Con 2,3 GW renovables en Latam, Ventus avanza en la construcción de 550 MW solares en Colombia

A pesar de que las regulaciones suelen ir por detrás de los avances tecnológicos, la compañía de ingeniería y construcción civil dedicada a proyectos de energía limpia e infraestructura, no se detiene y sigue apostando en la región con la energía fotovoltaica como principal aliada.


Gabriela Francovigh

Por

gabriela.francovigh@energiaestrategica.com

En Colombia, un país donde la matriz es principalmente hidroeléctrica, eventos climáticos como el fenómeno de El Niño y la creciente demanda de energía a nivel nacional hacen crecer el interés de los inversores por desarrollar proyectos renovables.

Tecnologías como la solar y la eólica acompañadas de sistemas de almacenamiento se convierten en las aliadas más prometedoras para garantizar el suministro confiable y evitar racionamientos de energía.

Bajo esta premisa, Oscar Ferreño, director de Ventus, empresa líder en la construcción de proyectos renovables reveló el volumen de su portafolio en Latinoamérica y su gran presencia en Colombia, en el marco de una jornada regulatoria y técnica organizada por SER Colombia y Mundo Electrico (ver transmisión).

“Ya instalamos 2300 MW tanto en eólicos como solares en Latam y estamos construyendo 550 MW fotovoltaicos en Colombia. Allí, tenemos acuerdos para trabajar con grandes empresas como Celsia y Ecopetrol en muchos proyectos de diversas escalas tanto de autoconsumo como utility en todas las geografías del país. Si bien abarcamos todos los segmentos, últimamente nos estamos enfocando en los más grandes”, destacó.

A pesar del potencial de crecimiento del mercado, el experto señaló que Colombia enfrenta desafíos que deben superarse para la concreción de dichos proyectos.

Según Ferreño, si bien tiene un “futuro brillante” para convertirse en un catalizador de energías renovables, se debe planificar un seguimiento detallado de “cómo se va a avanzar”.

“Para lograr las metas proyectadas, es importante contar con estabilidad en la regulación: que no haya cambios sobre la marcha que signifiquen barreras imprevistas. También, hace falta una depuración de los puestos de conexión. Muchos desarrolladores solicitan puntos que luego no se realizan. Esto impide el ingreso de nuevas redes”, afirmó.

Y agregó: “Una planta solar debería llevar entre 9 y 12 meses de ejecución dependiendo de la complejidad del terreno e independientemente del tamaño. Si se producen demoras, el aumento de costos para el epecista puede ser nefasto”.

En este sentido, explicó que el reto más grande del epecista es lograr en el tiempo comprometido, la ejecución de la obra de la forma más económica y eficiente posible. 

Para ello, hizo hincapié en la importancia de tener un rol integral y experiencia internacional que permita un “win-win” entre el constructor y el dueño de la planta.

“Hay que diferenciar el rol del inversionista con el epecista: el primero es quien pone el dinero y el segundo es el que le da vida a la planta. Cuanto más experiencia tenga el epecista mejor saldrá el proyecto. En Colombia también es muy importante que mantenga muy buena relación con las comunidades y con la gobernanza”, advirtió. 

Tendencias del mercado

En tanto a los productos más demandados de la región,  Ferreño señaló que la tendencia se inclina más hacia plantas con seguidores solares en lugar de paneles fijos. El objetivo es que la incidencia del sol sea lo más perpendicular posible al panel.

Además, explicó que los software para diseño y movimiento de suelo y los drones para ver el avance de obra son herramientas que se han incorporado exitosamente al permitir una mejor planificación de riesgo.

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