Ayer temprano Latinoamérica despertó con la noticia que finalmente tropas rusas invadieron Ucrania. En consecuencia, los mercados se desplomaron y commodities se dispararon, como el caso del barril de crudo Brent que superó los 100 dólares. Los futuros de gas en Europa para el mes de marzo subieron un 60%, y el GNL alcanzó los 46 dólares por millón de BTU.

En diálogo con Energía Estratégica, César Vásquez Hormazábal, experto del mercado energético, explica que estos sobresaltos en los precios son evidentes considerando que Rusia es uno de los principales productores y exportadores de hidrocarburos del mundo.

Ahora bien, ¿qué produce este fenómeno en Latinoamérica? “El impacto inmediato en las empresas de energía -tanto renovables como en general- es que en los mercados donde hay señal de precios marginalistas -como es el caso de Chile-, el valor de la energía del mercado mayorista, que va en línea con los commodities energéticos, va a subir, lo que va a beneficiar a los vendedores del mercado mayorista pero perjudica a los que la compran”, observa como primer punto.

Pero Vásquez indica que al mediano plazo, si el conflicto se agudiza, asistiríamos a otros inconvenientes, como el alza en el costo de la logística de embarques con consecuencias directas en las inversiones de parques eólicos y solares. Recuerda que a principios de mes ya se registraba un alza de hasta un 25% en los fletes en el norte de Europa y el Báltico. Sin dudas, de continuar esta disputa, los costos aumentarán.

Otra cuestión tiene que ver con la suba de precios de la energía en Europa. El experto recuerda que el continente no se ha podido recuperar del todo de los valores máximos históricos que alcanzó la energía cuando se desató la pandemia. Y ahora, el nuevo conflicto con Rusia, principal exportadora de gas natural y líder mundial de la producción de petróleo, podría generar nuevos máximos que haga que se vuelva a discutir sobre la relevancia de la independencia energética de los países.

“Si en el mediano plazo el conflicto se mantiene, los países podrían avanzar nuevamente sobre el desarrollo de energía nuclear, que ahora es denominada como ‘verde’ por la Comisión Europea, y quizá, en paralelo, podría haber otro auge de las energías renovables, que estaban un poco estancadas por la detención de la entrega de subsidios”, analiza Vásquez.

En efecto, si hubiera un nuevo boom de energías renovables en ese continente, esta demanda subiría el precio de los paneles solares y los aerogeneradores, afectando a los desarrolladores latinoamericanos.

Como último aspecto, Vásquez advierte sobre el tipo de cambio. “Producto del conflicto, algunas monedas se han devaluado y eso afecta en el precio de la energía. Si Estados Unidos no se mantiene pasivo y actúa, podría haber mayor devaluación de las monedas e inflación, que es el principal indexador del precio de las energías renovables en las subastas de energía”, observa.

Explica que como la mayoría de los mercados latinoamericanos tienen como señal al dólar, los precios de la energía se transan en esa moneda pero se les cobra al usuarios final en moneda local. De haber devaluación, habría un aumento en las tarifas eléctricas.