Al visitar hogares de familiares o amigos, se hace recurrente observar televisores o computadoras encendidas sin que sean utilizadas, luces prendidas en habitaciones inhabitadas, al igual que calefactores o aires acondicionados en funcionamiento innecesariamente. Para el especialista Guido Riveros se trata de un abuso constante permitido por las enormes subvenciones que el estado argentino destina a las tarifas, provocando que los usuarios se encuentren con los importes a pagar más bajos de toda la región sudamericana.

A saber, “mientras en Argentina se facturan cerca de u$s 7 cada 100 KWh, el precio de la electricidad en Chile es del doble y cerca del triple en Brasil y Uruguay”, calculó la consultora Federico Muñoz y Asociados, teniendo en cuenta que en Chile se paga u$s 15 por 100 KWh; en Brasil u$s 20,8 y en Uruguay u$s 21,3 por el mismo concepto.

En cuanto al gas, la tarifa vecina más baja es la de Chile, que supera a la argentina en casi seis veces. En nuestro país se paga en promedio u$s 0,20 por m3 de gas, en Chile se destina u$s 1,17, en Uruguay u$s 1,46 y en Brasil u$s 1,7.

Estos datos habilitan a Riveros a afirmar que para evitar consumos innecesarios la primera medida que hay que tomar es sincerar los costos. “Por lo pronto la mejor forma de concientizar a la gente es a través del bolsillo. La gente piensa con el bolsillo, después viene el tema de la concientización, pero eso es una cosa que nace con el tiempo, con el amor y con el convencimiento”, observa la eminencia.

Por otra parte, destaca que el hecho de dejar de destinar dinero a contener los precios tarifarios alentaría a desarrollar otro tipo de fuentes alternativas de energía, como la solar y la eólica, ya que los equipos a colocar podrían amortizarse con más facilidad frente a tarifas más feroces y también se alentarían criterios de construcción sustentables.

¿Actualmente quién puede hacer un diseño adecuado eficientemente si la energía no vale nada?”, se pregunta Riveros. “Es muy barato conectar equipos de aire acondicionados o estufas a gas y usarlas ineficientemente si las tarifas están tan subsidiadas”, contempla y se lamenta: “Hay profesionales que construyen sabiendo muy bien qué es la edificación sustentable pero hacen edificios de esa forma porque económicamente les es más conveniente, sin pensar por supuesto en la destrucción del planeta”.