Más allá de las implicancias desde el punto de vista energético que puede tener una nueva demora en iniciar la construcción del proyecto Chihuido I ([1]), que para el sistema eléctrico interconectado nacional aportará una potencia hidráulica de 637 megavatios, existen otras tan o más serias que tienen que ver con la protección de las poblaciones e infraestructura existente en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén frente a la ocurrencia de las enormes crecidas extraordinarias del río Neuquén ([2]).

El río Neuquén tiene un régimen de aporte pluvionival, su módulo es de 300 m3/s y resulta uno de los principales tributarios del río Negro. Durante mayo a agosto se generan importantes crecidas de rápida respuesta y las de mayor caudal pico se presentan generalmente en el período preinvernal, época cuando aún las temperaturas reinantes impiden que la precipitación nival quede totalmente almacenada en alta montaña.

En cuanto a eventos hidrológicos extraordinarios, puede afirmarse que en varias oportunidades durante el último siglo las máximas crecidas han alcanzado o superado un caudal de 5.000 m3/s llegando a superar los 10.000 m3/s en julio de 2006 (se supone es el máximo evento histórico ya que habría superado a la gran crecida de julio de 1899).

La influencia del Cambio Climático en este sistema hídrico ([3]) se comenzó a evidenciar cerca del año 1980 con incremento de la precipitación invernal y el continuo ascenso de la línea de nieve en alta montaña que exacerba la potencialidad de las grandes crecidas. El contraste entre los picos de crecida extraordinarios y los de estiajes más pronunciados, con caudales cercanos a   30 m3/s, muestra la gran variabilidad del régimen hidrológico de esta cuenca y la complejidad para su manejo hidráulico desde el punto de vista de la seguridad de las poblaciones.

En septiembre del año 1994 el autor, en ocasión de realizarse un evento técnico nacional de la especialidad, alertó sobre la disminución del grado de seguridad que presenta la obra cabecera del aprovechamiento hidráulico Cerros Colorados frente a la ocurrencia de crecidas extraordinarias del río Neuquén ([4]). La respuesta desde ámbitos oficiales fue que con la construcción del aprovechamiento hidráulico multipropósito Chihuido, a emplazar a aproximadamente 80 km aguas arriba del dique de Portezuelo Grande (ver Figura 1), se iba a lograr la necesaria capacidad de control de las crecidas del río para la adecuada protección de la infraestructura y poblaciones de aguas abajo.

Es así que entre los argumentos esgrimidos en favor del proyecto Chihuido se expresara oficialmente que la obra permitirá regular el caudal del río Neuquén y controlar las crecidas extraordinarias e inundaciones que se producen aguas abajo. Se continuaba mencionando que, de este modo, se evitarán tanto pérdidas de vidas y bienes, además de ofrecer mayor seguridad a los 700.000 habitantes que pueblan el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, así como el riesgo de rotura del dique de Portezuelo Grande ante la presencia de eventos hidrológicos excepcionales, evitando la destrucción de toda la estructura productiva de los valles irrigados.

([1])   El autor se especializó en Seguridad Hidrológica de Presas y Emergencias Hídricas.

([2])   Información periodística aparecida el 30-06-2015 hace mención a que el aprovechamiento hidroeléctrico Chihuido I a construir sobre el río Neuquén no se iniciará en el presente año porque el Banco para el Desarrollo y Asuntos Económicos Exteriores de Rusia, a cargo de la financiación del 85% del proyecto, exige garantías que demorarán el comienzo de los trabajos.

([3])  En lengua mapuche el vocablo “neuquen” significa “impetuoso”, los nativos de esa región no tuvieron mejor forma para denominarlo.

([4])   Cambio Climático: “Tendencias registradas en varios ríos con centrales hidroeléctricas en operación”, Devoto, Gustavo A., junio de 2015 (inédito).

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Figura 1: esquema de ubicación de la infraestructura hidráulica y poblaciones de aguas abajo

Fundamentación

Para el diseño original de los vertederos de la estructura de derivación y de la presa frontal sobre el río Neuquén, ubicadas en el paraje Portezuelo Grande, que constituyen las obras de cabecera del aprovechamiento hidroeléctrico Cerros Colorados, y desde donde se deriva el caudal que trae el río hacia los embalses Los Barreales y Mari Menuco, en la década del ’60 del siglo pasado se seleccionó una crecida con un caudal máximo medio diario de 9.000 m3/s al que, mediante un análisis estadístico, se le asignó una recurrencia de 5.200 años.

A partir de ese caudal se infirió que el caudal máximo instantáneo de la misma podría ser de 11.500 m3/s, valor adoptado finalmente como crecida de proyecto.

Transcurridos cerca de 50 años desde entonces y en ocasión de una revisión del diseño de la presa Chihuido I, en el año 2008 se oficializaron de vertederos una recurrencia cercana a 5.000 años sería opinable por las consecuencias para la región de aguas abajo en caso de colapso de esa obra.

Es dable mencionar que en la etapa inicial del proyecto de la presa Chihuido I, allá por la década del ’80, entonces a cargo de la ex agencia estatal Agua y Energía Eléctrica, se estimó la Crecida Máxima Probable (CMP) con un caudal máximo de 17.940 m3/s. Dada la ocurrencia de la crecida excepcional del año 2006 la autoridad competente decidió revisar los análisis hidrológicos existentes, razón por la cual se procedió a estimar nuevamente tal crecida extrema.

Para ello se maximizó la tormenta que ocasionó esa crecida en conjunción con otra tormenta severa que generó una importante crecida en el año 1991. Como resultado de ello, para la nueva estimación de la CMP se obtuvo un caudal máximo de 25.070 m3/s, es decir un valor 40 % mayor respecto del estimado con anterioridad, el que fue adoptado oficialmente para esta cuenca.

 

Reflexión final

Querer pronosticar cómo se comportará la Naturaleza en el futuro cercano es una tarea inútil, nunca acertaremos con cierto grado de certidumbre. Como hay que seguir avanzando en el desarrollo de las comunidades mediante obras de infraestructura que promuevan su bienestar, los técnicos recurrimos a desarrollos científicos reconocidos y a las pautas de diseño aceptadas en el concierto internacional por la comunidad especializada.

Tales pautas indican que, en la actualidad, una presa que entrañe alto riesgo para las poblaciones del área de su influencia debe ser capaz de controlar el caudal pico resultante de la CMP en condiciones seguras. Para el río Neuquén, como ya se mencionó, este caudal fue asumido como evento máximo de la cuenca, entonces como la capacidad de la presa Portezuelo Grande es muy inferior al de dicho caudal, de ocurrir un evento de tal magnitud ésta colapsará inexorablemente, con las consecuencias imaginables para la infraestructura y poblaciones ubicadas aguas abajo.

La realidad es que a la fecha no hay perspectivas ciertas de cuando se iniciarán las tareas relacionadas con la construcción de Chihuido I, de modo que sigue vigente lo que el autor alertó hace poco más de dos décadas.

Es de esperar que, cuando se deban establecer las prioridades de inversión en infraestructura, alguna vez los decisores políticos tengan en cuenta la opinión de los técnicos.

([5])   Documento citado: “Necesidad de adecuar la actual capacidad para control de crecidas del río Neuquén”, Malinow Guillermo V., Tercer Seminario Argentino de Grandes Presas, Salto Grande, Entre Ríos, 1994.

([6]) Disposición Nº 4120/08 de la Autoridad Interjurisdiccional de las Cuencas de los Ríos Limay, Neuquén y Negro, Cipolletti, Río Negro, 2008.

([7]) Típico caso de incertidumbre en la estimación de eventos extremos.