Fin del misterio. Joe Biden será el nuevo presidente de los Estados Unidos a partir del 20 de enero de 2021. Incluso si no fuera reelecto, serán cuatro años de mandato. Cuatro años en el mundo de hoy es una eternidad. Serán cuatro años donde la ciencia del cambio climático alimentará las decisiones del presidente del país más poderoso del mundo.

No estará sólo. Joe Biden llega en un momento donde el resto de las economías más importantes del mundo han manifestado abiertamente su voluntad de actuar para prevenir las peores consecuencias del cambio climático – o crisis climática, como cada vez más se la caracteriza.

Independientemente del apoyo que pueda conseguir del Congreso de Estados Unidos, su llegada tendrá consecuencias dramáticas en la economía mundial, incluyendo Latinoamérica. Esas consecuencias serán particularmente importantes en el sector de la energía renovable.

La vuelta al multilateralismo y una renovada búsqueda de Estados Unidos por recuperar el liderazgo mundial

Trump anunció el 1ro de junio de 2017 que dejaría el Acuerdo de París. ¿Qué tenía el Acuerdo de París que motivó a Trump a dejarlo? Difícil saberlo, ya que se trata de un acuerdo donde cada país fija sus propias metas de reducción de emisiones y sólo se compromete a reportar sobre las mismas.

Desde la fecha del anuncio de Trump, 38 países más se unieron al acuerdo. Sin embargo, el 4 de noviembre de 2020 Trump cumplió con su promesa y Estados Unidos dejó oficialmente el acuerdo. Hoy se encuentra en una lista junto con otros siete países que no lo han ratificado (Eritrea, Irán, Libia, Turquía, Sudan del Sur, Irak y Yemen).

Pero cinco días después de su salida oficial, cuando Associated Press ya había declarado ganadora a la fórmula Biden-Harris, el equipo de campaña de Biden lanzó la página web “Transición de Gobierno”. En ella dejan en claro al pueblo estadounidense (y al mundo) cuáles serán las primeras acciones que tomará Biden cuando asuma el mando el próximo 20 de enero.

Una de ellas será volver atrás la decisión de su antecesor con respecto al Acuerdo de París. Un giro de 180 grados con respecto a la política anterior. Ello ocurrirá sin consultar al Congreso. Para esta primera decisión no necesita hacerlo.

Con Estados Unidos formando parte del renovado consenso, el cambio climático se convertirá nuevamente en un tema prioritario de política internacional. Ello ocurrirá en sintonía con lo que podría convertirse en una de las reuniones más importantes sobre cambio climático de la historia: la COP 26 (COP es por “Conferencia de las Partes” que han ratificado el Acuerdo de París). El Reino Unido será el anfitrión en noviembre de 2021.

Justamente el Reino Unido, uno de los países que, junto con Corea del Sur, Nueva Zelanda, la Unión Europea y Japón, se han comprometido a ser carbono neutral en 2050 (carbono neutral se refiere a que las emisiones de gases de efecto invernadero en el país sean balanceadas con absorciones equivalentes de CO2 de la atmósfera).

China, la más reciente en ingresar al “club de carbono neutral” se ha comprometido para 2060. Con Estados Unidos nuevamente sentado en la mesa, es probable que se cree una sana competencia para liderar los compromisos de reducción de emisiones. También es probable que haya mayores presiones sobre los países que los líderes consideren no han mostrado ambiciones suficientes, incluyendo algunos países de Latinoamérica.

Cambio climático y energía renovable

Ante una mayor presión para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, los países tendrán que esforzarse para planear cómo cumplir sus metas. Si bien cada país tiene sus particularidades, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), muestra que la generación eléctrica es responsable de aproximadamente el 25% de las emisiones a nivel global.

Aproximadamente otro 24% corresponde a agricultura y ganadería, un 21% a industria, un 14% a transporte, un 6% a edificaciones y el 10% restante a otros sectores.

El sector eléctrico es el de mayor participación de emisiones a nivel global, principalmente impulsada por la generación eléctrica con combustibles fósiles (principalmente carbón, pero también gas).

La generación con carbón tiene una intensidad de emisiones que es aproximadamente el doble que la generación con gas. Por cada MWh generado con carbón se emite aproximadamente una tonelada de CO2.

Con gas es aproximadamente la mitad. Pero si bien el sector eléctrico es el de mayor participación en las emisiones, es también el más fácil para mitigar, porque es justamente donde se han logrado los mayores avances tecnológicos.

En otras aplicaciones de combustibles fósiles como aviación, transporte marítimo, transporte de larga distancia, fabricación de cemento o de acero, resulta mucho más costoso evitar las emisiones. Ya muchos países habían dado pasos para crear marcos jurídicos y regulatorios que permitan la entrada de las nuevas tecnologías renovables en la matriz eléctrica, especialmente la solar y la eólica.

Entre ambas, su participación es aún baja: menor al 10% de la generación eléctrica a nivel mundial de acuerdo a la Agencia de Energía Internacional. A medida que la presión para reducir las emisiones vaya en aumento, muchos países verán que la alternativa más económica que tienen a su alcance es acelerar el crecimiento de las renovables.