de planta que en algunos casos asciende al 60%, que en sitios de Europa donde algunas centrales no llegan al 20%.

El mapa refleja la densidad de potencia eólica (W/m2) en la región latinoamericana y denota los lugares donde existe la mayor densidad. Esta a su vez es directamente proporcional al potencial de energía eléctrica que se puede generar

¿Qué rol están jugando las entidades financieras en las subastas y cómo impacta que algunos contratos sean en pesos y otros en dólares?

Hay que tener presente que los mecanismos de inversión de las energías renovables están muy asociados a la inversión en instrumentos financieros de largo plazo.

Cualquier Project Finance asociado a un proyecto eólico emite deuda a largo plazo que puede ser captada por inversores institucionales a lo largo de todo el mundo.

Si esa deuda emitida tiene una calidad de crédito aceptable, los fondos de pensión como los de Europa o Estados Unidos invierten el dinero a una tasa altamente conveniente para ese proyecto.

En el caso de nuestra región, la banca multilateral es la que está apalancando gran parte de los proyectos de energías renovables.

Pero hay que tener en cuenta el rol que empiezan a tener los bancos locales, que pueden verse interesados en sumarse a este tipo de negocios. Pero esto se está viendo de forma paulatina.

En ese sentido, se puede dar el caso de Colombia que fue favorecido por entrar un poco tarde en el proceso de subasta y se aprovechó de la curva de aprendizaje de otros países de la región.

En Colombia la nominación de los contratos es en pesos y la banca local parece que tomará un compromiso mayor que en otros países. Más allá del aprendizaje de otros mercados, es verdad que allí el sistema financiero local está muy presente en el sector de energía, lo cual ayuda muchísimo.

Pero no es lo mismo Colombia que hizo la subasta el año pasado en comparación, por ejemplo, con Uruguay, que empezó del 2007-2008, cuando todavía en la región se estaban dando los primeros pasos y dónde era muy difícil salir al mercado con contratos en moneda local.

En algunos países empieza a tomar mayor relevancia el mercado bilateral de contratos, mediante distintos esquemas (muchos de ellos promovidos por el propio Estado) en lugar de las subastas estatales. ¿Qué opinión tiene al respecto?

Esto depende del nivel de desarrollo y de apertura de los mercados eléctrico, y cada país tiene una estructura completamente diferente.

Los países que han alcanzado un estadio superior en su mercado se están moviendo a contratos entre privados, que es el mecanismo para el mayor escalamiento de las energías renovables en nuestra región, donde el mercado ya debe ser grande en volumen de empresas que están operando.

Pero antes de ese paso, en un principio, tiene que haber un impulso de las energías renovables que generalmente comienza con licitaciones públicas que involucran agentes del mercado privado.

Hay algunos países en la región que ya están en ese desarrollo de mercados entre privados y es lo que se viene a futuro, tanto a nivel de gran escala como de micro escala también. Hay que pensar que la generación distribuida eólica está presente y se puede incorporar en los modelos de negocios y las empresas.

Alfonso Blanco Bonilla, secretario ejecutivo de OLADE

En general, ¿Qué oportunidades y barreras identifica para el mercado eólico en Latinoamérica para los próximos años?

Lo que hace al escenario futuro no puede estar ajeno a la situación actual de la pandemia global, que está afectando absolutamente todo, tanto los mercados energéticos en toda su dimensión como cambios en las actividades de consumo.

Mi análisis de lo que se viene sobre las renovables tiene dos aspectos. Primero, una visión positiva, porque creo que esta pandemia de alguna forma también va a tener un efecto de concientización desde el punto de vista del cambio climático y las renovables como herramienta efectiva para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

Creo que, conjuntamente a lo que es esta crisis sanitaria, va a haber de alguna manera un repensar de la humanidad y en eso va a estar incluido el cambio climático y el desarrollo de las energías renovables.

Sin embargo también hay que ver los aspectos coyunturales. Nos vamos a encontrar con precios bajos del petróleo que se va a mantener a mediano plazo. Eso también representa una competencia importante para lo que es la nueva capacidad instalada.

Hay que tener presente que los países, cuando incorporan capacidad, aún siguen priorizando precios.

Hoy presenciamos una curva descendente de precios de las energías renovables pero también de los hidrocarburos. La capacidad instalada en energía fósil tiene menor costo de inversión inicial y no involucra generalmente contratos a largo plazo como las renovables. Todo eso va a tener un efecto sobre el mercado.

Otro aspecto a tener en cuenta es que el negocio de las renovables está basado en el costo del capital. Si tenemos que los mercados emergentes van a tener una un costo de financiamiento por riesgo país posiblemente más elevado, eso también va a impactar sobre nuevos proyectos de energías renovables.

Otro punto es la caída en la curva de demanda, que eso también puede tener un impacto en el desarrollo de fuentes de energías renovables, porque si se modifican las curvas de demanda eso también va impactar en los planes de desarrollo.

Previo a la pandemia, en 2019, las estimaciones de GWEC para el escenario BAU sitúan la potencia eólica instalada en 2030 en 70GW en Latinoamérica, representando un 12% de la capacidad eléctrica total instalada

Para superar estas barreras tenemos que empezar a ver cómo trabajar en el mediano plazo. Cada país va a tener que plantear una estrategia específica para contemplar estos aspectos y blindar a las renovables ante este tipo de riesgo.