De Smet Contractors es una empresa de origen belga que ya hace más de 15 años que está trabajando en Argentina. “Desarrolla todo tipo de proyectos de energías renovables, especialmente biomasa, bioetanol, biodiesel”, cuenta Martin Carbonell, Sales Manager de De Smet en Sudamérica.

En Argentina, De Smet Contractors está desarrollando 29 MW de biomasa de los 166,5 MW adjudicados durante el Programa RenovAr, es decir, casi un 20% de los proyectos.

En una entrevista para Energía Estratégica, Carbonell brinda precisiones sobre la carpeta de proyectos que tiene la empresa y las expectativas que tienen para el año próximo.

¿Qué tipo de desarrollos han llevado a cabo en Argentina?

En Argentina, nuestro primer gran proyecto fue una planta de bioetanol de maíz en Villa María, que incluye recuperación de aceite de maíz y CO2.

¿Qué cantidad de proyectos tienen en carpeta para su desarrollo?

Para biomasa hemos desarrollado ingeniería por un total de 29 MW en Argentina (en el mundo superamos los 100 MW).

Para bioetanol, tenemos un proyecto en ejecución; otros 2 proyectos en estudio en Argentina; y dos proyectos en estudio en Bolivia y Paraguay.

Además, en Paraguay estamos planificando la construcción de una planta de biodiesel.

¿Los 29 MW de biomasa fueron desarrollados en el marco del Programa RenovAr?

Sí. 23 MW para el Renovar 2, en donde hemos desarrollado la Ingeniería Conceptual, y 6 MW para el Renovar 3, para la elaboración de la oferta Técnica. Los proyectos están adjudicados y esperamos llevar a cabo la construcción.

¿Qué virtudes y defectos señalaría sobre el Programa RenovAr con respecto al desarrollo de proyectos de bioenergías?

En cuanto a virtudes, el plan cuenta con buenas garantías y contratos PPA a largo plazo que permiten una buena planificación a la hora de evaluar los proyectos.

Además el programa ha demostrado un buen nivel de transparencia en cada una de las subastas.

Pero como defectos se puede señalar que aún queda espacio para mejorar la claridad de los pliegos para facilitar la presentación de las ofertas técnicas.

Hemos notado, por ejemplo, que no hay una buena diferenciación entre lo que es un proyecto solar, eólico y de biomasa.

Además, queda mucho por hacer y los planes requieren manejar mucho mayor volumen de proyectos para poder cumplir el compromiso del 20% renovable al 2025 de la ley 27.191.

Hoy representan un 8% de la generación instalada en la red SADI (sin considerar la hidroeléctrica).

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¿Por qué es importante que un país como Argentina ponga en acento en el desarrollo de proyectos de bioenergías?

Lamentablemente la Argentina sigue teniendo una matriz energética muy dependiente de los fósiles. En línea con el compromiso asumido en el acuerdo de París, las bioenergías son una de las formas de energías renovables que van a permitir reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

El problema no debe atacarse solamente mediante instalación de potencia solar y eólica ya que las bioenergías cuentan con un plus, muchas veces olvidado o ignorado, y es su capacidad de garantizar potencia y de esta forma estabilidad a la red.

Adicionalmente hay que tener en cuenta que la Argentina, por su extenso territorio y diversidad, tiene un recurso biomásico muy superior al promedio de los demás países (además de recurso forestal tenemos enorme cantidad de desechos de actividades agroindustriales, por ejemplo, cáscara de maní, estiércol animal, efluentes industriales, etc). Visto el potencial, sería un desperdicio no dar un marco de fomento a las bioenergías.

En una entrevista para Energía Estratégica, Esteban Kiper, uno de los asesores del candidato presidencial Alberto Fernández, sostuvo que hay lugar para el desarrollo de las bioenergías pero en aquellas que tiendan al tratamiento de residuos, no tanto al cultivo energético. ¿Qué opinión le merece esa idea?

No descartaríamos ninguna forma de bioenergía. Sin embargo, el concepto de “cultivo energético” es muy abarcativo… en esa categoría podemos tener un eucaliptus de rotación corta, maíz grano para producción de etanol combustible, y hasta rastrojo de maíz como co-sustrato utilizado para producir biogás.

Sin dudas que la valorización de un residuo (domiciliario / agroindustrial), para la producción de energía, es otra forma que hay que fomentar tanto por su beneficio energético como por su doble beneficio ambiental (desplazamiento de generación fósil y valorización del efluente).

¿Considera que con el desarrollo de proyectos de tratamiento de residuos alcanza para que el mercado bioenergético continúe creciendo en el 2020?

No sería suficiente.