De acuerdo a los datos arrojados desde la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico S.A. (CAMESSA) en julio el consumo de combustibles fósiles para generación de electricidad evolucionó en positivo en las variedades fuel- oil  (17,29%) y gas natural (0,49%). En la utilización de gasoil y carbón reflejó bajas del 4,62 por ciento y 19,6 por ciento respectivamente.

Las importaciones de productos ligados al sector hidrocarburífero crecieron en un 36 por ciento comparado con el mismo período de 2013, lo cual requirió de una inversión de más de 7.300 millones de dólares, según el Balance Cambiario del Banco Central.

De acuerdo con el informe las medidas restrictivas impuestas sobre las compras en el extranjero habrían generado la disminución evidente de las importaciones para casi todos los rubros: industria automotriz, química, caucho y plástico, maquinarias y equipos.

Sin embargo, el sector energético pasó a ser la excepción que confirma la regla: las compras en combustibles fósiles suman ya la cuarta parte de las importaciones totales del país y se instalaron como todo un récord, dentro del contexto recesivo.

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Sin dudas, el gas natural, por su gran peso en la matriz, es el principal causante de la salida de divisas: representó casi un 60 por ciento de las adquisiciones energéticas.

En este escenario, especialistas sostienen que la situación es tan preocupante como insostenible en el tiempo; no sólo por  el impacto económico, sino también por el deterioro ambiental que representa la producción eléctrica tradicional.

Si bien la implementación de tecnologías en energías renovables requieren de mayor capital al inicio de sus actividades en el largo plazo garantizan una producción limpia, continua e inagotable.

En contraposición a esto, las centrales térmicas de ciclo combinado (por ejemplo), que suelen ser más baratas de construir, insumen un gasto similar a la inversión inicial en combustibles en apenas un año de vida útil.